La crisis cubana, las consignas y los expertos

La crisis cubana, las consignas y los expertos

Como si no bastaran seis décadas de racionamientos y fracasos, los dirigentes del castrismo continúan con su retórica gastada y sus planes a largo plazo

Cuba Díaz-canel consignas escasez crisis
Díaz-Canel en acto del régimen. Mayo 2019 (Estudios Revolución)

GUANTÁNAMO, Cuba. – Como si no bastaran seis décadas de racionamientos y fracasos de todo tipo, hieráticos ante el incontenible éxodo que, unido a la baja tasa de fecundidad de las cubanas y al continúo envejecimiento de la población, conforma una visión nada halagüeña de nuestro futuro, los más altos dirigentes del castrismo continúan con su retórica desgastada y sus planes a largo plazo.

Atrincherados ante la nueva coyuntura —siempre hay alguna—, provocada esta vez por la aplicación del título III de la Ley Helms-Burton, han ordenado la realización de actos de protesta contra la misma, recordándonos las tribunas antimperialistas que desde finales de la década de los noventa del pasado siglo y hasta bien entrada la primera de éste se realizaron en todo el país.

En medio de la crisis social, económica, alimenticia y migratoria en que vivimos, la prensa oficialista no ha hecho mención alguna a lo dicho recientemente por el señor Alberto Navarro, embajador de la Unión Europea en La Habana, en el sentido de que el actual estado del conflicto entre nuestro país y los EE.UU. es una buena oportunidad para que el gobierno cubano aplique una política más liberal con respecto a las inversiones enfatizando en un hecho indubitable: ningún país se desarrolla gracias a la solidaridad o las ayudas económicas.

Quizás las palabras del señor Navarro no fueron bien recibidas por la gerontocracia castrista y sus testaferros, aunque contengan una verdad irrebatible, demostrada no sólo por las políticas económicas adoptadas por otras dictaduras como la República Popular China y Vietnam, sino también por varias economías emergentes apartadas del totalitarismo. Quizás no fueron bien recibidas por las mismas razones por las cuales los jerarcas cubanos se han desentendido de las opiniones de decenas de expertos y políticos para que hagan cambios trascendentes a un sistema ineficaz, algo reconocido hasta por Fidel Castro.

Desde hace mucho tiempo nuestra economía está concebida para la mera subsistencia y no hay ningún indicio que nos permita pensar que el castrismo está decidido a traspasar esos estrechos límites, pues contribuiría a quebrantar el férreo control que aún mantiene sobre la sociedad, aunque también a aumentar el bienestar del pueblo, pero este no les importa.

Parece que algunos dirigentes creen que quienes los escuchamos somos incapaces de pensar. Refiriéndose a las nuevas medidas de control aplicadas a la venta de “productos liberados” pero “controlados” —¿de qué liberalización puede hablarse ante esas medidas?— la Ministra de Comercio Interior, señora Betsy Díaz Velázquez, aseguró ante la televisión nacional, al participar en la sesión del Consejo de Ministros realizada el pasado martes 28 de mayo, que se había detectado que el arroz que el gobierno vende a $4.00 pesos CUP se estaba revendiendo a $10.00 CUP, y que lo mismo estaba pasando con la carne de cerdo. También ocurre con otros productos. Nadie habla en esas reuniones de lo que se hace para revertir una situación de larga data, sencillamente porque no pueden acabar con ella de raíz, porque esos actos de corrupción proceden de una cadena que en modo alguno comienza en las administraciones de una simple tienda. La “prensa objetiva y revolucionaria” jamás la ha investigado a fondo. La ministra afirmó que se había garantizado la entrega de 10 libras de carne de cerdo por habitante, pero luego su intervención no apareció en ningún sitio de la prensa oficialista. Evidentemente fue un error.

En Guantánamo las personas hacen colas para comprar “algo” apenas oyen el rumor sobre la posible venta de un producto, porque lejos de adoptar medidas que contrarresten eficazmente el fenómeno del desabastecimiento, las autoridades continúan apostando por el “control” de las ventas de muchos productos básicos. Esa es una de las causas del acaparamiento y las reventas en el mercado ilegal.

En esta provincia, la de menor salario promedio del país ($633.00 CUP, unos 25.32 pesos CUC) una libra de bistec de cerdo alcanza la cifra de $40.00 CUP, un paquete de espaguetis $20.00 CUP, una bolsita de leche en polvo y un cartón de huevos hasta $60.00 CUP . Se ha prohibido la venta de harina de maíz a los particulares con el pretexto de que han elevado mucho los precios. Es decir, impiden el agiotaje prohibiendo la venta del producto, algo totalmente ilógico.

Reiteradamente el Consejo de Ministros y la Asamblea Nacional del Poder Popular analizan problemas como la falta de efectividad en el cumplimiento de las inversiones, el impago de compromisos financieros internacionales que provocan tardanza en el arribo de las materias primas necesarias para la producción de alimentos, la falta de medicamentos, la situación del transporte, etc. En los debates nunca faltan las proyecciones triunfalistas que aseguran que todo será resuelto en poco tiempo, sin embargo, los problemas se reproducen cíclicamente. Hace apenas seis meses se analizó el problema del faltante de medicamentos y se aseguró que se estabilizaría la producción, pero actualmente hay más de cincuenta medicamentos importantes en falta.

Cuando Barack Obama lanzó su rama de olivo, la respuesta del castrismo fue que su intención era hacer del incipiente sector privado una quinta columna contra lo que siguen llamando revolución, olvidando el importante papel de la clase media en la economía.

Ahora que la administración del presidente Donald Trump decidió aplicar el título III de la Ley Helms-Burton, es obvio que a los problemas de larga data se sumarán los que provocará la nueva política norteña.

Si las consignas y las griterías que se reiteran en los actos convocados para protestar contra esa ley y en todos los que habitualmente se hacen en el país, fueran capaces de crear siquiera una ración de comida, creo que Cuba estaría entre los grandes productores de alimentos del mundo.

Mas, para lo único que sirven esos actos es para eludir el análisis sereno y reproducir la intolerancia. El orgullo insano del castrismo daña más que mil guerras y mil leyes como la Helms-Burton.

[fbcomments]