¡Sí quiero! Entre la ley y el amor

¡Sí quiero! Entre la ley y el amor

“Pudo haberse hecho desde hace mucho, pero en Cuba los mecanismos de participación democrática están muy limitados”

VILLA CLARA.- Cuando el río suena es porque piedras trae, pero en el caso del matrimonio igualitario en Cuba era más bien una cascada lo que retumbaba, incluso antes de que la Asamblea Nacional del Poder Popular lo tocara con tanto ahínco, como si se tratara del único asunto importante en el país.

No es menos cierto que al exponer en el artículo 68 de la nueva Constitución cubana el hecho de que dos ciudadanos con aptitud legal para ello puedan contraer matrimonio, se eliminan barreras ideológicas, tradicionales, sexuales y hasta sociales; colocando una vez más a la isla en el mapa mediático.

A pesar de que el Parlamento haya decidido aprobar este acápite, es el pueblo en donde quizás mayor debate se genere al respecto. No obstante, las opiniones de los miembros de la comunidad LGBTI en Cuba con relación a este tema, las cuales recogimos aquí, podrían ser más diversas de lo que se cree.

Tal es así que para el abogado cubano residente en Estados Unidos Jovann Silva Delgado, de 29 años, hubiese sido mejor que la regulación de cualquier asunto en la Constitución emanase del pueblo soberano y no de una comisión de 33 miembros que trabajó a puertas cerradas.

“Mi opinión y la de mis amigos más cercanos (uno heterosexual y otro homosexual) es que lo mejor hubiese sido desterrar por completo la definición de matrimonio del texto constitucional” porque no deben ser ni el Estado ni la Iglesia quienes definan esa institución y mucho menos en Cuba, donde la mayoría establece “uniones de hecho que solo formalizan por motivos prácticos: cuando uno de los miembros de la pareja va a emigrar o cuando se trata de asegurar bienes patrimoniales”.

La decisión gubernamental llega en un momento de cambios relevantes en este país, y por tanto el joven informático Abel García, de solo 22 años, considera que ha sido tomada “para estar a la altura de un escenario más político que social. Cuba no se puede quedar atrás. Con el objetivo de aparentar que somos una sociedad moderna en estos temas es que se ha incluido, pero aún queda mucho camino por recorrer para finalmente ostentar ser un país donde se aprueba el matrimonio igualitario y todo lo que este conlleva”.

Como una legislación inclusiva la califica René Farías: “Si quieren una Cuba diferente, que promueva la igualdad de los derechos y que no discrimine, entonces era esto lo que tocaba”, expuso este diseñador de 24 años. Por su parte, Jarocha Reyes cree que en “aras de que la Constitución se parezca a la sociedad cubana actual es un paso importante que ha llegado en su justo momento, aun cuando, como todo proceso, tiene tanto adversarios y detractores como personas a favor”.

“Yo sí considero necesario que todos los cubanos tengan la posibilidad de casarse y de ser sujetos de los efectos jurídicos del matrimonio. No es ético ni justo que un cónyuge de una pareja heterosexual pueda reclamar en un proceso migratorio a su esposo o esposa y que el cónyuge de una pareja homosexual no pueda hacer lo mismo porque no están casados”, expone Jovann quien además agrega la imposibilidad de los miembros de una pareja homosexual de suceder a su cónyuge en caso de que este muera intestado.

Todo este asunto del matrimonio igualitario “pudo haberse hecho desde hace mucho, pero en Cuba los mecanismos de participación democrática están muy limitados. Aquí hay que esperar por la voluntad política del gobierno para que algo cambie o evolucione y eso provoca que la justicia se dilate y se demore mucho en llegar”, sentenció el joven abogado.

A lo interno de la propia comunidad LGBTI hay opiniones divididas, según confiesa Jarocha, pedagoga de 44 años, puesto que “una inclusión por sí sola no resuelve la discriminación y los rezagos de una sociedad machista como la nuestra. Creo que no hace falta un papel para amarse, pero es bueno saber que existe la opción”.

Según las redes sociales, “la mayor parte de la comunidad ha recibido positivamente la redacción del artículo 68. Sin embargo, he leído algunas críticas que señalan que este asunto del matrimonio no es el principal problema de los cubanos y que no se debería centrar toda la atención de la Reforma a la redacción de un solo artículo”, dice Jovann.

Aunque René considera que “todos, comunidad LGBTI y no, estamos a favor de que las personas puedan escoger libremente con quien casarse y que se les reconozcan sus derechos”, los acontecimientos de fechas recientes en donde se incluyen algunas Iglesias presentes en Cuba, cuentan un relato contradictorio.

“La iglesia siempre ha querido influir desde las sombras en la política de los países. En este caso, al escudarse en sus escrituras de antaño pretenden obstruir un proceso que califican de antinatural”, sentencia Abel. Desde su perspectiva, Jarocha no acepta “la postura de la iglesia y su doble moral”, además de considerar que “el Estado no la necesita”.

Por otro lado, Jovann cree que tal posición de “algunas iglesias cubanas son parte de un atraso relativo en las teorías que sobre el tema ya tienen las comunidades religiosas de otros países. No obstante, yo creo firmemente que todos debemos respetar las opiniones y creencias de las otras personas, y ese pequeño grupo de cubanos que piensa que el matrimonio es exclusivo de las parejas heterosexuales tiene derecho a expresar su desacuerdo libremente”.

Si se les pregunta a gays y lesbianas sobre si en realidad se casarían, los criterios van desde afirmaciones rotundas hasta expresiones como “el sentimiento en sí es más importante” o “no me llama la atención tener que firmar un papel para consolidar una unión que ya es efectiva”.

Tanto Jovann como muchos cubanos dan por hecho el sí en el venidero referendo. “El gobierno hará propaganda por el sí y nadie por el no. El resultado no creo que traiga sorpresas teniendo en cuenta la realidad de Cuba” afirma. “Habrá opositores y personas a favor, pero, en definitiva, tanto gays como lesbianas todos somos patriotas y parte de Cuba”, comenta Jarocha, quien hace suyas las palabras de Mariela Castro cuando dijo: “Dar derechos a quien no los tiene, no significa quitárselos a quien los tiene”.

A pesar de tanto camino legal, el reconocimiento a las personas homosexuales en Cuba no es el deseado, y aunque René cree que “pronto lograremos una Cuba con homofobia cero” son visibles a estas alturas ciertas manifestaciones en exceso homofóbicas por parte de muchos cubanos, prueba de que puede estar lejos esa sociedad diversa que nos planteamos.

“Este es un tema que se evita en los centros de trabajo y la vida pública. El país ha evolucionado en este sentido, pero todavía queda mucho trabajo educativo por hacer”, comenta Jovann. Ser homosexual persiste como un estigma, al punto de que en el Parlamento cubano, ese que aprobará la nueva Constitución, no existe un solo diputado abiertamente gay.

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