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07/08/2020 3:00 am

La nueva tropa de choque

Este régimen, mezquino e ineficiente, es más acaparador y revendedor que los pobres diablos de las colas a quienes pretenden culpar
Grupos de enfrentamiento a revendedores, acaparadores y coleros (Foto: La Demajagua)

LA HABANA, Cuba. –  Cuando el general Batista (Sixto, el de las FAR; no Fulgencio, el exdictador) presidía los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), en los primeros años del Periodo Especial, entrevistado por el periodista Luis Báez, alentó jocosamente a los miembros de la organización a que, “en defensa de la revolución”, a batazos, rompieran cabezas de desafectos.

Habría que ver si casi 30 años después y luego de tanta decepción, los integrantes de los recién creados grupos de enfrentamiento a coleros, revendedores y acaparadores, están dispuestos, para imponer disciplina en las colas, a seguir la orientación del general a los cederistas y repartir estacazos –ya que los bates hoy también escasean-, y a recibirlos, además de pedradas, ya que como dice un vecino mío, “el hambre y la chusmería son una mezcla explosiva”. ¡Si lo sabremos los que a menudo vemos como suelen últimamente terminar las colas para comprar comida!

Pudiera asombrar que en en estas circunstancias el régimen haya logrado reclutar a más de 22 000 integrantes del Partido Comunista de Cuba (PCC) y de las llamadas “organizaciones de masas” con la suficiente vocación de chivatones y esbirros para cumplir estas funciones parapoliciales. Pero el que conozca la corrupción generalizada, la doble moral y la abyección a que se ha llegado en esta sociedad, podrá suponer que muchos de los integrantes de esos “grupos de enfrentamiento” buscarán el modo de sacar provecho, y si no se dejan sobornar por los coleros para que los dejen hacer, se convertirán en los nuevos revendedores de productos y turnos en las colas y entrarán en contubernio con los que roban mercancías de las tiendas y los almacenes.

Tendrán entonces que designar vigilantes para que velen a los vigilantes, como sucedió con los trabajadores sociales, los inspectores, etc, hasta que estos, a su vez, también se corrompan, en un interminable círculo vicioso. ¡Con tanta falta que hace gente que trabaje y produzca!

Eso lo deben saber los gobernantes, pero probablemente, ahora que vuelven a proclamar que “las calles son de los revolucionarios”, aunque estén llenas de baches y basura, más que velar por el orden y la disciplina en las colas, les interese más que, como las Brigadas de Respuesta Rápida, ayuden a la policía, la Seguridad del Estado y el ejército a detectar y reprimir cualquier conato de protesta.

Estos grupos de vigilantes y delatores lo que conseguirán será seguir atizando la desconfianza y el odio entre los cubanos. Y hacer que aumenten aún más los precios en el mercado negro. Porque los revendedores y acaparadores, aunque los persigan y corran más riesgos, no desaparecerán mientras persista la escasez, y cada vez cobrarán más caro.

Los revendedores no son la causa del desabastecimiento, como pretende hacer ver el régimen, sino su resultado.

Resulta repugnante, especialmente en medio de la crisis ocasionada por la COVID-19, que haya personas que acaparen productos para lucrar con las necesidades del pueblo. Tan repugnante como que el régimen, en las tiendas, venda los productos de primera necesidad al doble o el triple de su precio, y que se quede con los dólares de los que reciben remesas de sus familiares en el exterior al obligarlos a comprar con una tarjeta reminiscente de los vales que usaban los peones en el batey de Birán.

Resulta una desfachatez que el gobierno de Cuba diga que con lo recaudado en las 72 tiendas en moneda libremente convertible garantizará el abasto de las otras que venden en moneda nacional.

Este régimen, mezquino e ineficiente en todo, excepto en la represión, que aprovecha las calamidades para reforzar sus controles, es más acaparador y revendedor que los pobres coleros a quienes pretenden culpar, como al “bloqueo yanqui”, de todas nuestras vicisitudes.

¡Y que todavía haya sumisos que se crean sus cuentos de camino y se presten a servirles de tropa de choque!

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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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