Cuba: censura, aguas de cloacas y coronavirus

Cuba: censura, aguas de cloacas y coronavirus

Cuando en Cuba la propagación de epidemias es cometida por funcionarios del Estado nada se dice, y hasta se bloquean teléfonos para que nada se diga

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(Foto: Reuters)

LAS TUNAS, Cuba.- La decisión gubernativa tomada a inicios de este mes para ingresar a todos los contagiados con el coronavirus SARS-CoV-2 de la provincia Las Tunas en el hospital municipal Guillermo Domínguez de Puerto Padre, levantó entre puertopadrenses presentes y ausentes, residentes en distantes lugares del mundo, “una ola de insatisfacción”, a decir de una editorialista de la radio local.

Aunque algunos opinantes imputaron a las autoridades provinciales “responsabilidad total para ese gobierno ineficiente y demagogo de cualquier desgracia que ocurra en nuestro pueblo”, irresponsabilidad también imputada a “las autoridades que en Puerto Padre aceptan estas decisiones con pasividad”, otros vieron de forma positiva esta disposición, entre ellos, un médico intensivista de 65 años, él mismo, aquejado de dolencias propias de la edad, quien pidió integrar el primer grupo de atención especializada a los contagiados.

Personalmente, fui excluido del debate. Aunque Díaz-Canel en octubre de 2019 en el Hotel Clayton de Dublín dijo, “nosotros por política ni por sentimientos excluimos a nadie, lo que pasa es que hay cubanos que se han excluidos”, la Seguridad del Estado a la que en estos casos llamo (In)Seguridad del Estado, desdiciendo al presidente designado por el general Raúl Castro, cortó tres de las líneas telefónicas que suelo usar, incluso, las empleadas exclusivamente en comunicación familiar.

¿Por qué ese afán en callarlo?, se preguntará alguien. La respuesta plausible es sólo una.

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“Usted está temporalmente bloqueado”. ¿Qué busca el censor en tiempos de coronavirus? foto del autor

En la “ola de insatisfacción” provocada por la designación del hospital Guillermo Domínguez como sanatorio para contagiados de coronavirus, los participantes en el foro, aunque emitieron consideraciones puntuales sobre la deteriorada infraestructura de esa instalación sanitaria, omitieron una situación, jurídicamente hablando, de peligro concreto, presente no sólo en el sistema de evacuación de aguas residuales en el hospital de Puerto Padre, sino también en otros hospitales de Cuba y en las ciudades de la Isla toda, que puede servir de vehículo a la pandemia por toda la nación.

Se sabe, no es nuevo, está en la literatura especializada, pero a conveniencia se silencia, que las aguas residuales de los hospitales de cualquier lugar del mundo pueden contener trazas de todo tipo de sustancias, desde virus y bacterias multirresistentes hasta medios de contraste y productos farmacológicos para el tratamiento del cáncer.

La presencia de bacterias resistentes a antibióticos en las aguas residuales es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una amenaza mundial en crecimiento que provoca ya unas 25 mil muertes al año sólo en Europa.

Y la presencia del virus de la COVID-19 en las aguas de cloacas no es una excepción. En Francia, Italia, Australia y los Países Bajos, los investigadores han encontrado rastros del SARS-CoV-2 en las aguas cloacales. Medios de prensa internacionales reportaron que la semana pasa en París las autoridades debieron cerrar parte del sistema de abasto de agua empleada en la limpieza de calles y la irrigación de los jardines públicos por encontrarse en esas aguas presencia del coronavirus.

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Aguas pútridas fuera de las “lagunas de oxidación”. Foto del autor

En el aeropuerto de Tilburg, Países Bajos, detectaron la presencia del coronavirus en las aguas de las cloacas antes de diagnosticar al primer paciente contagiado con la COVID-19, esto es, encontraron el SARS-CoV-2 en las aguas de las letrinas primero que en las personas.

En España, donde el Gobierno ya planea la “desescalada del estado de alarma” como consecuencia de la crisis del coronavirus, investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Valencia han desarrollado un sistema de análisis molecular que puede alertar sobre la presencia del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVICD-19, en las aguas residuales de una comunidad concreta.

Una investigadora dijo a medios de prensa que, hasta las muestras analizadas la semana pasada, empleando técnicas moleculares detectaron concentraciones de “aproximadamente 100 mil copias de material genético del virus por litro de agua residual”, niveles comparables a los obtenidos en Estados Unidos.

En países civilizados donde el agua para consumo humano es segura, de potabilidad fiable, la presencia del coronavirus en aguas cloacales y para uso no humano es alentador, en tanto permite a los investigadores seguir el rastro de la pandemia.

El sitio web Infomed, del Ministerio de Salud Pública de Cuba, el pasado 15 de abril recogió el informe del CSIC y la Universidad de Valencia que en uno de sus párrafos expresa: “Los análisis han demostrado que los tratamientos de desinfección en las depuradoras son eficaces en la eliminación de la presencia del virus.”

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Una de las “lagunas de oxidación” del hospital Guillermo Domínguez, del que se aprecia la cuarta planta y el tanque de agua después de la manigua. Foto del autor

Luego… las autoridades sanitarias y gubernamentales de Cuba conocen perfectamente a través de investigaciones internacionales debidamente contrastadas que las aguas de cloacas que cotidianamente vemos correr por las calles de las ciudades cubanas, entrando en contacto con personas, animales, vehículos y toda suerte de objetos, constituyen uno de los tantos transportes del coronavirus que hoy diezma a la población mundial, diezmo del que el pueblo cubano no está exento.

El Glosario de expresiones ambientales y jurídicas del doctor Fernández-Rubio Legrá conceptúa las sustancias perjudiciales cuales elementos “cuya introducción en un ecosistema pueda ocasionar riesgos para la salud humana, dañar la flora, la fauna y los recursos vivos del medio”.

Y, según Martín Mateo en Manual de derecho ambiental, residuos es “cualquier sustancia u objeto del cual su poseedor se desprenda o del que tenga la intención o la obligación legal de desprenderse si no se le permite asumir su tratamiento.”

Respecto a estos dos conceptos jurídico-ambientales, y puesto que las aguas cloacales urbanas son eventos corrientes, públicos y notorios en las ciudades cubanas, sólo mencionaré el ejemplo de cómo una instalación hospitalaria, el hospital Guillermo Domínguez de Puerto Padre, dispuesto al ingreso de todos los contagiados de la COVID-19 de la provincia Las Tunas, dispensa “tratamiento” a sus aguas de cloaca que, según investigaciones realizadas en España y Estados Unidos en situaciones análogas, suelen llevar concentraciones de “aproximadamente 100 mil copias de material genético del coronavirus por litro de agua residual”.

No lejos del hospital Guillermo Domínguez y al fondo de La Aguada del Negro, un asentamiento poblacional concentrado junto a la carretera, la instalación hospitalaria vierte sus aguas residuales en las supuestas “lagunas de oxidación”, carentes de cercados, frecuentadas por animales domésticos y personas, con aguas pútridas empantanadas fuera de los que debían ser sus espejos de aguas.

Cuando esos albañales desprotegidos comiencen a inundarse con las deyecciones de los contagiados de la COVID-19 recluidos en el hospital Guillermo Domínguez, y cada litro de agua residual lleve unas 100 mil copias de material genético del mortal coronavirus, ¿qué sucederá si una cabra, un caballo, un hombre o un niño entra en contacto con el virus SARS-CoV-2 en las llamadas “lagunas de oxidación” y lo transporta al muy concentrado poblado de La Aguada del Negro?

Y si las “lagunas de oxidación” llegaran a desbordarse producto de una carga para la cual no fueron diseñadas, de unas 200 camas el hospital Guillermo Domínguez será reacondicionado para recibir si fuera necesario unos 400 contagiados con el coronavirus, y añádale las posibles aguas de lluvia, entonces esas aguas con material genético del virus SARS-CoV-2 verterán en la bahía de Puerto Padre.

Y entiéndase que esa transportación virulenta puede ocurrir no sólo en Puerto Padre sino también en cualquier lugar de Cuba en situaciones análogas.

Pero de ese delito de peligro, que necesariamente no tiene que producir una consecuencia, basta su concurso ideal para constituir crimen, tipificado en el Código Penal cual propagación de epidemias, cuando en Cuba es cometido por funcionarios del Estado nada se dice, y hasta se bloquean teléfonos para que nada se diga.

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Acerca del Autor

Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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