Cuando Ramiro Valdés se quedó sin cable

Cuando Ramiro Valdés se quedó sin cable

Ocurrió el año pasado: Tres jardineros honestos y trabajadores fueron sancionados con prisión, injustamente

Ramiro Valdés, uno de los hombres de confianza de los hermanos Castro
Ramiro Valdés, uno de los hombres de confianza de los hermanos Castro

LA HABANA, Cuba, marzo -Tarde me llegó la historia. Ocurrió hace un año. Es que los habitantes de Santa Fe, comunidad costera del oeste habanero, donde viven alrededor de 50 mil personas, temen comentar cualquier cosa sobre Ramiro Valdés Menéndez, “comandante histórico”, a quien se le atribuye un sinnúmero de fusilamientos a comienzos de la Revolución Cubana.

En la misma entrada de Santa Fe, en la calle 1ra, está la residencia de este miembro del Buró Político del único partido que existe legalmente en Cuba, o por lo menos, ahí se encuentra, oculta entre altos muros que abarcan más de dos cuadras, para que nada se vea desde fuera. Un búnker al estilo nazi, pero con salida al mar.

Entre dientes, con mucha cautela, por si llegaba a oídos del Espía de Artemisa -como muchos lo llaman- o de alguno de sus muchos guardaespaldas, me contaron la historia.

Una tarde soleada de abril de 2013, varios trabajadores pertenecientes a Comunales, organismo que se encarga de la limpieza y el chapeo de malas hierbas en aceras y áreas verdes de la ciudad, realizaban estas labores en las cercanías del búnker de Ramiro, cuando uno de ellos, sin darse cuenta, le dio con el machete a un cable oculto entre la maleza.

Continuaron su trabajo, pero al ver que como avispas salían despavoridos los militares del búnker, en busca del contrarrevolucionario terrorista que había cortado el cable de Ramiro, se detuvieron sorprendidos. No sabían qué decir.

En minutos todos fueron detenidos y en el juicio, tres de los que trabajaban en las afueras del búnker fueron condenados a cinco años de cárcel, porque como la acción había sido accidental, era imposible saber quién era el culpable de haber cortado el cable de Ramiro.

Tres hombres humildes que viven en la pobreza, en casas hechas por ellos mismos, con materiales encontrados por los caminos.

Ramiro-Valdes google eart_vista aérea de su residencia
Ramiro-Valdes google eart_vista aérea de su residencia

Conozco a uno de ellos, Carlos Meriño Martínez, quien arregla mi jardín desde hace seis años, un ser que apenas habla, honesto y de buen carácter, que aún se pregunta por qué tiene que cumplir una sanción judicial, si es inocente.

Dice que en ocasiones ha teni

do deseos de hablar con Ramiro, a fin de cuentas, aunque Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, fue un hombre pobre como él, bodeguero según se sabe, allá en Artemisa, de acercarse a su búnker, de contarle la injusticia que se cometió con él y con dos de sus compañeros, pero que teme lo vayan a detener sólo por acercarse a una casa tan misteriosa. Me dice que se siente humillado, aunque la condena, a pesar de haberse convertido en prisión sin internamiento, lo obliga a firmar cada mes en la Unidad de la Policía, como si fuera un delincuente.

Como es un hombre de vida tranquila, junto a su esposa, no le importa que le prohíban asistir a fiestas o salir de Santa Fe. En definitiva, él siempre ha ido de su trabajo a su casa. Nunca ha ganado dinero para fiestas. Pero sí le apena que sus compañeros, más jóvenes que él, afronten esa situación.

Ha pasado el tiempo pero aún se comenta la historia del cable cortado por tres infelices jardineros. Como los cubanos vivimos con medio siglo de atraso y sabemos tan poco de cables y de internet, muchos se preguntan qué tipo de cable tan importante tenía oculto Ramiro entre la maleza de la acera de su búnker, si era para la electricidad, la telegrafía, o la telefonía subterránea o submarina. Hasta algunos piensan que se trata del mismísimo “cable de fibra óptica que viene de Venezuela” y por el que Ramiro da instrucciones a los agentes cubanos allá.

Carlos - Foto de Tania Diaz Castro
Carlos – Foto de Tania Diaz Castro
Chapeador Carlos Meriño Martínez - Foto de Tania Diaz Castro
Chapeador Carlos Meriño Martínez – Foto de Tania Diaz Castro
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