Crónica del contagio: Un “catarro común” que terminó siendo la COVID-19

Crónica del contagio: Un “catarro común” que terminó siendo la COVID-19

En esta crónica, CubaNet sigue una cadena de transmisión de la COVID-19 que se inició en Santo Suárez, municipio Diez de Octubre, y se extendió a Centro Habana.

LA HABANA, Cuba. – En víspera de año nuevo, Neri, una habanera residente en el reparto de Santo Suárez, intercambió varios platillos con su vecina, a través de la ventana que comunica las viviendas. La vecina, a quien llamaremos Hortensia para proteger su identidad y la de su familia, es una anciana de 86 años que raras veces sale de su casa.

El día de Nochebuena, Neri y Hortensia intercambiaron los últimos platos, como lo ordena la regla del buen vecino. Al terminarse la Navidad, Hortensia comenzó con tos seca, dolores de cabeza, de espalda y desorden estomacal.

“Aquí estamos también con tos y malestares, pero dicen que es la gripe que anda por ahí”, cuenta Hortensia que le dijo Neri cuando se enteró de su estado de salud.

Las dos vecinas residen en Santo Suárez, uno de los repartos del municipio Diez de Octubre. A menos de 100 metros de las viviendas de ambas se encuentra la casa donde está la policlínica local.

El 26 de diciembre, la persistencia de los síntomas infecciosos preocupó a los tres hijos Hortensia, quienes llevaron a su madre hasta la policlínica. Todos tenían la esperanza de que fuera “la gripe que andaba por ahí” y la certeza de que le realizarían el examen RT-PCR para descartar la infección por el coronavirus SARS-CoV-2.

La anciana, que padece de hipertensión arterial, tiene el corazón corregido por un marcapasos. La edad y los padecimientos prexistentes la ubican en la categoría de paciente vulnerable y de alto riesgo al contagio de la COVID-19.

En la consulta médica, Hortensia fue diagnosticada con bronquitis. El doctor indicó azitromicina para combatir la infección respiratoria. El resto lo haría el descanso y el consumo de líquidos, lo recomendable para cualquier gripe estacional.

El diagnóstico de la anciana no solo desplomó la percepción de riesgo de la familia, sino que también convenció al barrio de que la gripe que rondaba no era la COVID-19. De esa forma, se expandió la cadena de transmisión en la familia, el barrio y, en pocos días, en Centro Habana, a cuatro kilómetros de distancia.

La transmisión intermunicipal   

Mientras la salud de Hortensia se recuperaba, aun siendo una persona de avanzada edad con ciertas comorbilidades, su hija y su nieta de 15 años comenzaron a presentar síntomas de infección respiratoria: dolor de cabeza, en la espalda y secreción nasal. A los síntomas de la joven se adicionaron la perdida del olfato y el paladar, señales que la adolescente ocultó en el ambiente familiar.

Durante los primeros días de enero la familia combatió en la casa el “catarro fuerte”. Utilizaron el mismo método indicado para la bronquitis de Hortensia. La vida doméstica continúo con el normal intercambio de visitas y cenas familiares de esa época, hasta que nuevos contagios en la familia comenzaron a develar la verdadera naturaleza de aquella infección respiratoria.

El 7 de enero, la nuera y el hijo de Hortensia, residentes en un edificio de Centro Habana, comenzaron con los mismos síntomas descritos por sus familiares de Santo Suárez. En el caso del hijo de Hortensia, de 56 años, se sumó la fiebre. Tres días después, los consuegros de la anciana se sumaron a la cadena de contagio familiar.

“Cuando compartimos en familia (en Santo Suárez) la cena del 31 de diciembre ya mi sobrina tenía malestares de la gripe. Estábamos convencidos de que era la misma gripe atrapada por mi suegra y por algunos vecinos del barrio”, cuenta la nuera de Hortensia, quien también señala los intercambios de alimentos con Neri como la fuente de infección.

De la gripe al dengue

En los primeros días de 2021, Centro Habana, el municipio habanero menos extenso y de mayor densidad poblacional, se ubicó entre los de mayor índice de contagio de la COVID-19 en el país. El gobierno retomó el cierre de calles y el toque de queda nocturno para controlar el rebrote epidémico.

Pero la enfermedad se expandió, escapando por las brechas abiertas en la ineficiencia del control epidemiológico.

En ese punto, la parte de la familia de Hortensia que reside en Centro Habana decidió buscar a toda costa un lugar donde realizarse la prueba RT-PCR.

En la Isla, son las autoridades sanitarias las que deciden a quién se le realiza la prueba del coronavirus SARS-CoV-2. A los pacientes sospechosos por ser contactos de un caso positivo, se les realiza el test diagnóstico cinco días de después del resultado positivo de la persona que pudo haberlos contagiados. Según el protocolo, tres días después debe informarse el resultado.

El miércoles 12 de enero la nuera y los consuegros de Hortensia lograron hacerse el examen diagnóstico. Se acercaron a una de las zonas cerradas por eventos de contagio y se las agenciaron para confundirse con los residentes en ella.

El hijo de Hortensia no lo logró. Le explicaron que los pacientes con fiebre debían ir a la sala del Hospital Calixto García, habilitada para atender casos con síntomas de COVID-19.

Sin perder tiempo, el enfermo acudió a la consulta especializada. En esta ocasión el paciente ofreció los antecedentes de la infección respiratoria en la familia.

“¿De dónde usted vive hay dengue?”, enseguida le preguntó el médico.

El examen clínico concluyó que los síntomas eran “inconsistentes” para el diagnóstico de la COVID-19. El doctor indicó análisis de orina y sangre para descartar el dengue, pero sin ordenar el conteo de plaquetas para medir su descomposición.

Del dengue a la COVID-19

En Cuba es común no informar a los pacientes el resultado negativo del RT-PCR. Los médicos explican que la respuesta negativa cae en una espiral burocrática donde tarda demasiado o incluso desaparece.

En la mañana del sábado, la familia de Hortensia volvió a celebrar en falso. Si al tercer día no estaban positivos al virus de la COVID-19, la infección respiratoria no era más que la “gripe que andaba por ahí”.

Pero al caer la tarde del cuarto día una llamada telefónica devastó a la familia. La nuera y los consuegros de Hortensia habían dado positivos a la COVID-19. Serían internados en un centro de aislamiento para casos positivos.

Cuando se llevaron a su esposa, el hijo de Hortensia presumió que sería trasladado a uno de los centros donde ingresan a los casos sospechosos. Contrario al resto, sintió alivio de ser internado para atender la fiebre persistente por más de una semana. Pero se equivocaba: nada sucedió en tres días de espera y reclamos a las autoridades sanitarias locales.

Los residentes en el edificio denunciaron el incumplimiento del protocolo de salud para los focos epidémicos. Uno de los vecinos relata que cuando se pidió explicaciones al Puesto de Mando de la COVID-19 en Centro Habana, terminaron por amenazarlo desde el otro lado de la línea.

“Les dije: ‘Hay varios casos de contagio en el edificio y no han venido a hacer pesquisaje como dicen por la televisión’. Entonces me respondieron: ‘Dame tu dirección que te vamos a mandar a buscar para ingresarte en un centro de aislamiento para sospechosos”.

Aunque alega que se sintió amenazado, antes de colgar el vecino ripostó: “Ustedes no tienen ambulancias para eso”.

El martes en la mañana, un asistente sanitario recogió al hijo de Hortensia para llevarlo caminando hasta la policlínica local Nguyen Van-Troi, ubicada a unos 400 metros de su casa. Allí debería esperar la ambulancia para ser trasladado a un centro de aislamiento para sospechosos.

Al caer la tarde se le acercó un médico y le dijo: “Ve para tu casa y espera, el traslado demora”.

Finalmente, esa noche el enfermo fue trasladado a un centro de aislamiento. Al siguiente día le realizaron el inaccesible test diagnóstico y, tres días después, le comunicaron el resultado positivo al nuevo coronavirus. La noticia reafirmó de manera rotunda la verdadera identidad de la infección respiratoria que circulaba en el barrio donde vive su madre.

En privado, algunos profesionales de la salud que trabajan en Cuba recomiendan multiplicar por 3,9 la cifra oficial de casos positivos a la COVID-19. El resultado ofrece una estadística más cercana a la realidad, dicen, al incluir a los casos asintomáticos y a los que no son contabilizados.

Ya la familia de Hortensia goza de buena salud: febrero trajo el alta epidemiológica de sus hijos, nietos y demás familiares. Si no fuera porque en la barriada donde todo comenzó hay nuevos vecinos esperando superar la infección respiratoria, podría parecer que otra vez reina la normalidad en la zona.

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Augusto César San Martín

Augusto Cesar San Martin. Nació el 20 de abril de 1967 en Ciudad de La Habana. Fue captado por el Ministerio del Interior y estudió Ciencias Penales en el Instituto Hermanos Martínez, en el que se graduó. Por discrepancias con los militares, pidió la baja permanente de ese organismo, solicitud que le fue denegada durante un año. En ese tiempo estableció contacto con los opositores pacíficos y fue encarcelado en 1994. Lo declararon preso de conciencia en 1996, y a su salida de la cárcel colaboró con la agencia Cuba Press de 1997 a 1999. En el año 2006 fundó el Centro de Información José Lezama Lima.

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