Derrumbes en tiempos de COVID-19: cuando el peligro está en casa

Derrumbes en tiempos de COVID-19: cuando el peligro está en casa

“Todos sabemos que la desgracia sucederá, pero nadie sabe cuándo. La letalidad del virus es tan real como el peligro de morir aplastados por nuestra casa”

Cuba, COVID-19, Vivienda, Habana, Derrumbes
(Foto: Captura de pantalla/YouTube)

LA HABANA, Cuba. – Quedarse en casa representa mayor peligro que enfrentar la amenaza de contagio en la calle. Así equilibran los riesgos Jorge Luis Estrada y Elizabeth Valdés, un matrimonio que vive atrapado entre dos miedos: la COVID-19 y el derrumbe de su vivienda.

Cuando se acerca el 20 de mayo, la pareja y sus dos hijas menores reviven el primero de los tres derrumbes ocurridos en el edificio de tres plantas donde residen. Las publicaciones de CubaNet sobre el progresivo deterioro de la edificación de 1924, ubicada en Damas No. 905, Habana Vieja, dan muestras del peligro para la vida que corre esta familia de la barriada de San Isidro.

“Todos sabemos que la desgracia sucederá, pero nadie sabe cuándo”, explicó Elizabeth sobre la incertidumbre que mantiene a la familia acorralada entre riesgos. “La letalidad del virus es tan real como el peligro de morir aplastados por nuestra casa”, añadió.

La permanencia en la vivienda favorece que la familia escuche los crujidos del concreto en cada momento del día. Elizabeth señala que el aumento de los temores dentro del aislamiento social ocasiona daños visibles en la salud mental de las menores.

“Las niñas están sufriendo estrés fuerte, la mayor está perdiendo el pelo. Cuando anuncian lluvia la pequeña tiene pesadillas con las paredes que caminan hacia ella”.

Una parte de los habaneros celebra las lluvias de mayo, calificándolas como un recurso para refrescar la capital, atormentada por la COVID-19. Sin embargo, para Jorge Luis y su familia la temporada lluviosa inició el periodo anual de pánico; ellos están entre los miles de cubanos que consideran las lluvias como la peor amenaza de quedarse sin casa o de morir aplastados por ella.

Debido a las intensas y persistentes lluvias de los últimos días el techo de la vivienda sumó nuevas filtraciones que comprometen la estructura del edificio. El contenido de la humedad en el concreto aumentó la dimensión de las grietas en las paredes, dentro y fuera la casa.

“Vivimos en el borde de un precipicio”, dice Jorge para referirse a la altura de 35 metros sobre el nivel de la calle. “Nosotros sabemos que cuando sale el sol después de llover, se inician los momentos de mayor peligro”, advierte.

Los arquitectos que valoraron el estado técnico del edificio en 2018 ratificaron el estado inhabitable, otorgado desde 1974; una condición agravada por los derrumbes parciales que afectaron los cimientos.

La magnitud de peligro

Las soluciones de las instituciones locales para garantizar el derecho a una vivienda confortable hasta el momento se limitan a: subsidio en 2016, exclusivo para el interior del apartamento; las opciones de refugiarse en la vivienda de familiares cercanos, o transitar durante los días de lluvias por el Centro Deportivo Polivalente municipal.

Jorge Luis se negó a caer en la corrupción del sistema de albergues, que extendería el problema por tiempo indefinido. A la negación las autoridades respondieron con la solución final: una escalera de madera para acceder al tercer piso.

Para informar sobre el estado técnico del edificio, CubaNet contó con la colaboración de un arquitecto que solicitó no ser identificado.

Sobre el estado de conservación del inmueble, el especialista señaló: “Edificio en mal estado, presenta locaciones derruidas parcial y totalmente, en algunos casos (último nivel), en otros, con peligro inminente de derrumbe que pone en riesgo la vida de los ocupantes”.

Parte del subsidio otorgado a la familia se perdió en los derrumbes del edificio que culminaron por dañar las reparaciones dentro del apartamento. El resto del presupuesto del subsidio fue suspendido ante el riesgo que presenta la estructura del edificio.

El desastre administrativo que mantiene a la familia rodeada de alarmas puede evitarse. Solo es necesario que las instituciones responsables lleven a la práctica el buen criterio de los especialistas.

El arquitecto consultado para este trabajo recomendó que la reconstrucción debe realizarse “por intervención de reparación mayor, con asesoramiento técnico especializado y fuerza de trabajo de igual preparación. Se recomienda evacuar a todos los ocupantes antes de llevar a cabo las acciones”.

En 1994 el Gobierno de Cuba inició, en colaboración con Bélgica y Canadá, un programa de mejoramiento del fondo residencial de La Habana Vieja, en el que sobresalía el “Plan de Rehabilitación Integral del Barrio de San Isidro”. La promesa de reparación, rehabilitación y mantenimiento de las viviendas existentes resultó en la tendencia a los derrumbes de los edificios deteriorados por la falta de mantenimiento.

Cifras públicas de la Dirección Municipal de Vivienda (DMV) correspondientes a 2019 aseguran que el 80 por ciento de las viviendas en La Habana Vieja se encuentran en la categoría de regular a mala, mientras que más de 500 edificaciones se clasifican en estado crítico.

En respuesta escrita a Jorge Luis, las autoridades locales se negaron a brindar ayuda porque “la demanda es mayor que la soluciones a dar”. La conclusión oficial que cerró el caso de peligro de derrumbe en Damas No. 905 propone a los vecinos “reparar el edificio mediante el esfuerzo propio sus residentes”.

El presupuesto de reconstrucción puede alcanzar los 7 000 dólares, monto que el Gobierno no desembolsa cuando se trata de conservar patrimonio residencial que garantice una vivienda digna.

Edificios como el que habitan Jorge Luis y Elizabeth determinan que el Gobierno clasifique un territorio como “zona de riesgo cotidiano”, debido al peligro de derrumbe por el impacto climatológico.

Aunque no lo reconozcan, las autoridades responsables de esta tragedia equilibran los riesgos igual que las víctimas. Conocen la magnitud del peligro al que se enfrentan quienes residen en edificaciones catalogadas como críticas.

“Los funcionarios de la DMV y del Poder Popular no se atreven a subir a mi casa, los documentos los entregan en la calle”, señala Jorge Luis, convencido de que el riesgo mayor para su familia es quedarse en casa.

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Acerca del Autor

Augusto César San Martín

Augusto César San Martín

Augusto Cesar San Martin. Nació el 20 de abril de 1967 en Ciudad de La Habana. Fue captado por el Ministerio del Interior y estudió Ciencias Penales en el Instituto Hermanos Martínez, en el que se graduó. Por discrepancias con los militares, pidió la baja permanente de ese organismo, solicitud que le fue denegada durante un año. En ese tiempo estableció contacto con los opositores pacíficos y fue encarcelado en 1994. Lo declararon preso de conciencia en 1996, y a su salida de la cárcel colaboró con la agencia Cuba Press de 1997 a 1999. En el año 2006 fundó el Centro de Información José Lezama Lima.

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