Corrupción, cáncer del transporte público cubano

Corrupción, cáncer del transporte público cubano

Descontrol y desfalco de grandes sumas de dinero por parte de los principales dirigentes del sector

foto del autor
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LA HABANA, Cuba. -Ha transcurrido más de una década desde que se realizara la primera gran compra de ómnibus a China y Rusia, para atenuar el problema del transporte en Cuba, y aún no se avizora una mejoría. Muy por el contrario de lo prometido en aquel entonces, cada día el trasladarse de un punto a otro se convierte en una verdadera agonía para el ciudadano de bajos ingresos.

Aunque los funcionarios del Ministerio de Transporte continúan achacando al embargo económico y a la crisis mundial todas las dificultades que enfrentan, es bien conocido que son otros fenómenos, muchos de ellos relacionados con la corrupción.

En ese sentido, no sorprende el silencio en los medios oficiales y en las declaraciones de algunos funcionarios que intentan ocultar los millonarios desfalcos que las empresas importadoras y las transportistas deben enfrentar todos los años, de modo que lo que se invierte por un lado, pasa a los bolsillos de unos pocos, por el otro.

Junto a las cifras negativas suministradas por Ricardo Chacón, director de Relaciones Internacionales del MITRANS, en la conferencia de prensa ofrecida hace durante 2014 para “denunciar el embargo”, faltaron otros datos sobre los daños que han causado a la economía cubana los fraudes y robos cometidos por algunos de los principales directivos de empresas estratégicas relacionadas con el transporte.

Transporte alternativo en el Lido, Marianao (foto del autor)
Transporte alternativo en el Lido, Marianao (foto del autor)

Según pudimos conocer a través de un funcionario de la Dirección Provincial de Transporte de La Habana, que por razones obvias nos ha pedido discreción en cuanto a su identidad, una gran parte de las pérdidas económicas que sufrieron durante el año pasado, así como en los anteriores, se deben al descontrol y al desfalco de grandes sumas de dinero por parte de los principales dirigentes de empresas como Transimport, cuyo director, Jesús José de Hombre, se encuentra detenido desde hace meses bajo proceso investigativo por un hecho de corrupción que involucra además al director de la empresa de Autopartes, ligado a la venta ilícita de miles de motores que debieron ser destinados a la transportación pública.

En las calles de Cuba es de conocimiento general que el mercado negro de piezas y autos, así como todos los servicios relacionados con el ramo, es abastecido por una red de corrupción que alcanza los estratos más altos en las instituciones de gobierno. La incapacidad de administrar honestamente todas estas empresas que funcionan como verdaderas mafias resulta obvia cuando se tienen en cuenta las renuncias constantes de funcionarios, los frecuentes cambios tanto de altos directivos como de los ministros y viceministros relacionados directa o indirectamente con el transporte pero, además, cuando se nos revela el exagerado precio de una plaza vacante en cualquiera de los almacenes u oficinas relacionados con la venta e importación de autos y piezas.

Las colas para tomar un bus (foto del autor)
Las colas para tomar un bus (foto del autor)

Un trabajador ―que para su seguridad no identificaremos― de uno de los almacenes del grupo empresarial Gaviota, en la capital, nos comenta sobre este particular:

“Una plaza de ayudante de Jefe de Almacén está por los mil dólares y las que tienen que ver con la comercialización también están picando cerca. Aquí hay gente que ha entrado en guagua y se ha ido en un Hyundai. Entran sin un peso en el bolsillo porque lo que tenían se lo gastaron en comprar la plaza pero después le sacan veinte veces lo que invirtieron. Aquí he visto darle de baja a carros nuevecitos, acabados de entrar al puerto. Después se llevan a la renta los carros viejos, como si fueran los nuevos.”

Cualquiera de los camiones y autos antiguos que circulan por la ciudad, sobre todo aquellos dedicados al negocio particular de la transportación, es sabido que obtienen sus recambios en esos oscuros mecanismos de mercado debido a la ausencia de proveedores legales. Pudiera parecer un milagro el hecho de que aún continúen rodando por las carreteras del país automóviles con más de medio siglo de explotación pero un vistazo al interior de cualquiera de ellos echaría por tierra tales asombros.

El chofer de un almendrón (auto antiguo de alquiler) comenta sobre los gastos que implica mantener en funcionamiento esos vehículos que la necesidad ha convertido en parte del perfil citadino.

Alternativas ante la crisis del transporte (foto del autor)
Alternativas ante la crisis del transporte (foto del autor)

“Las piezas todas hay que salir a buscarlas. Como no las hay, te dan la puñalada con los precios. Si quieres tenerlo rodando al menos ocho horas, para que el negocio te dé, sabes que al año o a los dos vas a tener que remotorizar. Todas las semanas tienes que darle mantenimiento para que no se funda y adaptarle piezas de todo tipo. Y nada de eso es legal, todo lleva papeles y págale a este y al otro y al otro para que todo te salga ok. Todo el que tiene un carro rodando en la calle, tiene que transar si no que se olvide del carro. El Estado te obliga a ir al mercado negro porque no te da nada. Ellos saben lo que están haciendo y han visto en eso un negocio redondo. El que hace la ley, hace la trampa.”

A pesar de que para el visitante extranjero la cosa pudiera marchar de maravillas ―puesto que recorren las mejores rutas del país en confortables ómnibus panorámicos y no en carricoches de caballos o en inseguros camiones como los de la terminal del Lido, en Marianao―, el panorama del transporte en la isla es bien sombrío. No hay modo de romper ese círculo de corrupción que el propio gobierno ha creado y no por incapacidad o inocencia. Tantos años cometiendo los mismos errores solo apunta a que bien arriba, a la cabeza del Estado, alguien sabe hacer cumplir ese refrán infalible que parece el slogan de todo un proyecto social: a río revuelto, ganancia de pescadores.

Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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