Contaminación sonora en Cuba: el problema se amplifica

Contaminación sonora en Cuba: el problema se amplifica

Lejos de disminuir, el problema crece y cada vez son más los jóvenes y adultos con bocinas a todo volumen en calles, ómnibus y otros lugares

Cada vez son más los jóvenes y adultos con bocinas a todo volumen en calles, ómnibus y lugares públicos (Foto de la autora)

LA HABANA, Cuba. – El exceso de sonido altera las condiciones ambientales normales en un área. El ruido no se acumula ni se mantiene en el tiempo como otros tipos de contaminación, pero sus efectos perjudiciales sí, en muchos casos de modo permanente e irreversible, por lo que, si no se controla, llega a causar grandes daños en la calidad de vida de las personas.

Las zonas urbanas son las más afectadas como consecuencia del tráfico, obras de construcción, discotecas, etc. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el límite superior deseable en los 70 decibeles. El ruido excesivo perjudica a todos los seres vivos, pues causa pérdida auditiva, desorientación, angustia, paranoia, insomnio, estrés, dolores de cabeza, agresividad, baja productividad, fatiga, problemas gástricos y cardiovasculares, etc.

Dentro de lo que califica como contaminación sonora, la música alta constituye no solo una falta de educación, sino también –y principalmente– un problema para la salud. Es imprescindible subrayar que, en relación a la agresión sonora, tanto o más importante que el alto volumen es la potencia de los sonidos graves. Las ondas graves viajan en todas direcciones y, al ser más grandes que las agudas, llegan más lejos y son menos propensas a debilitarse al chocar con un obstáculo.

Precisamente la semana pasada ocurrió un episodio de agresión sonora en la calle 13, en Lawton, La Habana. Algunos de los afectados –en su mayoría ancianos– relataron a CubaNet que le pidieron a la infractora que parara o bajara la música, pues hacía retumbar las paredes, a lo que ella respondió desproporcionadamente con agresividad, grosería e insultos. En vista de su reacción, llamaron a la Policía varias veces, pero ella solo paraba delante de los agentes, para después reanudar con más potencia. Así desde las 6 pm hasta la 1 de la mañana. Según cuentan, en una ocasión anterior fue peor: todo el día hasta las 3 de la mañana. “Yo hasta tuve que quitar un cuadro de la pared”, se quejaba una vecina, “porque la vibración me lo iba a tumbar”. Al día siguiente, la emprendió a insultos contra quien ella pensaba que habían llamado a la patrulla.

El problema crece, cada vez son más los agresores, jóvenes y adultos con bocinas a todo volumen en calles, ómnibus y lugares públicos. Choferes de ómnibus, de autos de alquiler o de uso privado (que muchas veces utilizan la agresión sonora como una forma de ostentación: dejan el carro en la calle con las bocinas encendidas a toda potencia mientras conversan dentro de casa, ya sea en la propia o en la ajena). No abundan los defensores del espacio público. Los afectados rara vez se atreven a llamarles la atención o tan siquiera pedirles que bajen el volumen, pero cuando alguien lo hace la respuesta más frecuente es la negativa e incluso la violencia verbal.

Para agravar aún más la situación, esta clase de individuos por lo general no se limitan solo a la agresión sonora. Dado que se trata de personas sin las más elementales normas de educación, frecuentemente incurren en otros ataques, como el uso indebido de espacios públicos. Así se quejaba una señora que conozco: “Ahora se ha mudado para al lado una familia de escandalosos. Tengo mucho dolor de cabeza, porque el bum bum no para día y noche. Cuando un día les pedí que bajaran el volumen, por poco me comen. Después de eso, me quemaron una mata con una caldosa que montaron pegada a mi parterre.”.

Si bien es cierto que esporádicamente spots publicitarios intentan sensibilizar a los ciudadanos desde la perspectiva del respeto y las normas de convivencia, El problema de la contaminación sonora avanza a pasos agigantados.

Recientemente los medios comenzaron a hacer referencia a los efectos perjudiciales del ruido excesivo. Sin embargo, esos esfuerzos, aunque meritorios, resultan a todas luces insuficientes.

Se hace necesario no solo aplicar con efectividad las leyes ya existentes, sino también actualizarlas, por ejemplo, regulando la amplificación de los sonidos graves. Eso, si no queremos perder, junto con nuestra condición humana, nuestra salud auditiva, física y mental.

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