Centro Comercial en Santiago de Cuba: Pantallas, luces y precios de lujo

Centro Comercial en Santiago de Cuba: Pantallas, luces y precios de lujo

“Venden como los países extranjeros, pero nos pagan una miseria. Por mucho que saquemos las cuentas una y otra vez, no nos da”

SANTIAGO DE CUBA.- En julio de 2018, en la intersección de Avenida Patria con Avenida de los Libertadores, en la capital de Santiago de Cuba abrió al público el centro comercial más grande de la ciudad, perteneciente a la Corporación CIMEX. Desde entonces, los santiagueros han sido testigos de un engalanamiento al que están poco acostumbrados: pantallas gigantes, luces y diseños tal cual país del primer mundo, modernas cajas registradoras y una variedad de productos que muchos habían, incluso, olvidado.

Tras su apertura, sin embargo, varias han sido las polémicas que ha generado el ostentoso sitio. La más reciente fue el cambio abrupto del nombre del inmueble a “La Gran Piedra”, que dejó a los santiagueros la idea de un homenaje al monolito que resguarda las cenizas de Fidel Castro. Muchos le llamaron “La Piedra de Fidel”.

La polémica llevó a las autoridades a volver a cambiar el nombre del lugar a “Centro Comercial La Plaza”, sin embargo, los comprobantes de ventas, las bolsas desechables y muchas de las etiquetas de precios aun llevan el título anterior.

Si bien es cierto que el nuevo centro ofrece una variedad de productos pocos comunes en la habitual carestía de la red de Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), al escrutinio público no escapan los elevados precios, “precios de lujo”, como dicen sus clientes, que están muy lejos del poder adquisitivo del cubano de a pie, lo que convierte las mercancías en piezas decorativas que muchos miran y nadie toca.

“Es un crimen que vendan una rama de vainilla a 2.35 CUC, o sea, la mitad de la pensión que recibo se iría en eso nada más. Esta tienda es para ricos y esa vainilla es la que no le voy a echar a mis dulces”, comentó una señora a la cajera, mientras sacaba algunas monedas para pagar un refresco.

Por otro lado, los productos como el pollo y las hamburguesas, más consumidos por el cubano promedio, han desaparecido de los anaqueles tras las celebraciones por fin de año. En las neveras solo quedan aquellas carnes que casi nadie puede pagar.

Un Ron Habana Club edición Cohíba se puede comprar por 350.00 CUC, un kilo de Rodaballo por 47.35 CUC, y el Pulpo Gourmet pagando unos 45.35 CUC el kilogramo. La tienda tiene además un punto WiFi, del monopolio de las telecomunicaciones en Cuba (ETECSA), por lo que se considera el establecimiento más moderno de la provincia.

 

“Le pusieron Internet al Centro Comercial para que la gente tomara fotos y las posteara al momento, y así quitar la mala fama que tienen las tiendas en Cuba, donde no hay nada. Pero al final nadie puede comprar con los precios que hay aquí”, contó una joven que hablaba con sus familiares en el extranjero por video llamada. La mujer recorrió todo el lugar para mostrar los precios y algunos productos de los anaqueles.

Un trabajador de la instalación habló con CubaNet y contó que “a cada rato llegan cosas nuevas que nunca había visto. El otro día llegó pulpo y lomo de atún, aunque carísimo, me sorprendió bastante ver este tipo de cosas. Pero los 31.35 CUC que cuesta un kilo de atún es terrible, sobre todo porque no permiten comprar por kg, y cuando te vas a llevar el pescado entero puedes terminar pagando hasta 200.00 CUC. Y lo peor es que con tantas mercancías caras no vendemos, y eso nos baja el cumplimiento. Son precios tan exagerados que ni los que trabajamos aquí podemos pagar por ellos”.

El gobierno cubano le paga a un trabajador promedio el equivalente en moneda nacional (CUP) de 20 a 30 pesos convertibles (CUC) mensuales, según la tasa de cambio de 25 CUP por 1 CUC; y los que aplican para asistencia social o pensiones solo alcanzan los 8.00 CUC al mes. Si bien recientemente se anunció un aumento de 70 pesos en moneda nacional para este último grupo, subsidiado por el Estado, lo que equivale a unos 2.80 pesos convertibles, los salarios no alcanzan tan siquiera para un kg de carne, o de atún, por lo que las tiendas en “chavitos” siguen siendo un anhelo para millones en la isla.

“Vivo de mi chequera, y cuando cobro se me va el dinero en la electricidad y para mal comer, sin embargo, cuando veo toda esta tienda llena de cosas, que nunca voy a poder llevar a mi casa, recuerdo a quienes dicen que en Cuba hay igualdad. Quien compra un queso de estos o una lámpara de techo no es igual que yo. No puedo negar que me siento discriminada, porque ni vendiendo un millón de javitas lograré comprar algo de esta tienda”, reclamó una señora que vive de vender bolsas plásticas a la entrada del “Centro Comercial La Plaza”.

En un ambiente moderno, y alejado del poder adquisitivo de quienes lo visitan diariamente, el lugar tiene departamentos de muebles, lámparas, mercado y electrodomésticos. No obstante, llama la atención que las pantallas de la tienda, en vez de reproducir las acostumbradas propagandas políticas y culturales anuncian productos chinos, comerciales que no son en español y tampoco están subtitulados.

 

El área destinada a útiles del hogar y muebles representa un auténtico museo, muchos de los productos que se venden en esta sección son imposibles de obtener. “Me quedo con la boca abierta con el juego de comedor de 700,00 dólares, y un sofá con música y vibración en 2719.75. ¿Dónde está el santiaguero que puede comprar semejante cosa?”, se pregunta Milagros Barrios.

“Al cubano que compre esos muebles estoy segura de que al día siguiente le cae la policía en la casa para ver de dónde sacó tanto dinero. Porque después quieren que tengamos limitación de riqueza, ¡pero es que si te están vendiendo cosas de ricos! Ningún extranjero va a venir de tan lejos para compra algo tan caro, y sobre todo de tan mal gusto. Lo veremos todo ahí unos cuantos años más, lleno de polvo, porque ellos prefieren que se pudra a rebajarlo”, selló Barrios.

Por muchos productos que tiene la tienda, es otra de las tantas a las que los cubanos no pueden llegar en busca de artículos de primera necesidad, los que hasta el momento solo son ofertados en las TRD.

“Venden como los países extranjeros, pero nos pagan una miseria. Por mucho que saquemos las cuentas una y otra vez, no nos da. Es una falta de respeto, porque cada vez sacan cosas más caras, incompatibles con la realidad de este país. Al final nos pasamos la vida contando los centavos y sin tener nada en casa”, reflexionó un joven trabajador del Centro Comercial.

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