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Cementerio de Colón, un negocio de vivos

Cementerio de Colón

LA HABANA, Cuba. – Un anuncio sobre la venta de un panteón en el Cementerio de Colón circula hace semanas en varios de los grupos de compra y venta de Facebook. El precio inicial, de 4 000 dólares estadounidenses, incluye un pequeño “ajuste” ―rebaja― para las “personas que verdaderamente estén interesadas en comprar”.

En las redes sociales otros usuarios proponen capillas, panteones, bóvedas y nichos del cementerio más famoso de la Isla. Sin embargo, en el ciberespacio los foristas no parecen preocuparse por su última morada: sus intereses giran en torno a necesidades más terrenales como la compra de ropas y zapatos de marcas reconocidas, teléfonos celulares o equipos electrodomésticos.

Dentro del propio camposanto son varios los corredores que a diario también promueven el negocio a la vieja usanza: face to face. Algunos de los “espacios” disponibles son verdaderas obras de arte que, en la Cuba de los precios inflados, alcanzan un valor superior al de una vivienda o un auto.

Cementerio de Colón
Cementerio de Colón (Foto del autor)

Rolando Bravo es uno de los “comerciantes” que asegura conocer cada galería u osario en venta. Cuenta a CubaNet que unas cuatro veces por semana acude al cementerio con un álbum lleno de fotos de sepulcros que muestra a decenas de personas. Según refiere, “tiempo atrás” vender una propiedad en la necrópolis de Colón “era cosa de coser y cantar”.

“Se vendían como agua en el desierto. Esta no es una inversión que nada más sirve para los difuntos; a estos huecos les ha pasado como al oro, que no se devalúa. Con el paso del tiempo valen más, lo que antes costaba 5 000 CUC hoy no se baja de 10 000 verdes [USD]”, explicó Bravo antes de confesar que desde mediados de 2021 no consigue un nuevo cliente. “Hay que insistir porque una sola venta representa el paletazo del año. ¿Qué negocio ahora mismo no anda mal en este país?”, se pregunta.

Monumento Nacional, saqueado

En 1987 el Cementerio de Colón fue declarado Monumento Nacional de Cuba. Se considera el más grande museo a cielo abierto de América, y tercero más importante del mundo tras las necrópolis de Staglieno, de Génova, Italia; y el Montjuic, de Barcelona, España. Con 57 hectáreas de extensión, posee más de 56 000 mausoleos, capillas, panteones, galerías, nichos y osarios construidos o adornados con mármoles finos, vitrales, bacará, estatuas y esculturas con valor comercial. 

Cementerio de Colón
Cementerio de Colón (Foto del autor)

Neuris, uno de los sepultureros más antiguos del camposanto, que prefirió identificarse solo con su nombre, asegura que “trabajar entre los muertos de Colón es un negocio de vivos. (…) No me voy a poner la soga al cuello dando detalles, nada más hay que caminar un rato y fijarse en toda la cristalería que falta, en los mármoles canibaleados y las estatuas arrancadas. La gente cree que trabajar aquí lo único que deja es osogbo y atraso, pero Colón no es un cementerio cualquiera, aquí das una patada y debajo de cualquier piedra salen billetes”. 

Los sepulcros de muchas familias emigradas alrededor de 1959 son los que más robos y vandalismos sufren, dado que casi nadie regresó a visitar las tumbas, reclamar su propiedad o pedir la exhumación de sus muertos. Solo en la llamada Calle Ancha ―menciona Neuris― aparece la capilla donde reposan los restos de los hermanos Regil, quienes en su momento fueron los dueños del famoso Café Regil. A ambos lados se encuentran otras capillas que pertenecieron a dueños de lecherías, carnicerías y varios negocios prósperos de la época capitalista. Todas se encuentran vacías o abandonadas.

Cementerio de Colón
Calle Ancha del Cementerio de Colón (Foto del autor)

“La gente ha hecho sus estragos, pero obviamente son los trabajadores los que conocen en qué tumbas pueden quedar buenos entierros, sobre todo los más viejos porque en los últimos tiempos a los difuntos les quitan hasta los dientes de oro antes de enterrarlos. No queda mucho donde buscar. Aquí nada más la familia da la espalda, encueran al muerto y le quitan las flores”, revela Neuris. 

Ignacio, otro de los sepultureros entrevistados por CubaNet y que también prefirió presentarse solo con su nombre, detalla que los profanadores buscan prendas de oro, joyas antiguas, monedas de metales preciosos o de valor numismático, piedras que fueron enterradas junto a los cuerpos de personas que en vida tuvieron un estatus económico elevado.

“Vienen incluso con detector de metales, a veces han tenido problemas con la ley. No son pocas las historias que se cuentan sobre el cementerio, algunas creo que son mitos, pero otras no. En realidad nadie puede calcular las riquezas que a lo largo de los años han sido robadas de las tumbas, hay unos cuantos rumores”, acota Ignacio, quien en tono suspicaz deja entrever que tiene conocimiento de “hallazgos exitosos”.

Cementerio de Colón
Cementerio de Colón (Foto del autor)

¿La vista gorda o negocio cerrado?

En el cementerio funciona un circuito cerrado de vigilancia. Desde las entradas, las cámaras instaladas cubren la mayoría de las áreas del lugar. Sin embargo, existen puntos ciegos que no alcanzan a captar las cámaras, y su custodia corresponde a los agentes de Seguridad y Protección del lugar.

Una de las agentes, que se identificó como Yasmina Oquendo, argumenta que el montaje de las cámaras de vigilancia debió abarcar todo el cementerio, pero que al parecer “el presupuesto no alcanzó o alguien le dio otro destino, porque habían cableado todo [el camposanto] para poner una cámara cada tres metros”.

Cementerio de Colón
Cementerio de Colón (Foto del autor)

Aun con las cámaras de vigilancia y decenas de trabajadores de seguridad distribuídos por todo el cementerio, durante los cambios de guardia en las mañanas, a diario se reporta más de un robo o profanación, precisa Oquendo.

“Lo más común es que se metan a llevarse los huesos, para brujería. A mí misma me han ofrecido 1 000 pesos por hacerme la de la vista gorda y dejar que entren a recoger huesos. No caigo en eso, pero me han contado que los brujeros pagan 20 000 pesos por un cráneo humano, y visto así esto es una mina de oro”, indica la custodio.

Cementerio de Colón
Una bóveda del Cementerio de Colón (Foto del autor)

Tumbas deterioradas y cuerpos mutilados, la realidad paralela

Una trabajadora del área administrativa, quien pidió proteger su identidad por temor a represalias, dijo a CubaNet que los robos y las profanaciones a las tumbas han servido de excusa para solapar el progresivo deterioro que sufre el camposanto.

“De cierta forma tenemos las manos atadas, porque sin recursos no se puede hacer mucho para mejorar la situación”, dijo la empleada, quien también aseveró que “se necesitan más de 500 dólares para pulir una sola de esas capillas o panteones, sin contar la compra del mármol y los otros materiales”.

Cementerio de Colón
Una capilla del Cementerio de Colón (Foto del autor)

La fuente explica que el cementerio no cuenta con un parque automotor para la recogida de desechos al terminar con las exhumaciones. Esto depende de los medios que provea Servicios Necrológicos, lo cual “resulta bastante inestable porque cuando no falta el petróleo, el carro tiene una goma rota o el chofer está enfermo”.

Según describe, en las pezuñas de un montacargas que existe en el cementerio se colocan dos tapas de bóveda sobre las cuales se depositan los cadáveres que después son vertidos en contenedores de basura no necesariamente dentro del cementerio. 

“En ocasiones se han tenido que recoger los restos en los mismos carros fúnebres. Tiran cuatro o cinco unos arriba de otros, los botan y retornan por más, sucesivamente. Es una odisea que no puedo ni explicar bien”, destaca.

Cementerio de Colón
Otra bóveda en el Cementerio de Colón (Foto del autor)

Para quienes visitan el cementerio, la intensa fetidez del aire es el primer signo de que algo no anda bien. Los entierros con cruces sin nombre, mayormente ocurridos durante la pandemia; los huesos humanos abandonados sobre la calle o mezclados dentro de los féretros cuyos materiales de baja calidad fueron corroídos por el tiempo, indican que muchas familias han perdido la pista de sus muertos.

“El abandono y la desidia es total. Los trabajadores ven a los perros cargando con los huesos de las tumbas y ni se inmutan. Ya no sabes si la tumba de tu familiar está vacía o si tiene a otro muerto dentro y no estás llorando al tuyo. Esto es lo más inhumano del mundo. ¿Adónde vamos a parar?”, se pregunta Sobeida Serrano, una anciana habanera que todos los meses acude a poner flores en el sepulcro de sus padres.

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