Casas de Cambio, ¿rumbo a la extinción?

Casas de Cambio, ¿rumbo a la extinción?

“Se trata de retener la mayor cantidad de dólares norteamericanos y de moneda fuerte”

LA HABANA, Cuba.- Cambiar dinero en Cuba, un país donde el Estado emite dos monedas de diferente valor y para propósitos diferentes, siempre ha sido una operación truculenta que pudiera ocupar toda una jornada.

En la zona más populosa de La Habana, aquella situada en el foco de lo que pudiera considerarse el circuito comercial, por ejemplo, apenas existen unos doce establecimientos, los cuales no siempre están en condiciones de brindar servicio ya sea por la falta de efectivo, cortes de electricidad o por diversas dificultades técnicas.

En los últimos meses, cerca de la mitad de ellas han sido cerradas. Incluso en lugares como el bulevar de Obispo o la calle 23, donde más necesarias resultan, sobre todo para quienes visitan Cuba y se tropiezan con un esquema económico fuera de lo normal, el número se ha reducido a solo un par de ellas.

Especialistas del sistema de Casas de Cambio (CADECA), consultados por CubaNet, explican que actualmente ya no es necesario incrementar el número de establecimientos debido a que los bancos y su red de cajeros automáticos desde hace tiempo realizan las mismas operaciones de CADECA y que, incluso, en las redes de comercio se ha establecido la facilidad de pago en las dos monedas actualmente en circulación.

Sin embargo, las filas inmensas frente a los bancos y en las “cadecas” más el incremento de la figura del llamado “fulero” (persona que, de manera ilegal, se dedica a cambiar dinero, incluso con tasas más atractivas que las del gobierno), entre otras señales captadas solo en la superficie del fenómeno, indican que otros factores han determinado lo que pudiera ser una crisis que va más allá del sistema cambiario.

Las dificultades para adquirir dólares norteamericanos o billetes de alta denominación de otras monedas, inclusive en las casillas del aeropuerto de la capital, también advierten de una maniobra de retención de moneda libremente convertible por parte de las instituciones financieras cubanas.

José Adrián, trabajador de una “cadeca” de la capital, sostiene que existe una política de control sobre la venta de divisas, fundamentalmente del dólar norteamericano, así como de no estimular la compraventa de CUC:

“Se trata de retener la mayor cantidad de dólares norteamericanos y de moneda fuerte. Sin embargo, el país funciona con dos monedas y detener la venta provocaría una crisis (…) sobre todo de imagen, no se quiere proyectar esa mala imagen. (…) El control se ha mantenido reduciendo los puntos de cambio y limitando la cantidad con que se trabaja en las cadecas donde solo se vende una parte del dólar (norteamericano) que entra en el día. (…) Las cadecas no cuentan con un fondo de dólares para iniciar las operaciones. El mismo dólar que entra es el que sale en el día, y no todo, solo un porciento mínimo. (…) también con los euros pero fundamentalmente con los dólares y aun así en desventaja con la calle (se refiere al gravamen del 10 % aplicado al USD)”, comenta José Adrián.

El testimonio anterior ha sido confirmado por otros trabajadores de CADECA y hasta por los fuleros, entre ellos Delsy, que aprovecha los obstáculos actuales de las cadecas para hacer marchar viento en popa su negocio clandestino.

Al trabajar cerca de una de las casillas más frecuentadas de La Habana, Delsy está al tanto de la situación:

“Es sabido que si vendes CUC, lo más probable es que te den la moneda nacional en billetes de a 10 y 20 pesos (CUP), probablemente todos de a 10, eso hace que las personas decidan vender poco dinero porque nadie se arriesga a cargar con bultos de dinero, mucho menos cuando esos cambios se hacen prácticamente en la calle, expuesto al peligro de que te vea un delincuente y te asalte. (…) Existen los cajeros, que hacen el mismo cambio oficial pero igual, casi siempre emiten billetes de baja denominación y solo una cantidad mínima (…). Las cadecas trabajan con el mismo dinero que les entra en el día. Te puedes encontrar que ya al mediodía no tienen CUC para vender o que pasan los días sin que vendan dólares simplemente porque no los tienen”, afirma Delsy.

Para Néstor, otro fulero, el sistema de las casas de cambio pareciera estar diseñado para hacer desistir a los clientes debido a las largas filas que deben hacer, casi siempre bajo el sol, así como al servicio usualmente deficiente que prestan sus empleados:

“En Obispo, por ejemplo, tienes que pasar horas al sol y a veces de cuatro casillas solo funcionan dos. En la de 23 es lo mismo, haces la cola en la acera hasta esperar que llamen de uno en uno cuando hay varias casillas desocupadas (…). Si vas al Banco Metropolitano, te piden identificación y ya quedas registrado, y hay mucha gente que no puede hacer eso porque el dinero que ganan no está justificado, y eso es quizás más de la mitad de la gente que gana algún dinero en este país (…) tienes que morir en CADECA o venir con nosotros, pero eso es un riesgo porque hay muchos que son estafadores”, dice Néstor.

La reducción del número de casas de cambio también ha sido atribuida, por varios funcionarios vinculados al Ministerio de Finanzas consultados por CubaNet, al deterioro de los servicios básicos, en algunos casos, y al lento y casi paralizado proceso de unificación monetaria que prevé la readaptación e incluso la desaparición de la entidad estatal en un futuro cercano.

(El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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