Ante la retirada de Papá Estado, los “traidores” asumen costos

Ante la retirada de Papá Estado, los “traidores” asumen costos

Hace mucho tiempo que los emigrados suplantaron al Estado en sus deberes con los cubanos.

El Estado cubano ha sido incapaz de proveer medicamentos básicos en la Isla (Foto: CiberCuba)

LA HABANA, Cuba. – Hace unos días el periódico estatal Juventud Rebelde publicó un artículo de José Alejandro Rodríguez, en el cual este se refería a la dictadura castrista como “Papá Estado”. Tan disparatada calificación, repetida a lo largo de uno de los textos más estrafalarios aparecido en medios oficiales, quiso justificar en tono de fábula infantil las severas medidas económicas que el régimen se ha visto obligado a decretar, precipitadamente y en el momento más adverso, para salvar su permanencia en el poder. 

Después de 60 años de ruina autorizada y ejecutada desde la cúpula castrista, el citado reportero presenta al Estado cubano como un padre sobreprotector que hizo lo que hizo por el bien de sus hijos: desde apropiarse de los recursos de la nación y deshacerse por todas las vías posibles (exilio, ostracismo social, cárcel, paredón) de quienes rechazaran la doctrina comunista, hasta incitar el odio entre cubanos como método para abortar cualquier intento de cambio político. 

Para José Alejandro Rodríguez la escasez general que agobia a Cuba es motivada por “el bloqueo”, nunca derivada de los malos manejos de quienes detentan el poder absoluto. Partiendo de esa lógica, le ha sido más fácil mendigar en redes sociales un frasco de Domperidona en suspensión para la nieta de un amigo, que reconocer que en las farmacias de Papá Estado han quedado desamparados hasta los niños. 

Rodríguez es la clase de periodista que ha dedicado su carrera a justificar los costosos desaciertos del castrismo y situar en factores externos las causas del fracaso del sistema socialista en la Isla. Paradójicamente, le sería imposible explicar cómo el mismo bloqueo que afecta la llegada de medicamentos a las farmacias cubanas no impide que las tiendas en dólares registren un flujo constante de equipos electrodomésticos, artículos de ferretería, alimentos, confituras y productos de aseo. 

El Dr. Ramón Muñoz Yanes, emigrado cubano que ha sufrido el ensañamiento de la dictadura, se dignó a responderle mediante un post con el propósito de ayudar al abuelo desesperado a conseguir la medicina para su nieta, y además para dejar claro dónde Papá Estado, pese al férreo embargo yanqui, esconde el remedio anhelado por miles de cubanos que llevan meses tratando de aliviar migrañas con compresas de agua helada, e infecciones con tisanas. 

Mientras José Alejandro Rodríguez apela a la solidaridad de quien tenga Domperidona, el Dr. Muñoz le hizo saber que el régimen dispone de almacenes repletos de medicamentos de última generación para uso exclusivo de los miembros del Consejo de Ministros y el Comité Central del Partido Comunista; así como altos oficiales de las FAR y el MININT. En cualquiera de dichos depósitos el abuelo de la niña enferma podría hallar el medicamento que necesite, con solo llegarse y explicar su problema. Allí no rechazarán su petición, pues el socialismo igualitario no hace distinciones entre la salud de un bebé de siete meses con reflujo grado 3 y la de Miguel Díaz-Canel. 

El abuelo podría ir acompañado del periodista que le hizo el favor de publicar en Facebook su ruego, para demostrar que se trata de un revolucionario genuino y no de un “agitador pagado por el imperio”, que busca desestabilizar el país con la farsa de que no hay medicinas. Si algún militarote se pusiera intransigente, José Alejandro Rodríguez le explicaría que él es columnista de Juventud Rebelde, diario sensato donde los haya. Le aseguraría que solo está cumpliendo con el deber de acompañar a un ciudadano en la gestión de un fármaco para su nieta, el cual pronto aparecerá y él podrá retirarse feliz a su domicilio para escribir otra página gloriosa sobre el humanismo de la Revolución. 

Lo único que deben hacer, periodista y abuelo, es acudir al hospital Hermanos Ameijeiras, o al CIMEQ; Papá Estado no los defraudará. Tal vez deban esperar a que la solicitud se “eleve” hasta la máxima autoridad y regrese por el mismo camino con la respuesta esperada, pues otra cosa no cabe esperar de gobernantes tan magnánimos. 

Por si eso no bastara, es probable que algunos cubanos rasos se hayan pronunciado en Facebook para facilitar la Domperidona. Usualmente la solidaridad de quienes hacen cola durante horas para comprar sus propias medicinas, o las consiguen en el mercado negro a precios muy duros, se manifiesta antes que la de un régimen que sigue ocupado vigilando al “enemigo”, y seguro por ello olvida abastecer las farmacias del pueblo con el contenido de esos exclusivos almacenes que son para el bien de todos, aunque casi nadie sepa de su existencia.  

En cualquier caso, el abuelo puede ya tranquilizar su corazón. Si no respondieran a tiempo la dictadura o los paisanos, podría recurrir al Dr. Muñoz Yanes, quien generosamente se ha ofrecido a costear el tratamiento por el tiempo que sea necesario. Habría que ver si el abuelo está dispuesto a aceptar la ayuda de un cubano tildado de “traidor” por el mismo gobierno despótico que lo ha obligado a suplicar en redes sociales un fármaco simple para su nieta. 

No habría vergüenza en ello. Para cualquiera que no sea José Alejandro Rodríguez y comparsa, resulta evidente que hace mucho tiempo los “traidores” suplantaron a Papá Estado en sus deberes hacia los cubanos.

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Javier Prada

La Habana, 1979. Graduado de Lengua Inglesa por el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”, durante ocho años fue maestro en los niveles de enseñanza Medio y Superior, donde también debió impartir clases de Historia de Cuba debido al déficit de personal docente. Desde 2014 se desempeña como profesor particular de inglés. En su tiempo libre se dedica a la pesca y el dibujo. Actualmente incursiona en la prensa independiente.

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