Algo más sobre Nicolás Guillén

Algo más sobre Nicolás Guillén

Mucho hay que escribir sobre el poeta, al que le pudiéramos reprochar tantas cosas

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Retrato de Guillén dedicado a Tania Díaz Castro (Foto: Cortesía)
Retrato de Guillén dedicado a Tania Díaz Castro (Foto: Cortesía)

LA HABANA, Cuba.- Nunca he conversado con los muertos. Ni siquiera he hecho el intento. Realmente no me gustaría tener esa experiencia.

Pero hoy, si pudiera, le preguntara a mi viejo amigo Nicolás Guillén, quien murió en 1989, a los 87 años, si él hubiera estado de acuerdo que se publicara un tomito que acaba de salir bajo el título Buenos días Fidel, con una retahíla de crónicas y poemas panfletarios a los que, según recuerdo, no daba ninguna importancia, y varias fotos con Fidel, contentos ambos entre tragos de ocasión.

Pero los nietos de Nicolás, hoy hombres de pelo en pecho ―yo los traté de niños y eran encantadores―, como herederos que son por derecho propio, han creado una fundación bajo el nombre del abuelo y han publicado el tomito, con motivo del 90 cumpleaños de Fidel Castro.

En unas cien páginas, seguramente con poca tirada, aparecen sus crónicas más comprometidas con la dictadura castrista, tal como hizo con José Stalin, cuando lo llamó “Capitán, a quien Changó proteja” ―comunista al fin el viejo Guillén―.

Y digo que Nicolás no hubiera publicado esta monserga periodística y poética, porque lo conocí bien. Era reacio a que le señalaran errores en su obra literaria, así como en su vida personal. Se sentía rey del mambo en el país o finca de Fidel y Poeta Nacional de Cuba.

Haydee Santamaría, directora de La Casa de las Américas, fue la única que levantó su voz en una reunión, para acusar de impuro al autor de Sóngoro Cosongo.

Ese día tembló la tierra en la sede de la Unión de Escritores de Cuba, antigua casa del rico banquero Gelats y hasta en el pent-house donde vivía Nicolás, en el lujoso Edificio Someillán, del Vedado.

La pataleta de Nicolás fue tan sonada y sonora, que escribió y publicó un poema en 1972, en su libro La rueda dentada, titulado Digo que yo no soy un hombre puro. Uno de sus mejores poemas, según mis gustos.

Parecía que Haydee tenía el criterio de que los comunistas eran tan puros como los santos evangélicos. Tal vez recordó en esos momentos a Juan Marinello, durante décadas durmiendo en la misma cama con la misma mujer, sin aburrirse, o a Blas Roca, a quien le sucedió igual, o a Carlos Rafael Rodríguez, que montó en cólera y pidió numerosas reuniones en el seno del Partido Comunista, allá por los años cincuenta, para analizar por qué su esposa lo había abandonado, enamorada de otro comunista socio suyo.

Para el viejo Nicolás, “hay muchas cosas puras en el mundo que no son más que pura mierda”, porque “él se consideraba impuro, completamente impuro”.

Hacía bien. Se daba a respetar y, al mismo tiempo, daba a respetar a la mujer amada.

Pero volvamos al tomito de la Fundación Nicolás Guillén, que dirigen sus dos nietos y de la que el propio Nicolasito, el menor, hizo la presentación.

Nicolasito menciona a París y es en ese punto donde se le traba el paraguas. Dice que en la capital francesa, donde vivía exiliado su “abue”, supo ver que Fidel era la única esperanza para librarnos de la tiranía batistiana.

Se olvida mi querido amiguito que si algo dijo Nicolás de Fidel no fue eso, sino aquello de “joven alocado”, en alusión al ataque al Cuartel Moncada ocurrido en 1953.

No olvidemos que el Partido Comunista de Cuba, al que Nicolás pertenecía desde su juventud, se manifestó precisamente contra aquel acto violento.

Nicolás no podía decir otra cosa.

En otro párrafo, Nicolasito Guillén destaca que no hubo hecho en el quehacer revolucionario que no impresionara la sensibilidad de su abuelo. Pero, ¿fue realmente así?

¿Se sensibilizó acaso el Poeta Nacional cuando por orden de Fidel, los homosexuales, incluyendo poetas, escritores, músicos y pintores, fueron encerrados en cárceles para trabajos forzados, en la monstruosa y jamás olvidada UMAP?

¿Protegió acaso a los intelectuales censurados, acusados de contrarrevolución, todos miembros de la UNEAC, como José Lezama Lima, Heberto Padilla, Antón Arrufat, José Triana y otros?

¿Se opuso acaso cuando, por orden de la Seguridad del Estado, fueron separados de la UNEAC más de cien miembros, entre ellos el pintor y novelista José Cid y quien escribe esto?

Mucho hay que escribir y analizar sobre la persona de ese gran poeta que se nombra Nicolás Guillén y al que le pudiéramos reprochar tantas cosas.

Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro nació en Camajuaní, Villaclara, en 1939. Estudió en una escuela de monjas. Sus primeros cuatro libros de poesía fueron publicados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y dos por Linden Ediciones Line Press y ZV Lunaticas. A partir de 1964 trabajó como reportera en revistas y periódicos de Cuba y escribió durante ocho años guiones de radio en el ICRT entre 1977 y
1983 y en 1992 y 1993, cronicas sobre la historia de China en el
periódico Kwong Wah Po, del Barrio Chino de La Habana. En 1989 y 1990 sufrió prisión por pedir un Plebiscito a Fidel Castro. Comenzó a trabajar en CubaNet en 1998 y vive con sus perros y gatos en Santa Fe, comunidad habanera.

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