Agricultura en Cuba: ¿ahora sí va a funcionar el sistema de acopio?

Agricultura en Cuba: ¿ahora sí va a funcionar el sistema de acopio?

Los castristas siguen confiando en el mismo sistema que, durante el último medio siglo, lo único que ha garantizado es insatisfacción

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(granma,cu)

LA HABANA, Cuba. – El diario castrista Granma de este viernes dedica una de sus ocho paginitas al que posiblemente sea el nudo gordiano del ineficiente sistema agrícola que el régimen mantiene a sangre y fuego en Cuba. Con un título en forma de interrogante, la colega Nuria Barbosa León se pregunta: “¿Qué propone la nueva reestructuración de Acopio?”.

El tema abordado —pues— es el aparato burocrático que a lo largo de los años ha sentado las pautas a los productores del agro cubano. El mismo que, según se ha denunciado una y otra vez, ha dejado podrir cosechas enteras —ya sea en el campo o en sus innumerables almacenes—; el que paga tarde y mal al campesino; el que es incapaz de garantizar la cantidad requerida de productos o una calidad siquiera mínima de éstos.

¿Puede considerarse que haya algo nuevo en esa página de propaganda comunista? A juzgar por el farragoso escrito, más bien habría que decir todo lo contrario. Aunque la autora menciona varios supuestos cambios, si analizamos la esencia de cada uno de éstos tendremos que constatar que ellos representan sólo la manifestación del más acendrado inmovilismo.

Según la autora, la “nueva reestructuración” tiene “el propósito de perfeccionar y revitalizar la gestión eficiente del sistema empresarial de Acopio”. Con ese fin, en la Gaceta Oficial del propio viernes se publicaron “las normas jurídicas que implementan la decisión de mantener y fortalecer” el mencionado aparato burocrático.

Si creemos a Barbosa León, un aspecto fundamental de las nuevas disposiciones es la conversión de la Organización Superior de Dirección Empresarial (los castristas, con su manía por las siglas, la llaman OSDE) en “un Grupo Empresarial subordinado al Consejo de Ministros y atendido por el Ministro de la Agricultura”.

Según Doña Nuria (que se hace eco de declaraciones del Director Adjunto del aparato burocrático arriba mencionado), “esta decisión permite separar las actividades de acopio y comercialización de las meramente productivas”. Con ello —asegura— “se avanza en la implementación del Lineamiento 155 de la Política Económica y Social, aprobada en el 7mo. Congreso del Partido Comunista de Cuba”.

Según el mencionado funcionario de nivel medio-alto (Emilio López Barrios), “desde hace más de cinco años la actividad de comercialización se amplió y diversificó”. “Esta OSDE, además de acopiar y comercializar, es la encargada de realizar el balance para los envíos de las producciones”, “así como recibir, evaluar y controlar la información”.

Y prosiguen ambos agitadores comunistas (el burócrata que formula declaraciones y la escribidora que las cita entre comillas) haciendo un uso generoso de la tinta de color rosa: “El fortalecimiento prevé dotar a la OSDE de la logística necesaria en la transportación, recuperar gradualmente la infraestructura de puntos de compra, almacenes, talleres, naves mayoristas, plantas de beneficio […], equipos de medición […] y de envase y embalaje”. “Requerirá de una atención especial la preparación del personal”.

Y continúan afirmando que el empleo de los referidos métodos oficinescos “contribuirá a incrementar la contratación, almacenamiento y venta de una mayor cantidad de productos agrícolas; facilitará las gestiones con las bases productivas; dispondrá de mayores volúmenes para los diferentes destinos aprobados y favorecerá el autoabastecimiento municipal de los productos del agro”, así como “redistribuir los excedentes productivos”.

Los agitadores bautizan la nueva coyuntura con un nombre pretencioso: “proceso de dignificación”. Aspiran a que “los productos tengan buena presencia y permanencia en las tarimas, y además cuenten con una exposición atractiva”. El tema financiero lo definen como “un desafío a concretar”, y se refieren de modo particular a “las deudas”, así como a “velar por el pago oportuno a los productores”.  Para lograr esto, la “nueva entidad” (la misma empresa-maruga con un nombre más bonito) “tendrá que trabajar con superior dinámica y agilidad en sus gestiones”.

¿Brindan los coautores algún elemento objetivo que permita concluir que en esta ocasión sí se logrará el impetuoso desarrollo productivo tantas veces prometido y jamás alcanzado? En absoluto. ¿En qué se basan para afirmar (aunque no lo hagan con esas palabras) que “ahora sí vamos a construir el socialismo”? ¿O que ahora sí Acopio va a funcionar debidamente? En nada.

¿A qué conclusión nos conduce toda la palabrería de la página del Granma? Los castristas siguen confiando en el mismo sistema que, durante el último medio siglo, lo único que ha garantizado es que las legítimas ansias alimentarias en Cuba queden insatisfechas.

Continúan convencidos de una cosa: lo correcto es que sea un burócrata (o un grupo de ellos, que para el caso es lo mismo), con sus posaderas cómodamente instaladas en una o sendas butacas, quien determine qué precio debe abonársele a un campesino por el fruto de su sudor, y cuánto (un múltiplo de la cifra antes mencionada) debe pagar el consumidor por ese mismo producto.

En el ínterin, países tan poco sospechosos de anticomunismo como China y Vietnam han evadido las hambrunas que antes padecían y han visto el impresionante aumento de su producto interno bruto (de verdad; no gracias a los malabarismos contables que, en su propaganda mentirosa, suelen usar los castristas cada vez que abordan este tema). Y todo ello, en el caso de ambos países asiáticos, gracias a las reformas profundas adoptadas.

Elemento central de estas últimas (y la que dio inicio a los respectivos procesos de normalización) son las del agro. ¿La receta? Sencillísima: Reconocer la propiedad del campesino sobre la tierra que trabaja; permitirle que siembre lo que tenga a bien; que, de la cosecha, pague un pequeño tributo para consumo social (un 10% es suficiente); y que con el 90% restante pueda hacer, literalmente, lo que le dé su real gana.

Con  medidas tan sencillas como ésas, China y Vietnam, “países hermanos” de Cuba (que son conceptuados como tales por ser también de marxismo-leninismo, partido único, dictadura y violación de los derechos humanos) comenzaron un desarrollo agrícola sorprendente.

Pero no; los castristas, insensibles al hartazgo del pueblo con su inoperante régimen de carestías, siguen apostando por el sistema de Acopio (eso sí, ahora convertido en un flamante “Grupo Empresarial subordinado al Consejo de Ministros”), así como por los ineficaces “Lineamientos” y por resoluciones que fijan los “precios máximos de acopio”.

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