¿A dónde va a parar la comida en Cuba?

¿A dónde va a parar la comida en Cuba?

En momentos en que se agudiza la escasez, el gobierno toma medidas que en realidad son para controlar, no para beneficiar a la población

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Cola en Cuba para comprar alimentos (foto archivo)

LA HABANA, Cuba. – A pesar de la sostenida escasez de productos agrícolas –y otros– que nos afecta, la dictadura utiliza los medios informativos a su disposición para tratar de engañar al pueblo divulgando unos supuestos buenos resultados obtenidos en este sector, resultados que la población nunca percibe. Es por eso que cuando alguien menciona el tema, su interlocutor, de forma jocosa, le recomienda buscar comida en la televisión.

También durante muchos años la prensa ha publicado artículos que reflejan los logros  alcanzados en la agricultura, así como el crecimiento en la cosecha de viandas, hortalizas, arroz, frijoles, frutas y hasta de cítricos –desaparecidos del mercado hace muchos años–, por lo que la gente se cuestiona a dónde va parar la comida, pues a la mesa del cubano no es.

Al hablar sobre esas noticias con Pepe Rodríguez, un especialista que dedicó muchos años a la agricultura, manifiesta: “Esos informes triunfalistas son tretas para ganar tiempo y mantenerse en el poder. Aunque con otra política se podrían lograr magníficos resultados, porque en Cuba hay un excelente clima y tierras muy fértiles. Pero en vez de eso, puedes vivir convencida de que aquí no hay peor bloqueo que el del gobierno cubano a los campesinos. Por eso dejé la agricultura, porque son muchas las trabas”.

Al mismo tiempo resultan irritantes las informaciones dadas a la prensa por dirigentes de la Agricultura, como la publicada en el Granma del 6 de febrero de 2020 donde Yojan García Rodas, jefe del Departamento de Cultivos Varios del Ministerio de la Agricultura, comentó: “Hace varios años la estrategia ha sido incluir en el programa de producción variedades de garbanzo, ya que es una semilla más noble y gasta menos recursos en fertilizantes, pesticidas u otros. Hoy trabajamos en una línea de desarrollo con capital extranjero”. Es inconcebible que se necesite capital extranjero hasta para cosechar granos.

Ante la nueva crisis, el régimen echa mano al recrudecimiento del bloqueo para intentar justificar las dificultades que atraviesa la agricultura y su incapacidad de producir alimentos para el pueblo. Pero si bien es cierto que el embargo incide, tampoco podemos ignorar que estos problemas datan de muy atrás (incluso en épocas de la URRS, cuando el embargo no se mencionaba), pues son consecuencia de las leyes draconianas impuestas a los campesinos a través de Acopio.

En sus inicios, los agromercados eran una buena opción, pero como sucede siempre con cualquier proyecto en nuestro país, después de un tiempo degeneraron. Comenzaron los robos en el pesaje y la mercancía perdió en cantidad y calidad. Hoy, aunque la población sigue acudiendo a ellos, las ofertas son casi nulas, por lo que a pesar del bajo poder adquisitivo (sobre todo de los jubilados) la única posibilidad se encuentra en los particulares, que también tienen menos que vender, pues según afirman, los nuevos precios impuestos por el Consejo de la Administración Provincial de La Habana a “los trabajadores por cuenta propia, los concurrentes a los mercados de oferta y demanda y los carretilleros” (periódico Tribuna, 2 de febrero de 2020) no les da margen de ganancia en algunos productos. Una vez más queda demostrado que cuando se pone límite a los precios, en la práctica lo que ocurre es que desaparecen las mercancías.

Al mismo tiempo, los trabajadores por cuenta propia incorporados a los mercados agropecuarios pueden vender, amparados en estas regulaciones, productos agrícolas con valor agregado al servicio al procesarlos y empaquetarlos, lo cual se traduce en precios hasta 40 % más altos que los aprobados para esta forma de gestión.

Y la escasez no se limita a viandas, frutas y vegetales. Ana Rosa, cuya mamá tiene anemia, me comentó que el médico le recomendó alimentarla con carnero, pero no lo encuentra. Añade que en algunas carnicerías sólo hay mortadela, y que leyó en el Tribuna que el precio del carnero quedaría a 50 pesos la libra.

El desabastecimiento en las “shoppings” (tiendas en divisas), agromercados, carnicerías y  pescaderías también es creciente. Cada día se hace más difícil encontrar proteínas para llevar a la mesa. A pesar de eso, durante el mes de enero el Ministerio de la Agricultura (MINAG) autorizó ampliar la venta (para el turismo) de productos agrícolas procesados y envasados y carne fresca congelada de ganado menor (ovino, caprino y cunícola) además de los productos agrícolas que venden desde 2013, incluyendo huevos de gallina y codorniz.

Y es que durante años los cubanos hemos estado atrapados en un sistema totalitario que nos ha sumido en la pobreza sin posibilidades de estabilidad ni bienestar. Es por eso que hoy más que nunca la incertidumbre de cómo vamos a resolver el mañana atenaza a la gran mayoría de las familias cubanas.

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Acerca del Autor

Gladys Linares

Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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