10 de octubre: el 150 aniversario de la Declaración de Independiencia

En este aniversario deberían justipreciar a forjadores de la República de Cuba que han quedado olvidados

Campana en La Demajagua. Foto Granma

LA HABANA, Cuba.- Este 10 de octubre se conmemora el 150 aniversario del Grito de Yara por Carlos Manuel de Céspedes, y el inicio de la Guerra de los 10 Años, en la finca La Demajagua, Manzanillo. Es la   fiesta nacional sobreviviente al triunfo de los rebeldes de la oriental Sierra Maestra el 1 de enero de 1959. Al respecto, Fidel Castro definió que su revolución era la continuidad de la lucha de los patriotas comenzada en 1868, y posteriormente de José Martí.

Raúl Castro está legando la continuidad de esa “revolución” a Miguel Díaz-Canel mediante la Constitución de 2019, “inspirados en el heroísmo y patriotismo de los que lucharon por la Patria libre (…), para prolongar el “socialismo y el sistema político y social revolucionario irrevocables”, bajo el poder del Partido Comunista, “fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”, (Artículos 3 y 5 del Ante Proyecto).

En este aniversario se deberían justipreciar a forjadores de la República de Cuba que han quedado olvidados, lo cual contribuiría al enriquecimiento cívico y cultural de los ciudadanos actuales. La publicación de sus escritos resulta indispensable, en lugar de continuar divulgando interpretaciones según criterios actuales.

Francisco Vicente Aguilera, (Bayamo 1819 – Nueva York 1877), es un ejemplo. “El millonario heroico, el caballero intachable, el padre de la república”, según José Martí, el 21 de junio de 1872 escribió en su diario: “hoy he amanecido tan azul que no he tenido 5 centavos para ir y venir de la oficina. Por la noche Eladio me prestó 35 centavos y fui a ver a Prieto a la calle 81”. Había sido el hombre más acaudalado de Oriente. El mayor general, secretario de la Guerra y vicepresidente de la República en Armas se encontraba en Nueva York, designado Agente General por Céspedes para conciliar las discrepancias entre los emigrados, recaudar recursos y enviar expediciones, en mayo de 1871. Consciente de la importancia de continuar esa labor, renunció en 1872 a la vicepresidencia, por la que habría ascendido a presidente en caso de fallecimiento o destitución de Céspedes.  

Posiblemente fue sometido al olvido muy intencionalmente por sus contemporáneos, e incluso por los de hoy, debido a que dijo algún día: “Los que hemos hecho la revolución, solo por el bien del país, sacrificando una fortuna respetable, una familia, delicias de nuestra vida, y una parte de esta, que vivimos miserablemente para no ser gravosos a la patria. Que no consentiremos nunca que nadie la defraude, que no tenemos delitos para buscar cómplices ni necesitamos más partidarios que la tranquilidad de nuestra conciencia, los que hemos hecho todo eso, amigo mío, solo recogemos decepciones amargas, muy amargas, y que se necesita todo nuestro amor a Cuba para seguir nuestro camino y cerrar los oídos no al canto de Sirenas como Ulises, sino a la estrepitosa algarabía de lo Sátiros. De allí amigo mío que aún me conserve en este puesto, banco de la paciencia, blanco de todos los pícaros, purgatorio de cualquier hombre honrado”. 

Sobre su esposa y madre de 10 hijos, Ana de Quindelán, decía: “Mi mujer me ha escrito de Jamaica diciéndome que le mande cualquier socorro porque le han faltado las mesadas de su padre, y no le he mandado ni un centavo, ni se lo mandaré tampoco”.

Aguilera empezó a conspirar en la década de 1850 y, en julio de 1866, junto a Pedro (Perucho) Figueredo, Francisco Maceo Osorio y otros notables de Bayamo, creó y fue el venerable maestro de la logia masónica Estrella Tropical No. 19, perteneciente al Gran Oriente de Cuba y las Antillas, donde se reunían aquellos cubanos que se preparaban para iniciar la lucha. Similares organizaciones crearon Salvador Cisneros Betancourt en Puerto Príncipe (Camagüey), Vicente García en Las Tunas y Carlos Manuel de Céspedes en Manzanillo. Estos patriotas procuraron la coordinación con La Habana, pero el grupo encabezado por los acaudalados Jesús Morales Lemus, anexionista, y Miguel Aldama, reformista, no los secundó.

Estos hombres se reunieron a comienzos de 1868 en San Miguel del Rompe, cerca de Las Tunas, en la Convención de Trizan, y debatieron, con disparidad de criterios, sobre el momento en que debía comenzar el alzamiento, que Céspedes tanto urgía. En ese entonces convinieron no insurgir hasta terminada la zafra. Aguilera aducía poder disponer de los fondos de la cosecha para la adquisición de pertrechos.

Reunidos el 6 de octubre, Céspedes, seguido por sus hermanos, Bartolomé Maso y una decena de compatriotas, decidió iniciar la lucha el 10 de octubre, lo cual comunicó al jefe Aguilera, quien apoyó la Declaración de Independencia firmada por el general en jefe Carlos Manuel de Céspedes, y en diversas oportunidades más, cuando el presidente trataba de imponer la unificación del mando único militar y el civil.

Las opiniones de José Martí sobre Aguilera se basan en las actividades, vicisitudes, privaciones materiales, sufrimiento familiar y desengaños similares, soportados durante muchos años en Nueva York. Para impulsar la independencia de Cuba ambos tenían que acercar las fuertes personalidades mambisas, recaudar fondos principalmente para enviar expediciones, lograr apoyo internacional, escribir, viajar, sortear la vigilancia de los espías españoles y desarrollar las relaciones con ejecutivos y el gobierno de Estados Unidos.

Fuentes

Diario y Correspondencia Francisco Vicente Aguilera en la Emigración (Estados Unidos) 1872, Tomo II.

Cuba. Forja de una Nación, Tomo I, Rolando Rodríguez

Biografías. Artículos, periódico La Demajagua

Documentos para la Historia de Cuba, Tomo I, Hortensia Pichardo

 

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