Eulogio Vilanova: “Cada día el béisbol es más malo en Cuba”

Vilanova, que pasó más de medio siglo en los dugouts, conversa con ‘CubaNet’ sobre sus años en el béisbol cubano y su posterior carrera dando clases privadas en Miami.
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LA HABANA, Cuba.- El progresivo desangramiento de la pelota cubana no se limita, como algunos podrían pensar, a la salida masiva del talento. Esa lógicamente es la parte que más duele, pero no puede pasarse por alto la emigración de mucha gente valiosa ligada al pasatiempo. Desde árbitros, activistas y fisioterapeutas hasta entrenadores y managers.

A esas dos últimas especies pertenece Eulogio Vilanova, un oriundo de Ciego de Ávila que pasó más de medio siglo en los dugouts para, luego de la larga aventura, convertirse en una suerte de biblia beisbolera.

Hoy con 68 abriles a cuestas, Vilanova le conoce los secretos más íntimos a un juego donde empezó a dejar su huella en plena adolescencia. Cuba debiera conocerlo más, y no solo por su etapa a la cabeza de los extintos Metropolitanos, sino también por un quehacer que en un momento dado lo convirtió en el único preparador que había dirigido en las categorías 10-12, 13-14 y 15-16 años, así como en los niveles Juvenil, Liga de Desarrollo y Serie Nacional.

Vilanova durante su etapa como entrenador de categorías inferiores en Cuba. (Foto: cortesía)

Porque a él le tocó venir de abajo. Vilanova no cayó en los puestos de mando por obra y gracia del capricho de un directivo autoritario, sino luego de una faena exitosa en los escalones EIDE, ESPA y Academia. Nada escapó a su mano y, de tanto sembrar, cosechó mucho.

Para fortuna suya y mala suerte del béisbol nacional, partió un día del año 2003 —otra raya para el tigre— en busca de mejores horizontes. Y como sabía lo suficiente y de su lado estaba la experiencia, hizo carrera dando clases privadas en Miami. Así, hasta que se despojó del uniforme no hace mucho.

Más sosegado, ahora es un entusiasta animador de las redes sociales (siempre con la pelota en el centro de la mira), y alguna que otra vez, acaso para mantener caliente el brazo, concede una entrevista como esta.

—Al nacer en Morón y ser amante del béisbol, su destino apuntaba a los equipos camagüeyanos o avileños. Sin embargo, no fue así. ¿Por qué?

—Así mismo. A nivel nacional trabajé en la capital, pero después de un buen tiempo ligado a la pelota de mi tierra natal.

Yo nací en Morón y allá jugué pelota desde niño. Luego, con solo 16 años fui entrenador de la EIDE en esa ciudad (categoría 13-14 años) y a la vez dirigí los equipos del municipio en los campeonatos provinciales de Camagüey. Posteriormente estuve en la preselección de Ganaderos para la Serie Nacional y, tras la división político-administrativa, trabajé con Mario Salas y Darío Cid en el equipo Ciego de Ávila durante la llamada Serie Especial.

Ya en los ochenta me fui a vivir a La Habana y empecé a trabajar en el Ciro Frías con Iván Davis y “Chico” Morilla, dos entrenadores reconocidos que habían sido peloteros profesionales. Ahí estuve con la categoría 10-12 años y al frente de Arroyo Naranjo gané el provincial, fui al nacional con Ciudad Habana y me impuse en la edición de 1990 con un equipo donde figuraban futuros estelares como Rudy Reyes, Serguei Pérez y Maique Quintero.

Junto a Carlos Tabares y Rudy Reyes. (Foto: cortesía)

—Una vez que empezó a dirigir en la capital lo hizo con Metros, pero supongo que en su fuero interno siempre estuvo latente la idea de llegar al dugout de Industriales. ¿Era así?

—Como mismo sucedía con los peloteros que comenzaban con Metros, pasaba con los managers. Después de cuatro años con los rojos me habían comentado que yo pasaría a los azules, pero (según me enteré más tarde) Víctor Mesa, quien  tenía mucha influencia en el béisbol cubano, le propuso a Humberto Rodríguez, entonces presidente del INDER, que se designara a Rey Vicente Anglada. Y así fue como yo no pude dirigir a Industriales.

—Al hablar con usted es inevitable transportarse al playoff del 2000 entre Metros e Industriales…

—Los difuntos narradores Héctor Rodríguez y Eddy Martin llegaron a comparar ese playoff con un juego Cuba-Estados Unidos. Eran los dos equipos de la capital y se jugó a estadio lleno entre un plantel de estrellas y otro de figuras en ascenso. Los Metros arrancamos ganando los dos primeros choques y a partir de ahí todo se complicó. En el público se generó un ambiente hostil y la situación fue verdaderamente negativa. Baste decir que en el tercer partido la afición nos empezó a tirar piedras y latas, y Nelson Díaz —un árbitro que tiene todo mi respeto— paró el juego y le dijo a la amplificación que anunciara que si seguían las agresiones contra los Metros, le aplicaría la regla del forfeit a los Industriales.

—¿Recibió algún tipo de presiones de las autoridades deportivas o políticas de la provincia para que le facilitara el avance a los Industriales en esa postemporada?

—Si lo afirmara estaría mintiendo. Eso me lo han preguntado numerosos fanáticos y periodistas y debo decir que a mí nadie se me acercó para pedirme nada. Fueron cinco tremendos juegos de pelota y sencillamente ellos remontaron la serie.

—¿Cree cierto que algunos jugadores de su equipo no pusieron el máximo esfuerzo en los juegos que le restaban al playoff?

—Yo no tengo pruebas de eso. Para mí es una sospecha infundada. El que ve los cinco desafíos se da cuenta de que los muchachos lo dieron todo.

—¿Es partidario de ese criterio generalizado acerca de que los Metros le jugaban con más ganas a Industriales que a los demás equipos?

—En las temporadas que yo dirigí los Metros fueron un equipo competitivo que formamos con figuras jóvenes y talentosas. Industriales, como es lógico, era el primer equipo de la provincia y al que ellos aspiraban a llegar, pero siempre se le jugó fuerte también a Pinar del Río, Matanzas, Villa Clara… Incluso en el Guillermón Moncada dábamos unos juegos peleadísimos contra la Aplanadora. En la época que yo dirigí, Metropolitanos siempre luchó contra todo el mundo.

Vilanova, béisbol

—La desaparición de los Metros ha sido un permanente motivo de discordia en la pelota cubana. ¿Cuál es su opinión al respecto?

—Ese fue un gran error. Pero para ser justo también hay que apuntar que se manejó mal el asunto con aquello de desangrarlos para abastecer a Industriales. Muchas provincias siempre estuvieron en desacuerdo con el hecho de que la capital tuviera dos equipos, pero resulta que los Metros eran competitivos. Sin embargo, luego el equipo dejó de serlo al perder continuamente a sus mejores figuras y por ahí vino la razón por la que lo sacaron del campeonato.

—¿Qué piensa de la pelota que se juega hoy en Cuba?

—Todo está atrasado, tanto el nivel de los peloteros como la preparación de los árbitros y la actualización de los técnicos. Pero siento que la mentalidad de los directivos ha incidido bastante en la situación actual.

—Usted desarrolló una larga trayectoria como entrenador en Miami. ¿Qué ajustes de tipo técnico o metodológico debió hacer para ejercer allá?

—Las diferencias entre un béisbol y otro son enormes. Aquí los padres pagan a todos los niveles y los muchachos lo tienen todo, desde pelotas hasta guantes y bates. En Cuba eran niños becados que jugaban a distintos niveles, y acá el padre lleva al chico a los coaches privados y costea esas clases. Hasta que el jugador no es firmado profesionalmente, su familia está pagando. Allá cada día es más difícil trabajar. No hay terrenos ni buenas ligas… Por eso es que ya los peloteros se van con apenas trece o catorce años. Cada día el béisbol es más malo en Cuba.

Cuba, Vilanova
Con Yunel Escobar. (Foto: cortesía)

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