Miguel Barnet: un animal de sueño

Miguel Barnet: un animal de sueño

Un documental sobre este autor de malas novelas, inferiores cuentos, y peores poemas, se dejó ver en la TV cubana

Miguel Barnet, presidente de la UNEAC (foto: radiohc.cu)

LA HABANA, Cuba.- Escribo estas líneas como quien mira un “paisaje después de la batalla”. Escribo después de mirar en la televisión nacional, la imagen de Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), quien también es miembro del Comité Central del Partido Comunista. Resulta que la televisión decidió hacer homenaje a la Cultura Cubana en esa jornada que comenzó el 20 de octubre, cuando por primera vez se cantó el Himno de Bayamo, y que se extenderá durante toda la semana, con la presentación de documentales que tienen como protagonistas a algunos artistas cubanos.

Un documental sobre Barnet, autor de malas novelas, inferiores cuentos, y peores poemas, se dejó ver. Quienes estuvimos frente a la pantalla del televisor pudimos verlo en su espaciosa casa del Vedado capitalino, rodeado de pintura cubana y de doce perros chihuahuas; estos últimos, según se dice, una de sus grandes pasiones. Y parece que es muy cierto el ardor que le despiertan esos animalitos. Ahora mismo recuerdo aquella vez que Prada, la famosa casa de modas, lo escogió, aunque todavía no sé por qué, como modelo, pero lo cierto es que en una de las páginas de la revista, el autor de Cimarrón aparece “vestido de Prada”, y arrobado con uno de sus perros diminutos.

En la cinta Miguel Barnet, un animal de sueño, el escritor habla del embeleso que sus perros le provocan, y también de su infancia, de sus estudios en Cathedral School, exquisito colegio norteamericano del Vedado en el que solo se aceptaban alumnos nacidos en el seno de familias con mucho dinero, y donde recibía, en inglés claro, una férrea educación religiosa… Lo más curioso vendrá luego…, cuando el autor de Cimarrón cuenta sobre los deseos que tal recinto despertaba en muchas, y pobrísimas, familias cubanas que soñaban con enviar a sus hijos a un colegio como aquel.

El escritor cuenta, hechizado todavía, sobre las bondades de la escuela norteamericana que le dio su primera educación, y también de aquellos que ‘’sin dinero’’ soñaron con ser matrícula del recinto, y hasta advierte como algunas veces se “colaba” un mulatico o una mulatica. Barnet usa el término “colaba”, ese que para un especialista en la lengua no es más que un copretérito del indicativo, pero para mí es mucho más. Ese, se colaban me revela, en algo, las verdaderas esencias del escritor comunista.

¿Qué significa colarse para un cubano?  Colarse es ocupar el lugar que no te pertenece, y eso hasta podría hacer creer que Barnet es capaz de comulgar con los presupuestos defendidos por la escuela norteamericana en la que estudió hace ya mucho tiempo. Esa expresión es sin dudas bien parecida a lo que explicara Gobineau, aquel que defendió la aristocracia cada vez que la cotejó con la democracia. ¿Me equivoco?

Decir que un mulatico o una mulatica consiguieron colarse en Cathedral, es defender las razones que usaba esa academia al defender  las diferencias culturales entre un negro y un blanco, esas, ya viejas y en desuso que defienden las superiores posibilidades de desarrollo cultural del hombre blanco, esas que suponen que las capacidades de desarrollo intelectual son infinitas para el blanco, mientras que el negro, el ‘’mulatico’’, la ‘’mulatica’’, son otra cosa. Y no olvidemos que el “mulatico y la mulatica” salen de la unión entre dos “razas”, y que algunas teorías discriminatorias suponía que esta liga era más desventajosa aun.

El libro más leído de Barnet, el que más reconocimientos obtuvo es, sin dudas, Cimarrón, aquel que salió de la mente y la voz de Esteban Montejo, un hombre negro que fue esclavo y cimarrón, un hombre que no pudo traspasar el umbral de Cathedral School, pero no debe olvidar Barnet que algunas, y nuevas, teorías culturales anuncian que este hombre negro es también autor de ese libro, aunque las múltiples ediciones del testimonio adviertan, únicamente, como autor a Miguel Barnet.

Todavía ahora, mientras escribo estas líneas, se celebran jornadas que exaltan la cultura nacional, pero que también excluyen, que suponen que tales festividades son patrimonio exclusivo de los “revolucionarios”. La televisión sigue señalando a sus artistas “mejores”, pero olvida a Cabrera Infante y a su hermano Saba, olvida a Reinaldo Arenas, Severo Sarduy, Heberto Padilla. ¿Creerán que ellos no cuentan? ¿Suponen que el Himno de Bayamo no fue cantado también para ellos?

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