La hermandad de los negritos de Sevilla

La hermandad de los negritos de Sevilla

A pesar de la agresiva dialéctica anticatólica de determinados sectores, conforma uno de los testimonios y mecanismos más tangibles de piedad y solidaridad

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El Cristo de la Fundación durante su salida de la capilla de los Ángeles (foto El correo de Andalucía)

ESPAÑA. – La Semana Santa de Sevilla es conocida a nivel mundial como un referente de religiosidad, tradición y cultura. Una de las hermandades que irán forjando esta semana que se acerca (y que en Sevilla se vive todo el año) es la conocida como “de los Negritos”, que hunde sus raíces en la Edad Media; largo período histórico en el que los musulmanes controlaron el trasiego de esclavos y oro desde África a la Península Ibérica, y conforme los cristianos iban ganando posiciones desde el norte de la Península, se encontraban con algunos grupos de población negra. Siendo Sevilla una salida estratégica al océano Atlántico a través del curso del río Guadalquivir, desde los siglos XIII al XV será un enclave predilecto de la Corona de Castilla en gran escalada con el vecino Portugal. Las guerras entre moros y cristianos se prolongarán durante siglos (incluso después de la Toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492), siendo que traerán consigo esclavos europeos en África y esclavos africanos en Europa; extendiendo este execrable tráfico humano al Nuevo Mundo.

En el caso sevillano, en 1393 el cardenal Gonzalo de Mena fundó un hospital para acoger a los esclavos negros que, envejecidos o enfermos, eran abandonados a su suerte por sus amos. Pronto se convirtió en un efectivo mecanismo de fe e integración, pues no en vano, también pulularon numerosos negros y mulatos libres, pasando muchos de ellos a América. Así, en Cuba quedó el recuerdo de los negros curros llegados de Andalucía, ligados a una suerte de folclore picaresco.

Conocida en un principio como Cofradía de los Morenos, y a partir del siglo XVIII como Hermandad de los Negritos, rápidamente se destacaría esta hermandad por su piedad, pues no en vano, fue la iniciadora del Via Crucis hacia el templete gótico-mudéjar de la Cruz del Campo, forjando el culto externo que iría inspirando en el futuro la Semana Santa tal y como se irá moldeando hasta la actualidad.

En 1550 se adquirieron los solares actuales donde se edificó capilla propia, llamada Capilla de los Ángeles, cerca de donde estuvo la Puerta de Carmona; siendo aprobadas sus reglas en 1554.

Si bien la primera devoción de los negros de Sevilla fue la Virgen de los Reyes, pasará a ser la Virgen de los Ángeles uno de los titulares de la cofradía, así como el Cristo de la Fundación y San Benito de Palermo. La importancia de este santo es fundamental, pues confirma el carisma franciscano ya existente en la devoción a la Virgen de los Ángeles. Además, el culto a este santo siciliano de origen africano pronto tuvo predicamento por todo el continente americano, sirviendo la hermandad de los negros de Sevilla como modelo de las cofradías de negros que se extendieron desde México a Sudamérica. Todavía en el Perú gozan de muy buena salud las cofradías de San Benito de Palermo y San Martín de Porres, herederas del carisma de los negros de Sevilla.

Situándonos en el contexto histórico de esta hermandad, cabe destacar que la ciudad que fue conocida como puerto y puerta de Indias vibraba a través de sus hermandades por el Dogma de la Inmaculada Concepción. Sin embargo, en 1615, un religioso díscolo pronunció un sermón en el que no comulgaba con la Pura Concepción de Nuestra Señora, provocando gran revuelo en la urbe andaluza; destacándose así Moreno y Molina, miembros de la hermandad de los negros que decidieron empeñar su libertad para conseguir fondos para celebrar fastos de desagravio en defensa de la virgen. Tal gesto fue reconocido en la ciudad a tal punto que sus nombres fueron inscritos en el siglo XX en la Plaza del Triunfo, muy cerca de la imponente y gótica catedral.

En el siglo siguiente destaca, empero, la figura de Salvador de la Cruz, quien pasó a la historia como “el negro de la Casa Onda”. Ingresó en la hermandad que nos ocupa en 1729. Siendo mayordomo, recaudó muchas limosnas de las casas más nobles de Sevilla, lo que ayudó a incrementar el patrimonio de la cofradía. Tan grande era su devoción que acabó habitando en un cuarto próximo a la capilla de los Ángeles. Desde 1740 se encargó de ser la cabeza visible de la corporación convenciendo al cardenal Solís (también conocido como el cardenal espadachín) para que fuera recibido como hermano mayor perpetuo; cargo que es renovado desde entonces por todos los arzobispos y cardenales que ha tenido Sevilla; siendo que el cargo equivalente al hermano mayor de otras cofradías, en los Negritos se llama “alcalde”.

En los siglos XVIII y XIX, la población negra decayó bastante en la ciudad, por lo que ya en el XIX, los blancos fueron integrando sus filas. La cofradía contaba con devotos en buena parte de la ciudad, mas hasta el año 1848 sólo podían ser hermanos personas de raza negra. Con todo, así como contó con mucha devoción y simpatía, también se tuvo que enfrentar a la injusticia de impedimentos y discriminaciones que se prolongaron en determinados periodos históricos. Pero pasaron los siglos e incluso desaparecieron ciertas cofradías y hasta el monasterio de San Agustín que rodeaba su perímetro; pero la Hermandad de los Negritos, de orígenes tan humildes, sin embargo, se mantuvo en pie y, de hecho, disfruta de una salud envidiable.

Ya en pleno siglo XX, se vinculó con la hermandad Antonio Machín, cantante cubano afincado en Sevilla, quien cuenta con un monumento –con sus características maracas- muy cerca de la capilla de los Ángeles, a la que mira eternamente. De hecho, la canción “angelitos negros” encontró un eco real, pues en los frescos de dicha capilla figuran querubines morenos, motivo que, la hermandad sigue trabajando en su iconografía actual.

A pesar de la agresiva dialéctica anticatólica de determinados sectores, lo cierto es que la Hermandad de los Negritos, siendo su actual alcalde Felipe Guerra Vázquez, conforma uno de los testimonios y mecanismos más tangibles de piedad y solidaridad, obteniendo un merecido reconocimiento social por su contribución en pro de los desfavorecidos, manteniendo su esencia y despertando cada vez mayor interés por parte de devotos y estudiosos debido a sus carismáticos orígenes.

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