Juventino Rosas y Guantánamo

Juventino Rosas y Guantánamo

Pocas personas conocen que el músico mexicano estuvo en la más oriental de las provincias cubanas, en mayo de 1894

GUANTÁNAMO, Cuba.- Este 9 de julio se cumplen 124 años de la muerte de José Juventino Policarpo Rosas Cadenas, más conocido como Juventino Rosas, autor del famoso vals Sobre las olas y primer músico mexicano que alcanzó renombre internacional.

Nació el 25 de enero de 1868 en Santa Cruz de Galeana, estado de Guanajuato, en el seno de una familia muy pobre pero de sensibilidad artística e  intensamente vinculada a la música. La madre de Juventino, Paula Galeana Cadenas era, además de ama de casa, artesana; el padre, Jesús Rosas,  un músico campesino que tocaba el arpa y hasta un hermano mayor nombrado Manuel tocaba la guitarra.

Ese ambiente influyó en Juventino, quien desde niño anduvo por cantinas y  cuanta fiesta de pobres apareciera en el horizonte para obtener algunas monedas con las cuales paliar la enraizada pobreza familiar.

A los catorce años tuvo la suerte de que José Reyna —director de orquesta que luego se convirtió en su protector y amigo— lo contratara. Esto permitió que Juventino perfeccionara el dominio del violín, pero también que se vinculara a un estilo de vida bohemio que lo convirtió en un dipsómano, dependencia que dio al traste con su vida cuando apenas tenía 26 años.

Murió en el Surgidero de Batabanó un día como hoy, pero de 1894. Entonces su vals se interpretaba y tarareaba en los más prestigiosos escenarios, siendo curioso que cuando Juventino lo compuso no había visto el mar.

Juventino, Boti y Guantánamo

Pocas personas conocen que Juventino Rosas estuvo en Guantánamo en mayo de 1894 y que en esta ciudad hizo amistad con el entonces joven —y aún desconocido poeta— Regino E. Boti. Este dejó constancia de ello mediante varias anotaciones que se conservan en el Archivo que lleva su nombre, a cargo de su nieto, el Dr. Regino G. Rodríguez Boti, quien basándose en ellas recreó la estancia de Juventino en Guantánamo, suceso que forma parte del libro Bajo el cielo de México —de su autoría— publicado en el 2006 por el Instituto Mexiquense de Cultura y del que hemos tomado toda la información para redactar este artículo.

Juventino llegó a Guantánamo visiblemente enfermo, procedente de Sancti Spíritus, donde actuó en el Teatro Principal el 28 de marzo de 1894. A pesar de su fama su situación económica era pésima. Actúo en el Salón Masón y en el liceo La Luz —hoy cooperativa gastronómica “Las ruinas”, en la confluencia de las calles Calixto García y Emilio Giro— que entonces era un importante centro cultural.  Allí también se presentaron el violinista José White y el brillante orador Antonio Zambrana. Fue el lugar que recibió los primeros ejemplares de la revista La edad de oro, creada por José Martí, para que fuera distribuida en Cuba.

La amistad entre el mexicano y Regino E. Boti surgió en el establecimiento “La puerta del sol”, situado en la esquina formada por las calles Calixto García y Crombet. En un artículo titulado Juventino Rosas: Recuerdos del autor de “Sobre las olas”, publicado por el semanario Orbe el 5 de abril de 1931, Boti dejó constancia de ello. El guantanamero había sido enviado allí por su padre, con el objetivo de que se adiestrara en la práctica comercial para que luego se hiciera cargo de los negocios de la familia. Como simple dependiente del bar, Boti conoció a Juventino. Sobre ese encuentro escribió: “Por la  mentada puerta se me presentó una mañana Juventino Rosas. Iba a tomar un trago. Como pelado genuino se acercaba al altar sin púrpura. El alcohol no era mágico por la liturgia, sino la liturgia mágica por el alcohol. El hombre era un dipsómano a la pata llana.”

“Llegó a la villa precedido de una popularidad estruendosa: su presencia en el escenario constituyó un éxito atronador. Juventino Rosas formaba parte de la orquesta italo-mexicana de Bancuilli, que adquirió fama tocando en la Exposición Universal de Chicago. Entonces el vals Sobre las olas era cantado, silbado, musitado, gritado, por todo el mundo.”

Boti se las arreglaba para satisfacer gratuitamente la dipsomanía de Juventino sin que el dueño del establecimiento se percatara y por eso las tertulias etílicas entre ambos y otro individuo identificado en las anotaciones del bardo como F.M., se hicieron habituales. Profundizaron la amistad, tanto, que el mexicano le dedicó una foto suya y llegó a pedirle a Boti que pusiera letra a su famoso vals. Sobre este particular escribió el guantanamero: “Divulgando la temible letra, el Diario del Comercio trastornó la paz de un anodino día aldeano. ¡Qué escandalazo! Ya mi padre me había escrito reprendiéndome por lo hecho y todavía no le había pedido los tres pesos que el señor José Mendoza cobraba por la inserción del comunicado. Porque como comunicado se publicó”.

Sumido en la inopia, Juventino decidió irse de Guantánamo. Seis años antes había vendido los derechos del famoso vals y otras composiciones suyas por solo 45 pesos a la casa de música norteamericana Wagner & Levien, que se encargó de divulgarlas por el mundo y, de paso,

Para que pudiera pagar su transportación vía marítima hacia Santiago de Cuba y cubrir los gastos de su estancia allí, Boti promovió una colecta pública. Juventino deseaba proseguir viaje hacia La Habana, pero murió frente al mar de Batabanó, mientras, quizás en su memoria, se deslizaban las notas de su obra inmortal.

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