Un interrogatorio en la “era” Díaz-Canel

Un interrogatorio en la “era” Díaz-Canel

“Tú no has sentido todavía el peso de la mano de la Seguridad del Estado”

(Foto: victorcandel.com)

LA HABANA.- El opositor y caricaturista Ilei de Jesús Urrutia Álvarez fue citado el jueves 3 de mayo para presentarse en la 11ª Estación de la Policía al siguiente día a las 10:00 am. Una vez en la mencionada estación, refiere, dos agentes de la policía política llegaron y lo condujeron a una pequeña oficina, pero no por la puerta del frente, sino por la parte de atrás, pasando “casualmente” por el pasillo central de las dos hileras de celdas que componen los calabozos y que él conoce bien, pues recuerda que en el 2006 lo “hospedaron” allí por 13 días, antes de ser condenado a dos años de trabajo correccional sin internamiento por el controvertido delito de “índice de peligrosidad predelictiva”, debido a sus actividades en la oposición.

El interrogador principal, que según recuerda Urrutia dijo llamarse José y ser capitán, centró sus esfuerzos en obtener su colaboración con la Seguridad del Estado. A cambio, ellos mejorarían su situación financiera, se encargarían de la salud de su madre —que padece de Alzheimer—, lo ayudarían a escalar a los más altos puestos dentro de la oposición. Por último, le ofrecieron darle todas las herramientas necesarias para ayudarlo a emigrar como refugiado político.

Como el opositor se negó rotundamente a colaborar, pues declara que nunca fue, es ni será comunista, socialista, ni revolucionario, el interrogador y su ayudante, cuenta, pasaron a la siguiente fase: le recordaron que es un artista que vende sus pinturas y esculturas de manera ilegal y que saben dónde las vende. Insinuaron que podían procesarlo nuevamente y que sería él el único responsable de que su madre, de 80 años y con Alzheimer, quedase desamparada cuando él fuera a prisión.

Le advirtieron que esa era la última oferta que le hacían, y que ese no sería el único “encuentro” que tendrían. Y para finalizar, recuerda una amenaza que el capitán José le recalcaba con pequeñas variaciones: “Tú no has sentido todavía el peso de la mano de la Seguridad del Estado”.

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