“Drag Putin”

“Drag Putin”

La imagen remite al colorido retrato que hizo Andy Warhol de Marilyn Monroe, y muestra a Putin, como una relumbrante drag queen

“Drag Putin” (Foto cortesía del autor)

 

LA HABANA, Cuba.- Durante los días de la Copa Mundial de Fútbol en Moscú hubo una especie de licencia momentánea, y el gobierno de Vladímir Putin le cedió algunas pequeñas libertades a la comunidad LGBTI. Para no dar una imagen demasiado retrógrada, quedó en suspenso la represión homofóbica hasta que acabara el magno evento deportivo, se fueran los visitantes y los ojos del mundo miraran a otro lado.

Así, la bandera arco iris pudo ondear en los estadios, aun durante el discurso inaugural de Putin. Para más, seis activistas de Argentina, México, Colombia, Holanda, Brasil y España —cada uno con el pulóver de su selección, completando los seis colores— se atrevieron a desfilar por las calles de Moscú formando un pabellón viviente para celebrar, como en muchos otros países, el mes del Orgullo Gay.

Ya antes se habían dado reacciones que, dentro y fuera de Rusia, combinando la creatividad y el humor, resistían y ridiculizaban la homofobia de las autoridades. En 2013, había sido aprobada una ley que condenaba toda expresión homosexual en espacios públicos, lo que enardeció al enorme segmento de la población rusa que apoya esta discriminación, pero provocó también una enorme ola de protestas.

En las manifestaciones, se usaron muchos lemas e imágenes, a veces con cierto humor, para mostrar lo absurdo y lo injusto de prohibir y castigar conductas que en muchas naciones, sobre todo en las desarrolladas, eran consideradas normales y no atentaban contra ningún derecho ajeno. Una imagen se volvió entonces muy popular en esas demostraciones públicas: un retrato editado en Photoshop de Vladímir Putin muy maquillado y con los colores de la bandera LGBTI de fondo.

La imagen remitía al colorido retrato que hizo Andy Warhol de Marilyn Monroe, y esta apariencia de Putin, más que como una relumbrante drag queen, fue descrita como un “gay clown”, un payaso gay muy serio con pestañas postizas y los labios pintados. Eso era demasiado ofensivo para quien había cultivado obsesivamente un look de machote autoritario.

A principios de 2017, el póster fue incluido entre las imágenes prohibidas por el Ministerio de Justicia cuyo uso sería penado por la ley como material “extremista”, en este caso porque permitía “suponer una orientación sexual no tradicional del Presidente de la Federación Rusa”. De inmediato, como era de esperar, el retrato del gay clown, impulsado por la censura, se hizo viral en las redes sociales.

Un cubano en Escandinavia

Si conocí esta ingeniosa imagen desde 2013 es porque conocía al autor. Pablo Pérez, un viejo amigo que había dejado la carrera de medicina en los años ochenta para convertirse en programador, porque había nacido para eso, sin duda alguna, y a esa profesión se dedicó primero en Cuba y luego en Estados Unidos, hacia donde emigró, y más tarde en Rusia y, por último, en Finlandia, país en que reside con su esposa norteamericana desde hace varios años.

“Autorretrato” (Foto cortesía del autor)

Pero Pablo tenía una sensibilidad de artista flotando entre los algoritmos de su mente y, además de ser un melómano irremediable, se apasionó tanto por la fotografía que llegó a ganar concursos y a publicar algunas fotos en revistas. No obstante, lo que más atrapó su creatividad fueron los programas de edición fotográfica, porque así podía reunir su dominio de la computación con su vocación por la imagen capturada. Y de vez en cuando me enviaba algunos de sus trabajos en Photoshop. Así que me pareció tan ingenioso como significativo aquel “drag Putin”.

Muchas personas pensaron lo mismo. “Un remix que hice de Putin estilo Warhol con un arcoiris detrás”, así me describió lo que había hecho: “Lo subí en el 2013 a un sitio que pedía remixes de Putin con arcoiris. Luego la imagen se regó por todos lados y se mezcló, y de vez de en cuando aparece de nuevo en las noticias y alguien me avisa”.

Así pasó el tiempo y ya ni él mismo se acordaba mucho de aquel Putin colorido, hasta un día de inicios de 2017: “Esta vez resulta que la imagen ha vuelto a resurgir porque el Ministerio de Justicia de Rusia la ha incluido en la lista de materiales extremistas prohibidos. Ja! ¡Extremista!”, me escribía Pablo, entre asombrado y divertido.

“Con anterioridad se hizo popular cuando el sitio To Russia With Love la usó en el banner y Conchita Wurst, trans ganadora de Eurovision apareció en una foto con ella”, me cuenta y me envía la dirección. Luego me remitió a otras direcciones en Internet donde se usaba la foto, como Russian Court Bans Image Suggesting Putin Is Gay (Moscow Times).

Y también: Russia bans picture of Vladímir Putin in drag (The Guardian), Special edition beer called Hello my name is Vladimir, or To Russia With Love (Denmark).

El pequeño zar de la “democracia administrada” —así se le llama a su estilo autoritario— no pudo evitar que esa imagen, tan odiada por él, le diera la vuelta al ciberespacio. Su manía de mostrarse en poses hipermasculinas, practicando artes marciales, montando a caballo, portando armas, enseñando su torso de atleta, combinada con su enfermiza y dañina homofobia, lo hace merecedor de esa y otras imágenes que lo ridiculizan y lo denuncian.

Vladímir Putin, uno de los hombres más ricos y poderosos del mundo, es un gran desconocido también, sobre quien muchos proyectan sus ilusiones y sus miedos, y ha logrado, de cierta manera, fascinar incluso a algunos de sus rivales políticos.

“Jimi Hendrix” (Foto cortesía del autor)

Entre las pocas cosas que se saben del presidente ruso, y que resulta reveladora, está su afición por coleccionar sellos de correo con figuras célebres, a lo que debemos sumar que él mismo es una temática filatélica, pues en las estampillas postales rusas aparecen continuamente su rostro, sus frases, sus visitas y los lugares en los que vivió o trabajó.

No hace mucho le preguntaron al poeta polaco Adam Zagajewski si le temía a Putin y él respondió que sí y que no: “No tengo miedo de que vaya a invadir mi país o cualquier otro de mi entorno”, confesó, pero “sí tengo miedo del estilo que ha introducido en la vida política, la brutalidad de sus acciones y sus palabras. Eso sí me asusta, pero seriamente hablando no temo que un día sus tanques avancen sobre Cracovia”.

Sin embargo, Garry Kaspárov, que abandonó el ajedrez para unirse al movimiento democratizador en Rusia, lo ve como un tirano depredador que “ha probado la sangre y ya no va a parar”. No importa cuánto se le ofrezca para saciarlo: según el Gran Maestro, “no puede parar ya porque, en el momento en que pare, se verá débil a los ojos de los rusos”.

En cuanto a la imagen creada por Pablo Pérez y hoy censurada por el Kremlin, uno de los detalles que más me llama la atención es que se trata de uno de los pocos retratos en que Putin mira de frente, pues normalmente sus helados ojos de escualo evitan ser leídos para que no se haga evidente que no dicen nada en absoluto, que su mirada no tiene relación alguna con lo que diga su boca.

“Eliades Ochoa” (Foto cortesía del autor)
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