Acosta Danza presenta su temporada “Rituales”

Acosta Danza presenta su temporada “Rituales”

Con esta obra, Acosta Danza ha cerrado su décimo ciclo de forma exitosa, y ostensiblemente inclinada hacia los estilos contemporáneos

Los bailarines Marta Ortega y Raúl Reinoso en la obra Soledad. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- Como cada invierno desde su fundación, Acosta Danza presentó un nuevo programa en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”. Tres estrenos y una reposición conformaron la temporada “Rituales”, doblemente atractiva por el regreso de la coreógrafa Marianela Boán, considerada una figura ineludible en los predios de la danza contemporánea cubana.

La autora de “El cruce sobre el Niágara”  ̶ obra que ha sido interpretada por Acosta Danza dentro y fuera de la Isla ̶  creó una coreografía original para la nómina que dirige el multipremiado bailarín Carlos Acosta, experiencia que marca su reencuentro con la escena cubana luego de dieciséis años de trabajo en el extranjero. “COR” es una pieza cargada con las impresiones y la emoción de quien se adentra en el re-conocimiento de su país y procura colegiar estas nuevas realidades con el horizonte de su nostalgia.

La propia Maestra la define como “una obra muy física pero también muy contaminada”, premisa que ha sido constante en su arte; donde confluyen los lenguajes clásico y contemporáneo, además de romper los límites entre la danza y otras expresiones artísticas. En “COR” los bailarines cantan y tocan la rumba “Consuélate como yo”, una canción que evoca el desamor y la pérdida de los sueños sobre el arreglo musical de Pepe Gavilondo, asiduo colaborador de la compañía.

Para sorpresa del auditorio, cantan muy bien los bailarines de Acosta Danza. Sus voces, guiadas por la Maestra Alina Orraca, ciertamente le dieron otro vuelo al espectáculo. Asimismo, el profesor Lino Pedroso se encargó de las clases de percusión y el trabajo con un símbolo tan cubano como son las tumbadoras, que se mantienen en escena durante toda la coreografía, adquiriendo distintos significados.

El segundo estreno de la noche fue “Portal”, del español Juanjo Arqués. Entre los muchos aspectos interesantes de la obra figura el hecho de que su autor no había visitado Cuba cuando Carlos Acosta le pidió crear una coreografía para Acosta Danza. Arqués tuvo que partir de un profundo estudio sobre la cultura cubana que le permitió emprender su propio viaje de descubrimiento. A medida que los contrastes de Cuba, su historia social, su riqueza cultural, su luz… iban ocupando lugar en el imaginario del coreógrafo, el concepto fue tomando vida, atravesado por inquietudes más universales.

“Portal” encierra una poderosa carga semántica, expresada desde el diseño escenográfico con una puerta que pende sobre las cabezas de los bailarines. Es una metáfora sobre la incertidumbre que impera en la sociedad cubana, inmóvil en el umbral de algo desconocido que podría resultar de una u otra manera; pero solo hay un modo de saberlo.

Para ilustrar los contrastes y cerrar con una energía muy positiva, Arqués escogió la música de Ariwo, una banda cubano-iraní que experimenta con ritmos folclóricos y sonoridades electrónicas, mezcla que confiere a la puesta en escena un sabor contemporáneo y a la vez raigal, propio.

Para cerrar el cartel de novedades subió a las tablas “Soledad”, del catalán Rafael Bonachela. Esta coreografía que sobresale por su carácter intimista, concentra todo el peso dramático en los avatares de una pareja, al estilo de piezas como “Nosotros” (Raúl Reinoso/Beatriz García) y “Derrumbe” (Miguel Altunaga), presentadas en temporadas anteriores de Acosta Danza.

Los roles del terremoto emocional correspondieron a Marta Ortega y Raúl Reinoso durante la noche de estreno. Otro dúo formidable, equilibrado, perfecto para ilustrar desde el movimiento las luces y sombras presentes en cualquier relación amorosa. Al igual que “Derrumbe”, “Soledad” es una obra traumática que lleva al extremo la condición física para reflexionar sobre la agonía, el resentimiento y el dolor que antecede a la ruptura definitiva.

La aplaudida coreografía Paysage, soundain, la nuit, del coreógrafo sueco Pontus Lindberg, regresó al escenario del Gran Teatro para deleitar al auditorio con su bucólica sensualidad sobre un paisaje rural creado por la artista Elizabet Cerviño, y animado por la música de Leo Brouwer con arreglos contemporáneos.

Con “Rituales”, Acosta Danza ha cerrado su décimo ciclo de forma exitosa, y ostensiblemente inclinada hacia los estilos contemporáneos. No obstante, para quienes echan de menos los códigos clásicos, se avecina un homenaje a la Maestra Ramona de Saá que coincidirá con el tercer aniversario del debut de la compañía. El mes de abril será recibido “en puntas” por una de las nóminas más virtuosas de la danza en Cuba.

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