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Jueves, 23 de noviembre 2017

¿Y la libertad de Cuba, qué?

Es difícil creer tanta ingenuidad e ignorancia de parte de los legisladores estadounidenses

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El turismo continúa su ascenso como uno de los sectores económicos fundamentales (Foto: Fernando Medina Fernández/Cubahora)

SAN JUAN, Puerto Rico.- Un grupo de senadores bipartidistas ha presentado un Proyecto de Ley para liberalizar los viajes de turistas a Cuba. También se ha radicado otro proyecto de ley para permitir las exportaciones de ciertos productos agrícolas a ese país. Algunos de los legisladores que promueven tales medidas argumentan que representarían cerca de 2 mil millones de dólares anuales en comercio para los Estados Unidos. De hecho, el secretario de agricultura nombrado por esta administración, Sonny Purdue, es partidario de que los bancos norteamericanos financien las compraventas de productos con Cuba.

El senador republicano por Wyoming Mike Enzi, con sagaz malabarismo retórico, argumentó que la medida es una vía de “circulación no solo de bienes, sino de ideas, ideas de libertad y democracia”. Por su parte, la senadora por Minnesota Amy Klobuchar dijo que tal medida “crearía oportunidades para el pueblo cubano”.

Nos es difícil creer tanta ingenuidad e ignorancia de parte de dichos experimentados legisladores. Ellos saben muy bien que en Cuba existe un régimen totalitario donde se conculcan todas las libertades fundamentales del pueblo cubano. Ellos están muy bien informados sobre el hecho de que todo comercio con Cuba se hace a través del Estado cubano y que redunda en beneficio de la dictadura y de las arcas de la casta gobernante que controla el poder político y económico del país. Estos congresistas están muy conscientes que, al final, los grandes beneficiarios de ese comercio serán los altos jerarcas de la nomenclatura cubana. El pueblo solo tendrá migajas y explotación, tal como lo ha estado sufriendo por más de cinco décadas. Saben también que, en muchas ocasiones, los productos que han recibido como ayuda a Cuba de parte de sus aliados, el régimen, en vez de entregarlos al pueblo, los ha vendido por divisas en el exterior. Divisas que van a parar a los bolsillos de los jerarcas en cuentas bancarias en paraísos fiscales.

En realidad, ellos no están buscando el beneficio, ni las libertades de los oprimidos cubanos, sino enriquecer los grandes intereses económicos que, posiblemente, financien sus costosas campañas políticas.

Estos son los mismos que cuando se acercan las elecciones, comparecen ante los exiliados pidiéndoles el voto, retratándose en los lugares iconos del exilio y prometiéndoles que harán “villas y maravillas” por la libertad de Cuba. ¡Hipócritas!

Ellos olvidan defender los intereses de los que están esclavizados, en franca contravención a los postulados universales sobre los derechos del hombre que contiene la Constitución de los Estados Unidos y que recoge la Carta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Ellos son los mismos que se llenan la boca en sus tribunas electorales hablando de la libertad para los cubanos, mientras por detrás promulgan medidas que solo benefician a la dictadura castrista.

Mientras proponen la liberalización de los placenteros viajes de turistas y los jugosos negocios con Cuba, también con conocimiento de los legisladores, la dictadura castrista golpea todos los domingos a las Damas de Blanco, destruye las iglesias evangélicas que no se arrodillan ante los opresores, encarcelan a los opositores que claman porque se les respeten los derechos humanos al pueblo, hostigan a los hijos menores de los opositores que demandan justicia para el empobrecido pueblo cubano, y silencian a golpe y cárcel a los periodistas independientes que tratan de divulgar los horrendos atropellos y abusos al pueblo que comete la dictadura.

Desean los viajes por la libre a Cuba para los americanos, mientras el régimen dictatorial discrimina contra sus propios ciudadanos y nacionales cubanos exigiéndoles una visa, alias “permiso de viaje”, para visitar su propia tierra que los usurpadores en el poder le han robado, convirtiendo su patria en una finca privada de los opresores castristas.

Nos recuerdan estos legisladores de esta gran democracia a la hipocresía de los fariseos que se ufanaban de la pulcritud y el cumplimiento de los preceptos del judaísmo, mientras por detrás hacían todo lo contrario a cambio de acumular monedas de oro. Las mismas treinta monedas por las cuales vendieron al Cristo para crucificarlo.

La libertad de un pueblo no se logra enriqueciendo y fortaleciendo a los opresores, sino arruinando las economías de los tiranos y debilitándolos en su poder. Pero lo real es que hay quienes tienen por motivación, solo el afán de poder y riqueza que esconden tras poses y discursos demagógicos y patrioteros. Estos son los viles hipócritas, fariseos de la democracia, aliados sutiles y encubiertos de los tiranos.

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