Totalitarismo Vs Religiosidad

Totalitarismo Vs Religiosidad

La religión es el opio de los pueblos, dijo Lenín. Frente a esto, José Martí, djo: “Todo pueblo necesita ser religioso. No solo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo”

Dios es energiaQUITO, Ecuador -Múltiples investigaciones de carácter histórico, social y antropológico demuestran con certeza el comienzo, la extensión, esplendor y decadencia de varias religiones en el mundo. Actualmente se afirma que el nacimiento de Jesús tuvo lugar antes de Cristo, es decir, antes de la era cristiana, y la hipótesis de que el comienzo de nuestra era se inicia con el nacimiento del redentor, va quedando en duda. Todo gracias a la investigación histórica. Pero lo que no puede determinarse, aunque si suponerse, intuirse o imaginarse, desde el punto de vista histórico, es el origen del sentimiento de religiosidad en el hombre, lo que se supone, ha estado presente desde los comienzos mismos de la civilización humana, como necesidad inherente a su propio devenir social. El más colosal de los cubanos, José Martí afirmó:

“Hay en el hombre un conocimiento íntimo, vago, pero constante e imponente, de un gran ser creador: este conocimiento es el sentimiento religioso, y su forma, su expresión, la manera con que cada agrupación de hombres concibe este Dios y lo adora, es lo que se llama religión. Por eso en lo antiguo, hubo tantas religiones como pueblos originales hubo; pero ni un solo pueblo dejó de sentir a Dios y tributarle culto, la religión está pues en la esencia de nuestra naturaleza. Aunque las formas varíen, el gran sentimiento de amor, de firme creencia y de respeto, es siempre el mismo. Dios existe y se le adora”.

Si partimos de la sabia enseñanza del verdadero maestro, comprenderemos que la idea de la religión y el sentimiento de la religiosidad no pueden ser desprendidos del hombre, pues <la religión está en la esencia de nuestra naturaleza>. El hecho de intentar despojarnos de la religión equivale a dañar nuestra esencia como humanos. Ningún ser aislado o sistema social tiene el derecho a tratar de eliminar ese sentimiento, ni a prohibir la existencia de cultos, formas de adoración, instituciones u organizaciones destinadas a estos fines.

La idea asumida por el <pensador del mundo del trabajo> acerca de que la religión era el opio de los pueblos, sin duda, ha tenido sus consecuencias en aquellos países que se declararon socialistas y defensores de las ideas marxistas. Los practicantes de la Iglesia Ortodoxa en Rusia, Ucrania, Serbia, Georgia, Rumanía, Estonia y Bulgaria, sufrieron la persecución del régimen comunista impuesto, pero permanecieron fieles a sus convicciones y sobrevivieron en su afán de la búsqueda de la verdad a partir de la adoración al creador y sus mediadores. “La religión subsiste. (…) El hombre es eminentemente religioso” y atentar contra ella es hacerlo contra el hombre.

Los mandatarios cubanos de la segunda mitad del pasado siglo, como parte de su fracasado proyecto socialista, trataron de eliminar la religión católica del pueblo cubano al declarar a la nación Socialista, lo que suponía un ateísmo total. Como todos sabéis, aunque algunos lo olvidan, a los que profesaban su fe se les persiguió en los años iniciales del llamado proceso revolucionario, se les negó la posibilidad de cursar estudios universitarios, se les mantenía marginados en sus centros de trabajo y otros fueron retirados o invitados a dejar sus cargos. Con la nacionalización de todo, se suprimió la enseñanza religiosa y se cerraron los centros educacionales patrocinados y sostenidos por instituciones religiosas. En su lugar aparecían escuelas ateas y la mística palabra amorosa y compasiva del crucificado redentor fue sustituida por importadas consignas como la célebre: proletarios de todos los países uníos, el mensaje vengativo y de odio del <caballero gallardo, sin tacha y sin miedo> y la sentencia: pioneros por el comunismo, aun cuando los infelices niños no tienen la menor idea de lo que significa ser comunista.

La Navidad y la Semana Santa, las mayores festividades de la cristiandad, celebrados por todos los pueblos cristianos del mundo, fueron abolidas como acontecimientos de carácter popular. Los niños y jóvenes que fueron creciendo privados de dichos acontecimientos no tienen idea de su significado religioso y social. Fue necesaria la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba para que el presidente del momento accediera y permitiera el 25 de diciembre como día libre para que los cubanos celebraran su Navidad.

Las procesiones, actos públicos, reuniones, etc. han de ser autorizadas por parte del gobierno, como dueños absolutos de todo y de todos, que a diferencia de otros países, se mantienen aislados, sin participar en este tipo de evento, permaneciendo fieles y firmes a su ideología marxista y a su criterio de que <la religión es el opio de los pueblos>, pero convencidos de que no pudieron eliminar del pueblo su sentimiento religioso, por cuanto, ya lo había profetizado Martí: Todo pueblo necesita ser religioso. No solo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo”.

Pero como <Dios existe, en la idea del bien> y <vela el nacimiento de cada ser y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura> y <El bien es Dios> y su lágrima es <la fuente de ese sentimiento eterno>, jamás abandona a sus criaturas y las bendice siempre, aún más, cuando sus criaturas se han tenido que enfrentar a la adversidad, a la discriminación y a la persecución, por el solo hecho de defenderle y de proclamarle como Padre y de tomar a su hijo monógeno como guía. Por eso, acudiendo de nuevo a la palabra del maestro: “la religión no muere, sino se ensancha y acrisola, se engrandece y explica con la verdad de la naturaleza y tiende a su estado definitivo de colosal poesía.

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