Los pies de barro de las dictaduras

Los pies de barro de las dictaduras

El castrismo ha dejado ver su naturaleza despótica, al tiempo que su mayor debilidad

Patrulla de policía en La Habana (Twitter)

SAN JUAN, Puerto Rico.- La organización Cuba Decide y la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia galardonaron con el premio ‘Oswaldo Payá, Libertad y Vida’ al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro y, también, con mención especial, a la ex ministra de Educación y ex diputada chilena Mariana Aylwin Oyarzun, hija del difunto expresidente de Chile Patricio Aylwin.

También contarían como invitado de honor al expresidente de México Felipe Calderón Hinojosa. El premio sería entregado de manos de la joven opositora Rosa María Payá en una sencilla ceremonia en una humilde casa sita en la Calle Peñón No.221 en el municipio Cerro, La Habana. A la actividad se invitaron, también, a destacados opositores dentro de Cuba.

El régimen entró en pánico y su asustadiza reacción no se hizo esperar: Le negaron las visas de entrada a la exministra Mariana Aylwin, al expresidente Felipe Calderón y al secretario general de la OEA, Luis Almagro. No conforme con eso, la dictadura comenzó a reprimir a los opositores invitados, deteniendo algunos y prohibiéndolos salir de sus casas a otros. Ese, por ejemplo, fue el caso de la periodista independiente Sol García Basulto y del vicepresidente para Cuba de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y coordinador de enlace del Encuentro Nacional Cubano (ENC) para Cuba, Henry Constantín Ferreiro.

Para más histeria, la dictadura desplegó un fuerte operativo policial  frente a la casa humilde donde, sin la presencia de los invitados especiales y los galardonados, pero con un gran valor, los organizadores del evento otorgaron en ausencia a los distinguidos invitados y los  homenajeados, los merecidos premios por haber defendido los derechos humanos en Latinoamérica.

Los medios de comunicación oficialistas de la dictadura y su cancillería entraron en pánico y alegaron que se trataba de “montar en La Habana una abierta provocación contra el Gobierno cubano, generar inestabilidad interna, para dañar la imagen internacional del país y, a su vez, afectar la buena marcha de las relaciones diplomáticas de Cuba con otros estados”.

Con tales hechos, cualquier persona sensata estaría preguntándose ¿Cómo es posible que un gobierno que tanto alardea de su poder, fuerza e invencibilidad, reaccione tan histérica y dramáticamente ante un simple y sencillo acto pacífico, donde asisten algunas personalidades y un grupo reducido de personas dentro de una casa de familia?

La respuesta es simple: ¡Tienen miedo!

Todos los insistentes alardes de poder y los despliegues demostrativos de fuerza, desfilando por las calles del país tanques, soldados y cañones y en donde se llevan, sacándolos de sus trabajos, al pueblo trabajador y a los estudiantes para desfilarlos masivamente cargando telas y pasquines con brabucones lemas, y despotricar los oradores del régimen desde sus tribunas, amenazas a los que se les oponen y arengas recalcando la invencibilidad del régimen… se esfumó como por arte de magia, con una simple y modesta actividad, que, ante el mundo, desenmascaró el carácter dictatorial del gobierno cubano, provocó que veinte expresidentes latinoamericanos condenaran la dictadura castrista y dejó en ridículo al régimen.

Con estos hechos, una vez más quedó demostrado que todas las dictaduras tienen  pies de barro. Su debilidad está en su falta de legalidad y de razón. Su temor es al pueblo enardecido, lanzado en las calles, harto del abuso y la arbitrariedad constante de los usurpadores. Su miedo los lleva a expulsar del país, a reprimir, encarcelar, y matar a los que se les oponen. Estas son las manifestaciones del pavor que le tienen al pueblo que oprimen.

Su reacción desproporcionada contrasta con el ambiente de tolerancia y libertad de cualquier otro país donde reina un Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos. En esos países, este hecho hubiese pasado apenas apercibido, pero en la Cuba castrista resulta ser una afrenta y amenaza seria contra al régimen. La realidad es que ellos saben que son débiles y que en el fondo del silencio de cada ciudadano oprimido está el rechazo a los opresores.

Ese rechazo silente del pueblo terminará un día, cuando, hastiados, dé un grito de libertad. Lo hemos visto antes a lo largo de la historia, en otras latitudes, el despertar de los ciudadanos airados, cansados de soportar el yugo y lanzarse a las calles dando al traste con los tiranos. La historia está llena de ejemplos; desde la toma de la Bastilla en Francia en 1789 hasta las masivas protestas en las calles de Polonia, Checoeslovaquia, Rumanía o Alemania Oriental en la década de los ’80 contra la opresión soviética.

El general Raúl Castro y su oligarquía tienen miedo, porque saben que un día, con una chispa impredecible y espontánea, el pueblo cubano repetirá la historia gloriosa que se vivió tras la oprobiosa Cortina de Hierro, desmoronado los pies de barro de una tiranía.

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