“Los cinco”, la Asamblea Nacional y las divisiones del castrismo

“Los cinco”, la Asamblea Nacional y las divisiones del castrismo

Ha quedado en evidencia más que nunca una ruptura dentro de las filas oficialistas

De izquierda a derecha, Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González (ACN)

MIAMI, Estados Unidos.- Olga Salanueva, esposa de René González, uno de “los cinco”, fue obligada a quitar de su página pública de Facebook la carta protesta por la exclusión de tres de ellos de la lista de los diputados designados para la Asamblea Nacional.

Pero eso no pudo ocultar las fracturas en las filas castristas, la inconformidad de muchos con el sistema electoral, su falta de transparencia y el poder democratizador que van tomando en Cuba Internet y las redes sociales.

Nunca antes nadie había protestado públicamente porque dejaran fuera de esa candidatura a alguien. Es primera vez que esto ocurre en Cuba y ha sido de una manera muy llamativa.

Las manifestaciones en las redes fueron múltiples. Van desde exponer que cualquiera de los cinco “tiene más mérito, está más probado y está mejor preparado que el mismísimo Díaz-Canel para ser el presidente de la República”, hasta exigir que sean incluidos los tres que faltaron en el listado o que se dé una explicación pública sobre la exclusión.

Lo cierto es que los cinco son más conocidos que Díaz-Canel en todo el país. Hasta sus familias son conocidas y han sido agasajadas. Las esposas y madres de “los cinco” participaron en toda la “batalla” internacional que se dio por su liberación. La campaña por los cinco posiblemente igualó en movilización a la “batalla” por Elián González y Olga Salanueva fue una de las voceras de aquella campaña, ampliamente conocida por muchos cubanos y extranjeros.

Unos se preguntan por qué los otros dos sí, y estos tres no. ¿Es que acaso hay “algún problema” con ellos? ¿Y por qué los otros dos no han protestado, cuando siempre iban unidos a todas partes?

Todo el mundo sabe que esa lista se cocina al más alto nivel, de manera que se trata de una protesta de las propias bases políticas del partido-gobierno, contra las decisiones de las altas esferas.

Más allá de la protesta por la falta de consideración a los cinco, lo que estamos viendo es que en Cuba dejó de existir la unanimidad sobre la cual reposaba el modelo político instaurado por Fidel Castro, al que pocos se atrevían a protestar algo desde el sistema.

Ya no es igual. Hace rato se viene diciendo que sin Fidel no es lo mismo. El modelo centralista que llega al absurdo de que la mitad de la lista de designados a diputados es aprobada por la máxima instancia y la otra mitad por los órganos intermedios dependientes todos de la dirección central del PCC, ha entrado abiertamente en contradicción con sus propias bases de sustentación, al no ser capaces de darles participación real en el sistema electoral.

Éste, de paso, entra en crisis, porque sus mecanismos antidemocráticos han dejado fuera personas de amplia popularidad y reconocido prestigio según el pensar del oficialismo mismo.

Habría que preguntarse qué otros cubanos con capacidades y cualidades nunca fueron propuestos por el sistema antidemocrático, sin que hubiera nadie que lo expresara simplemente porque no se les conocía, porque no había los medios de comunicación actual o porque fueron aislados, excluidos a propósito.

Se ha evidenciado especialmente el papel democratizador de internet y las redes sociales que han permitido la denuncia de Olga Salanueva y además de las miles de opiniones que han inundado los espacios de debate, con comentarios de figuras de la cultura y la intelectualidad como Israel Rojas, del dúo Buena Fe, la periodista Mylena Recio, el cantautor Silvio Rodríguez, el profesor Esteban Morales y otros.

Y en este momento de exclusiones, ¿cómo no recordar las presiones y acciones de la Seguridad del Estado para evitar siquiera que fueran nominados ciento y tantos opositores que aspiraban a participar en las elecciones de base? Exclusiones iguales.

Simultáneamente llama la atención la exclusión de la lista del Coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, a quien muchos consideraban su delfín y futuro Presidente. El mismo es presidente Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, que controla los aparatos de Inteligencia y Contrainteligencia; firmó importantes acuerdos de seguridad con el Gobierno ruso y negoció con la administración Obama el restablecimiento de relaciones, sin que nadie haya protestado por ello públicamente.

No es fácil explicar esa exclusión. Pero cuando todo se maneja en las sombras, cuando no hay transparencia, inevitablemente surgen las especulaciones. Ya hay quien piensa que los militares pragmáticos están incómodos con la represión que él encabeza contra la oposición y la disidencia por sus consecuencias para las relaciones comerciales internacionales, y hasta lo relacionan con los supuestos ataques sónicos que han empeorado los vínculos con EEUU y especialmente dificultado la captación del turismo estadounidense. Podría ser el chivo expiatorio con el que traten de salvar la situación ante EEUU.

Otros consideran que se trataría de un pase de cuentas del sector fidelista más retrógrado por el acercamiento “peligroso” a EEUU, o quién sabe si una combinación de ambos aspectos.

No faltan los que lo consideran una jugada maquiavélica de Raúl, sacrificando un caballo en el juego de ajedrez del poder interno, a cambio fortalecer la posición de la dama, Mariela.

De momento hay algunas conclusiones muy claras. Este hecho y la respuesta en las redes evidencia cuatro elementos fundamentales de la situación actual del Castrismo. Uno: el sistema político no es democrático ni para el mismo oficialismo. Dos: Aunque el régimen no admite discrepancias en sus filas, ya no existe la pretendida unanimidad sobre la cual descansaba el castrismo. Tres: internet y las redes sociales han demostrado su fuerza democratizadora. Cuatro: existe una contradicción irreconciliable entre el sistema centralista de control y decisiones y las demandas democráticas de las bases del propio sistema.

De momento puede apuntarse que todo forma parte de lo que parece ser el lento pero seguro final del castrismo.

[fbcomments]