Hacia el rescate de la religiosidad desde el libre pensar

Hacia el rescate de la religiosidad desde el libre pensar

La expresión puede ser censurada por parte del gobierno comunista, pero nuestro pensar jamás podrá ser controlado

La imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre es llevada en una peregrinación (foto tomada de internet)
La imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre es llevada en una peregrinación (foto tomada de internet)

QUITO, Ecuador – Recientemente un lector comentaba el escrito que dediqué a la visita del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos. Retomó textualmente la siguiente frase mía: “el pueblo cubano debe continuar rescatando su religiosidad”, agregando a continuación: “Pero nunca se logrará una verdadera religiosidad sin libertad de pensar, opinar y elegir. Por eso se debe pedir el fin del régimen dictatorial que oprime y manipula a su pueblo”.

El lector ha sido muy preciso y directo en su valoración. Esta idea ha servido para este artículo que pretende explicar, en cierta medida, este punto, tal vez contradictorio del escrito. Cuando me referí al rescate de la religiosidad, traté de reafirmar la idea de retomar nuestras raíces religiosas, las que son profundamente católicas. Téngase presente nuestro vínculo durante varios siglos con España, país de fuerte tradición católica.

Resulta conocido por todos el proceso de colonización de grandes extensiones del continente americano y particularmente el de Cuba. La colonización no solo suponía una dependencia de la isla caribeña a España, sino la asimilación de muchos aspectos de su cultura y tradiciones. Así, dejaron su impronta lo mismo en las comidas y la forma de vestir, que en el arte. Recordemos el desarrollo de la zarzuela cubana a partir del género chico español y nuestra música campesina con sus décimas y tonadas, las que tienen más de español que de africano.

La religión católica se impuso desde los tiempos iniciales de la colonia a través de un proceso de evangelización. Las intenciones fueron buenas, si consideramos la idea de llevar el mensaje redentor del Cristo crucificado a todas partes del mundo, pero tras dicha evangelización se perdía lo que los europeos consideraron formas inferiores de adoración y cultos tradicionales. Estas concepciones tan ortodoxas fueron determinantes para que los españoles impusieran el cristianismo tradicional en los pueblos de “Nuestra América”, en los cuales se mantiene hasta nuestros días la religión cristiana en su modalidad de catolicismo.

Cuba no ha sido una excepción. La independencia de España se alcanzaba tardíamente, si se le compara con otros territorios de Latinoamérica, pero la influencia de su cultura y tradiciones ha perdurado. La declaración del carácter socialista de la revolución cubana en 1961 por el Dr. F. Castro cambió el sendero de Cuba. La prohibición de la práctica de la religión, el cierre de los colegios de enseñanza religiosa y la imposición de la filosofía marxista-leninista, como forma oficial de filosofía, contribuyeron al deterioro gradual del esplendor que tuvo la religión cristiana. A pesar de la aparente apertura de los últimos años, no podemos considerar que el pueblo cubano –que profesaba libremente su fe– tenga actualmente un verdadero y profundo sentimiento religioso.

En los últimos años se ha desatado un movimiento muy extenso de ciertas tendencias afrocubanas, ya sea de forma independiente, o mezcladas con la fe católica. Los cultos ancestrales africanos siempre existieron desde la llegada de estos a Cuba, pero siempre se habían mantenido limitados a ciertas comunidades y pequeños círculos. Los toques de santo, bembé y otras formas de ritos han sido conocidos por todos los cubanos, pero algo es saber de su existencia y respetarlos y otra cosa diferente es que las prácticas de estos ritos cada vez lleguen a más seguidores. La televisión y la radio han contribuido a difundir estas tendencias, llamadas en la actualidad religiones, pero en realidad muy distantes del significado y la esencia del verdadero sentido de la religiosidad. Turistas extranjeros y cubanos residentes fuera de Cuba se acercan cada vez más atraídos por estas formas ancestrales, los que pagan inmensas sumas a sus “padrinos y hermanos de fe” para lograr su iniciación.

Esto no es religión y religiosidad, como tampoco lo es la reiteración de fórmulas y frases oracionales que se dicen sin poner todo nuestro corazón en ellas, o el fanatismo extremo de las sectas protestantes, cargadas de odios y rencores hacia sus semejantes católicos. El rescate de la religiosidad supone retomar la esencia de la tradición del pueblo cubano, que es católica, vista desde una perspectiva de hombres librepensadores, de mentes abiertas, carentes de dogmas sin sentido, asumiendo la esencia de todas las verdaderas religiones del mundo y no desprendiendo la rica filosofía cristiana –lamentablemente tan olvidada en nuestros días– de los rituales, ceremoniales y aspectos simbólicos.

En Cuba la violación del principio de la libertad de expresión y de pensamiento es un hecho innegable. La expresión puede ser censurada por parte del gobierno comunista, pero nuestro pensar jamás podrá ser controlado. La idea expresada por el lector acerca de que “nunca se logrará una verdadera religiosidad sin libertad de pensar, opinar y elegir”, es válido en cierto sentido. Es cierto que no se puede opinar y elegir en un sistema totalitarista. Pero el pensar será siempre libre.

Medio siglo de comunismo impuesto no debe considerarse una barrera para el cultivo del intelecto y el desarrollo de la espiritualidad. Dijo el Apóstol de América: “La religión subsiste a pesar de los que, so pretexto de mantenerla, acarrean sobre ella los mayores conflictos. El hombre es eminentemente religioso”. Considerando esta sentencia martiana, hemos de rescatar la religiosidad desde la perspectiva del descubrimiento de la grandeza de la enseñanza y del mensaje recóndito más allá de una escritura, de un ritual o de un símbolo.

La frase atribuida a Nuestro Redentor: “La verdad os hará libres”, debe ser fuente de inspiración para todos. Proclamar la verdad con el pensamiento, nos conducirá necesariamente a proclamarla con la expresión. Esta ha de ser nuestra arma para demostrar a todos los sistemas totalitaristas del mundo que no podrán impedir que subsista un espíritu de verdadera religiosidad entre los hombres.

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