Escalones del infierno

Escalones del infierno

¿Puede Venezuela estar más hundida en la crisis?

Venezolanos con víveres tomados de una tienda saqueada (Carlos Eduardo Ramírez/Reuters)
Venezolanos con víveres tomados de una tienda saqueada (Carlos Eduardo Ramírez/Reuters)

NUEVA YORK, Estados Unidos.- Cuando se estima que Venezuela no puede estar más hundida en la crisis de todo tipo que la afecta, surge un nuevo escalón en el infierno en que está sumida.

La falta de efectivo para comprar lo poco que hay en el mercado es el último escalón hasta el presente, que ha generado la ira del pueblo y lo ha hecho protestar contra un gobierno inepto que solo aumenta diariamente los problemas.

El malestar estalló en disturbios y saqueos a comercios en varios puntos de Venezuela. Los muertos, heridos y la militarización son consecuencias directas de las protestas que estremecen hoy Venezuela.

La ineptitud e improvisación de Nicolás Maduro se demostró una vez más, al crear la crisis actual al retirar los billetes de cien bolívares, sin antes reemplazarlos por otra denominación similar.

Ahora, quizás por orden de La Habana, se retractó y anunció prolongar la vida de ese billete hasta el 2 de enero del próximo año.

Las irresponsables medidas monetarias tomadas por el mandatario han provocado una escasez de circulante y han acrecentado la angustia y el pánico de millones que poseen los billetes antiguos y que han tratado de cambiarlos por las nuevas denominaciones, pero éstas todavía no están en el país.

Maduro se ha disculpado de nuevo con el supuesto “enemigo”, atribuyendo a un sabotaje internacional “del imperio” el que los nuevos billetes no hayan llegado a Venezuela.

Los venezolanos han tratado desesperadamente de canjear los billetes de cien bolívares, muchos provenientes de sus ahorros y que, por disposición del gobierno de Caracas, se convirtieron en papeles sin ningún valor en el mercado nacional y extranjero.

Por otra parte, el cierre de las fronteras con Colombia y Brasil, ordenado por Maduro, ha acrecentado la crisis, ya que eran los países donde los venezolanos se procuraban los alimentos y medicinas, faltantes en su propia nación.

El papa Francisco tendrá una razón más en su conciencia para golpearse el pecho en un nuevo “mea culpa”, por entrometerse a favor del gobierno de Maduro.

Su intervención en el fracasado diálogo solo ha prolongado la crisis, dándole oxígeno y más ínfulas a un hombre que se sospecha no es ni siquiera venezolano, pero que responde a los intereses del gobierno de Cuba, adonde acude periódicamente a recibir nuevas instrucciones de sobrevivencia y cavar, de paso, un nuevo peldaño en el infierno de la nación bolivariana.

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