UM y el ICCAS: La academia del destape

UM y el ICCAS: La academia del destape

Julio Frenk se ha comprometido a explicar al exilio por qué fue destruida una de sus más queridas y fructíferas instituciones

Jaime Suchliki (izq.), director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos, y Andy Gómez, entonces alto directivo de la entidad, en una imagen del 2006 (miamiherald.com)

MIAMI, Estados Unidos.- El destape. Esa es la siguiente fase del affaire del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami (UM). Trascendidas las fases de liquidación y encubrimiento, el señor Julio Frenk, presidente de UM, se ha comprometido a explicar al exilio por qué fue destruida una de sus más queridas y fructíferas instituciones. La cita es el próximo viernes 18.

La fase de liquidación fue brutal. Los directivos y el personal del ICCAS recibieron un tajante aviso de despido. Sin pastelitos. A Jaime Suchlicki, director de la institución, lo retiraron con uno de esos generosos acuerdos que rezan entre líneas: “Vuela y cállate”. Ante la reacción, yo diría moderada, del exilio, Frenk desplegó entonces la fase de encubrimiento. El despido no era despido. Suchlicki se retiró y no lo retiraron. Andy Gómez, el director interino, declaró que el ICCAS había perdido el centro y nuestra prensa liberal, tan aguda para ver la paja en el hombro conservador, salió a celebrar esta victoria de la integridad académica.

A estas alturas, ya están sobre la mesa las principales piezas del rompecabezas. Frenk vino a UM como parte del paquete del cambio-fraude en Cuba. Hace un año, la victoria de Hillary Clinton estaba cantada. No cabe dudas que su administración hubiera continuado la política de acercamiento a Raúl Castro. En esta coyuntura, Frenk era un candidato ideal. Admirador del sistema de salud cubano (¿a dónde lo habrán llevado?), con contactos profesionales y de amistad en la cúpula dirigente, su visión del exilio se corresponde con la de nuestro sector colaboracionista y los empresarios encandilados por la promesa raulista de convertir la isla en un paraíso para los turistas y una factoría con mano de obra barata bajo estado de sitio.

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El Nuevo Herald

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