Tres años que hundieron a Venezuela

Tres años que hundieron a Venezuela

Maduro cumple la mitad de su mandato. Analizamos los datos del deterioro económico, político y social durante su gestión

Nicolás Maduro sabe que ya no tiene respaldo popular (foto: EFE)
Nicolás Maduro sabe que ya no tiene respaldo popular (foto: EFE)

(Por Dario Mizrahi/Infobae).- Nicolás Maduro empezó su presidencia con el pie izquierdo. Un mes después de la muerte de Hugo Chávez, las elecciones convocadas para confirmarlo como nuevo líder bolivariano casi terminan en un fiasco: le ganó a Henrique Capriles por sólo 224 mil votos, en comicios plagados de irregularidades.

Si la gobernabilidad era todo un desafío en ese momento, tres años después es casi una quimera. El derrumbe de la economía, acompañado por un aumento sostenido de la represión política, derivó el 6 de diciembre pasado una estrepitosa derrota electoral, la primera del chavismo en 17 años. La Mesa de la Unidad Democrática obtuvo una mayoría de dos tercios en la Asamblea Nacional.

Pero Maduro insiste en mantener el mismo rumbo que lo llevó al desastre. Eso significa profundizar la crisis económica e incrementar el aislamiento político, bloqueando todas las iniciativas del nuevo Parlamento a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que controla a voluntad.

Imposibilitada de ejercer su tarea legislativa, la oposición avanza en la remoción del Gobierno a través de un referéndum revocatorio. Ésta herramienta, creada por la Constitución Bolivariana impulsada por Chávez en 1999, está pensada para empoderar al pueblo frente a sus dirigentes. Se puede ejecutar al cumplirse la mitad del mandato presidencial, al que Maduro arriba este martes 19 de abril.

Antes y después de Maduro

“Los indicadores económicos de estos tres años, cualquiera sea el que se escoja, son todos negativos. La inflación, la deuda externa, la deuda interna, el déficit fiscal, la evolución de los salarios, no hay ninguno que sea favorable. Y los índices sociales que se derivan también son regresivos: pobreza, inseguridad, salubridad, deserción estudiantil. Son todos muy malos”, dijo Héctor Lucena, doctor en ciencias sociales y profesor de la Universidad de Carabobo, consultado por Infobae.

Causa escalofríos comparar los principales datos de la economía de 2012, meses antes de que asumiera Maduro, con los de 2015, luego de casi tres años en el poder. El PIB pasó de crecer un 5,5% a contraerse un 7 por ciento. Las reservas internacionales se redujeron casi a la mitad, de 29.890 a 16.310 millones de dólares. La inflación creció más de diez veces, de 20,1 a 270%, y las proyecciones para 2016 son astronómicas.

Pero lo más terrible es lo que pasó con la pobreza, porque si algo prometía el chavismo era erradicarla. Sin embargo, prácticamente se triplicó en este período, en el que pasó del 27,3 al 73% de los hogares, el máximo de la historia democrática del país, según un estudio conjunto de las universidades Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar. El único “logro” social que puede esgrimir el gobierno es que la desocupación creció apenas una décima, de 5,9 a 6%, lo cual es lógico dado que están prohibidos los despidos.

A este verdadero drama se suma uno igualmente grave, pero más difícil de cuantificar: la galopante escasez de bienes de primera necesidad, medicamentos e insumos para el sistema de salud. El desabastecimiento de alimentos oscila entre un 50 y un 80%, dependiendo del rubro, según un informe reciente elaborado por empresarios del sector. Para la Federación Farmacéutica de Venezuela, ronda el 70% la falta de remedios de uso masivo.

“En términos generales, lo que se ha deteriorado es la capacidad de gestión del Estado, que ni siquiera cumple con las funciones básicas de mantener la libertad y la seguridad de las personas. Mucho menos las actividades económicas y regulatorias propias de un Estado de Bienestar. Es un fracaso”, afirmó Luis Gómez Calcaño, profesor emérito del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela, en diálogo con Infobae.

Lo más difícil de entender para un observador que no esté imbuido en la compleja política venezolana es por qué el Gobierno insiste una y otra vez con el mismo programa que lo está llevando a la perdición. Eso tiene mucho que ver con que Maduro carece de la autoridad para modificar el rumbo fijado por Chávez.

“El problema —dijo Gómez Calcaño— es la dificultad para sustituir un liderazgo muy personalista, con mucha concentración de poder, por un liderazgo más compartido. Aunque cuando estaba Chávez también había rivalidades e internas, él era la autoridad máxima, lo que permitía que se pudieran tomar decisiones. Una característica de estos años es que las definiciones se posponen lo más posible, o se toman medidas y después se retractan, o se anuncia una cosa y luego no se concreta. Hay una crisis de gobernabilidad”.

No sólo se derrumbó la economía y el bienestar social durante la gestión madurista. Las libertades políticas, que ya estaban muy comprometidas en 2012, retrocedieron de forma alarmante. El dato empírico más claro es el aumento de los presos políticos. La lista está conformada por al menos 78 dirigentes, entre los que se destacan prominentes líderes opositores, como Leopoldo López, jefe del partido Voluntad Popular, y Antonio Ledezma, alcalde de Caracas. López fue condenado a casi 14 años de prisión en un juicio que, según terminó confesando el fiscal de la causa, estuvo digitado de principio a fin por el Poder Ejecutivo.

Leopoldo López y Antonio Ledezma, los presos políticos más importantes de Venezuela (foto: Infobae)
Leopoldo López y Antonio Ledezma, los presos políticos más importantes de Venezuela (foto: Infobae)

Revocatorio

La gravedad de la crisis y el aumento de la represión llevaron a la oposición a ponerse de acuerdo en buscar la salida anticipada de Maduro. Tras muchas discusiones internas, acordó apostar al referéndum revocatorio como la vía para conseguirlo. No será nada fácil.

“Hay mucha confusión. El Consejo Nacional Electoral (CNE) no facilita la información sobre el procedimiento. Rechaza las solicitudes pero no dice por qué. Yo mismo, que trabajo temas electorales, estoy buscando la normativa vigente y no puedo acceder a ella. Tampoco los partidos saben bien los pasos que tienen que seguir. Pareciera que estamos en un limbo”, explicó Héctor Briceño, jefe del área sociopolítica del Cendes, consultado por Infobae.

“El revocatorio necesita la ayuda de cierta movilización ciudadana. Por eso, en uno o dos meses habrá nuevos llamamientos de las fuerzas de oposición a que las acompañen en las calles para impulsarlo. Si hay referendo no cabe la menor duda de que el Gobierno lo perdería”, agregó.

El proyecto presenta tres inconvenientes. El primero es que los requisitos para convocarlo son muy exigentes si no se cuenta con el aparato estatal: hay que reunir las firmas del 20% del padrón electoral, es decir, casi 4 millones de personas. El segundo es que tienen que apurarse a completar el proceso antes del 9 de enero de 2017, porque si se concretara después de esa fecha, Maduro se iría igual, pero su vicepresidente terminaría el mandato. El tercero es el más decisivo. Como el Gobierno controla al CNE, tiene todas las herramientas que necesita para obstaculizar y demorar el proceso. Por lo pronto, ya rechazó cuatro pedidos de la MUD para entregar las planillas en las que se deben presentar las firmas.

“Las elecciones del 6 de diciembre fueron el reflejo de la situación que vivimos —dijo Lucena—. En cualquier otra votación que haya habrá resultados más contundentes. Así se explican las trabas burocráticas para la materialización del revocatorio. Pero en la medida que se vuelvan más descaradas, el país entrará en una fase más tensa y violenta. La MUD confía en algunos mecanismos formales, institucionales, pero la población es escéptica respecto de que funcionen”.

Con la Asamblea Nacional y la opinión pública en contra, Maduro se apoya exclusivamente sobre dos instituciones: el TSJ y las Fuerzas Armadas. Los militares controlan gran parte del aparato estatal y productivo, así que están muy comprometidos con el sostenimiento del régimen que les concedió esas prerrogativas. Mientras esto se sostenga, será muy difícil que prospere cualquier intento de democratización y de cambio.

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