Censura comprada

ALGUNOS de los campeones latinoamericanos de la lucha contra el imperialismo, amigos y protectores de los pobres, enemigos a muerte del capital, se valen del dinero y de las estructuras del mercado para estrangular con guantes quirúrgicos los medios de prensa que resuellan todavía en sus países. Otros, utilizan lo que han llamado el vil metal para impedir que los ciudadanos toquen la libertad aunque sea en las pantallas de los ordenadores.

En Venezuela, el chavismo le ha pasado la tarea de controlar la información y las opiniones a empresarios cómplices y oportunistas. Esos personajes, que gestionan con la anuencia gubernamental sus fortunas en otros dominios, compran los medios independientes y enseguida imponen una línea editorial inaceptable para los profesionales libres, como ha sucedido con el canal de noticias Globovisión.

Nicolás Maduro, su equipo y sus asesores están interesados ahora en que los camaradas ricos que le acompañan en la travesía hacia la ruina del país adquieran otras emisoras de televisión y un periódico de tirada nacional. Para algunos expertos de aquella zona, esa filosofía está en las agendas íntimas de muchos dirigentes de los países del Alba. Es una forma de callar las voces divergentes sin necesidad de clausurar el medio o de utilizar mecanismos de fuerza directa contra los periodistas.

En la isla de Cuba el uso del dinero para la censura es diferente. Allí no hay prensa, pero internet existe y la gente lo sabe. Sólo los diplomáticos, empresarios extranjeros y personal de confianza tiene acceso a la red en sus casa. El Gobierno abrirá en junio 218 centros para que los cubanos puedan conectarse. Se repartirán por provincias y tendrán en total 334 computadoras, unas 2,8 por cada instalación.

Para entrar una hora a internet los ciudadanos pagarán 4.50 CUC, la moneda convertible del país. Se cambia por 24 pesos cubanos. El salario promedio es de 20 CUC al mes. Se advirtió, además, que se le anulará el servicio a quienes violen «las normas de comportamiento ético que promueve el Estado».

Caracas usa el dinero y el poder de los ricos para silenciar la oposición. La Habana abre unos corrales de internet porque sabe que la pobreza obliga a sentarse primero frente al pan que a una pantalla.

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