Ya no hace falta comer bistec

Otro delirio habanero: comer yerba por orden del máximo líder

LA HABANA, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -Rafael vive en Alamar, reparto situado al este de La Habana. Trabaja como un mulo hasta caer la tarde, en una brigada de la construcción. Es joven y fuerte, y los sábados y domingos siempre tiene a su chica para bailar, aunque sea sin música y en el muro del Malecón.

Su tía Berta me contó que hace unos días, cuando se sentó a la mesa a comer, se quedó como absorto contemplando unas hojitas muy verdes, casi transparentes, redondas y desconocidas totalmente para él, mezcladas en la ensalada con la lechuga y el tomate.

-¿Esta yerba qué es, tía? ¿Una brujería?

-Claro que no, muchacho. Son hojitas de moringa.

-¿Morin… qué? –, preguntó sorprendido.

La tía le explicó que se trata de un nuevo producto vegetal, que se vende en los organopónicos del Vedado y en el de la Zona 6 de Alamar, donde ella pudo ver un gran letrero que explica sus propiedades: contiene vitaminas, minerales y mucha proteína… Hasta sirve de laxante. El mazo sólo cuesta dos pesos cubanos, y cinco pesos un pomo de polvo de moringa para condimentar las comidas.

-Prefiero una buen pedazo de carne de vaca bien asada, tía, y come tú la moringa. Yo no necesito ir al baño.

-No hay bistec, tú lo sabes. Además, la producción de moringa es un proyecto de Fidel. Es algo muy bueno, hijo.

El joven comenzó a apartar con paciencia las hojitas de la comida. No quiso decir más nada para no contrariar a su tía, que lo había criado; así que guardó silencio.

Cuando lo llamó por teléfono un amigo, lo primero que hizo fue preguntarle si él comía moringa. La tía se mantuvo atenta.

-¿Qué te contestó?

-Me dijo que yo estaba loco y me colgó el teléfono.

-Qué falta de respeto con Fidel Castro, Dios mío –exclamó la anciana-. Más tarde voy a llamar a la mamá de ese amigo tuyo. Seguramente ella no sabe todavía que, ahora con la moringa, ya no hace falta comer bistec.

Acerca del Autor

Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro nació en Camajuaní, Villaclara, en 1939. Estudió en una escuela de monjas. Sus primeros cuatro libros de poesía fueron publicados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y dos por Linden Ediciones Line Press y ZV Lunaticas. A partir de 1964 trabajó como reportera en revistas y periódicos de Cuba y escribió durante ocho años guiones de radio en el ICRT entre 1977 y 1983 y en 1992 y 1993, cronicas sobre la historia de China en el periódico Kwong Wah Po, del Barrio Chino de La Habana. En 1989 y 1990 sufrió prisión por pedir un Plebiscito a Fidel Castro. Comenzó a trabajar en CubaNet en 1998 y vive con sus perros y gatos en Santa Fe, comunidad habanera.

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