William Morgan jamás fue agente de la CIA

William Morgan jamás fue agente de la CIA

Entrevista a Eloy Gutiérrez Menoyo sobre el “Comandante Yankee”

LA HABANA, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -Aunque él mismo lo llamaba el “Comandante Yankee”, en agosto de 1959, el momento de mayor gloria de William Alexander Morgan, Fidel Castro, presentándolo en la televisión como un héroe, aseguró: “Morgan es cubano, no americano”. Año y medio después, su “amigo fiel”, como llamaba él al jefe de la revolución, lo haría fusilar, acusado de ser agente de la CIA. Dicen que fue hacia la muralla de La Cabaña cantando una vieja canción patriótica de su país natal.

Había nacido en 1928 en Ohio y, tras una fogosa juventud, se unió al ejército de Estados Unidos, del que le dieron baja deshonrosa en 1950. Un amigo suyo le dijo luego a un periodista, refiriéndose a la famosa novela On the road del escritor beatnik: “Jack Kerouac estaba todavía imaginando la vida en la carretera cuando ya William Morgan estaba viviéndola”. Su novelesca vida llevaba siempre a comparaciones literarias. “Era como un cowboy en una aventura de Ernest Hemingway”, lo describió alguien. Otro lo vio “como Holden Cauldfield con una ametralladora”.

El aventurero hizo realidad sus sueños y se convirtió en un héroe de la historia viviente, adorado por las multitudes. Estando aún en la Sierra del Escambray, a las órdenes de Gutiérrez Menoyo, había expuesto así las razones de su participación en la lucha contra Batista: “Estoy aquí porque creo que lo más importante que deben hacer los hombres libres es proteger la libertad de los otros, tomar las armas, luchar y destruir las fuerzas que quieran arrebatarle a la gente sus derechos”.

Tras la victoria, casado ya con Olga Rodríguez, su compañera de combate, y con dos hijas, Morgan aspiraba solo a vivir una vida agradable y en paz. Pero no es fácil tener tranquilidad en el ojo del ciclón, incluso sobrevivir siquiera.

Anteriormente Cubanet ha publicado la entrevista concedida por Eloy Gutiérrez Menoyo pocos días antes de morir. La última parte de esa larga conversación estuvo dedicada a su amigo y compañero de guerra, “el Americano”, de quien el viejo comandante guardaba afectuosa memoria.

Cubanet – ¿De qué manera entró usted en relación con William Morgan?

Eloy Gutiérrez Menoyo – Según William Morgan, él estaba con un amigo en un hotel que queda a un costado del Palacio Presidencial. Cuando empezó el tiroteo, los dos se asomaron al balcón y un tiro le mató al amigo. Eso provoca que William se quede en Cuba y después, cuando se entera de que hemos abierto un Frente en el Escambray, trata de buscar contactos para incorporarse y conoce a la doctora Isabel Rodríguez, que era íntima amiga mía. Junto con Edmundo Amado, un muchacho, casi un niño, que después fue teniente en el Segundo Frente peleando conmigo, guiados los dos por la doctora Isabel, William consigue llegar al Escambray. Entonces es cuando yo entro en relación con él.

CN – ¿Cómo describiría usted, que lo conoció de cerca, fue su jefe y combatió con él, a William Morgan?

EGM – Él ya tenía su experiencia militar, pero además era un hombre de una valentía tremenda. Precisamente esa actuación con tanta valentía fue la que le permitió ir subiendo grados, junto con los otros. Llegó a ganarse el grado de comandante y fue, durante un breve período, jefe del Estado Mayor. Y todo lo consiguió siempre gracias exclusivamente a sus méritos.

CN – ¿Cuán destacado fue el papel de William Morgan en la toma de Santa Clara?

EGM – Él no participó para nada en la toma de Santa Clara. En el acuerdo que habíamos firmado en El Pedrero Ernesto Che Guevara y yo, se plantea que Guevara actuaría por la costa norte y nosotros actuaríamos por la costa sur. William donde tuvo actuación fue en la toma de Cienfuegos. O sea, mientras el Che tomaba Santa Clara, William tomó Cienfuegos.

CN – ¿Le parece cierto que, tras el triunfo contra Batista, William Morgan resultara ser una de las diez figuras más populares de la revolución?

EGM – Sí, y yo te diría que lo lleva a esa posición la conspiración trujillista, que le dio mucho más auge a William. Nosotros fuimos los que participamos en ella y desbaratamos la conspiración. No concebíamos en aquel momento la ridícula idea de Trujillo enfrentándose a Castro. Nos parecía una idiotez.

CN – ¿Cuál fue el desempeño que tuvo en realidad William Morgan en la llamada Invasión a Trinidad?

EGM – Sencillamente, Trujillo organizaba con su jefe de inteligencia, Johnny Abbes García, un envío de armas, y William debía interceptarlo. William y yo. Inclusive él tuvo que hacer un par de viajes a Estados Unidos para entrevistarse, primero, con el cónsul dominicano, y luego, con el jefe de inteligencia de Trujillo, Johnny Abbes.

CN – ¿Cuándo le parece a usted que William Morgan comenzó a convencerse de que, en contra de lo que había creído hasta entonces, Fidel Castro se encaminaba a implantar una dictadura comunista en Cuba?

EGM – Bueno, comenzó a darse cuenta después de la conspiración trujillista, porque no acababan de ubicarlo en ningún mando militar. Por fin lo pusieron al frente de La Ranera, una empresa de nueva creación que se dedicaba a recolectar ancas de rana y que parecía prometer mucho, porque producía bastante y la piel y el anca de rana las pagaban muy bien en el extranjero. A partir de entonces, cada vez que me veía me decía: “Gaego (Gallego quería decir), esto no va a ir bien”. Yo le decía: “William, hay que tener paciencia; no te precipites”.

CN – ¿Cuáles fueron las acciones que llevó a cabo William Morgan, y relacionado con quiénes, para combatir al nuevo gobierno, que ya evidenciaba sus inclinaciones pro-soviéticas?

EGM – Él y Jesús Carreras empezaron a hacer preparativos, pero eso no quiere decir que prepararan una conspiración ni nada. Preparativos para, si esto iba para donde no tenía que ir, tomar parte. Fidel Castro cogió presos a Jesús Carreras y a William Morgan sin siquiera consultar conmigo. Y cuando me fui de Cuba los fusiló. Y no había lógica ni razón para fusilar a William Morgan. Si estaba encarnado en él, a lo mejor pudo meterlo preso un año. Pero eso está por ver. ¿Por qué lo vas a meter preso? Ah, ¿porque él pensaba que esto era comunismo y había que enfrentarse? Pero él no había hecho nada. Fidel Castro no respetaba ni respeta a nadie. Si no se respeta él mismo, que no joda.

William no llevó a cabo ninguna acción. Lo único que pensó fue que esto podía ir por un mal camino y lo más que empezó a hacer fue poner armas en el Escambray. No en manos de alzados, sino guardadas en casa de gente de confianza, guajiros que nosotros habíamos captado. Empezó a poner armas aquí o allá, las que tenía, las que recuperaba. Por si había que luchar. Eso era muy diferente de una conspiración. En ningún momento suministró armas a grupos alzados. Para cogerlo preso, lo citan a una oficina del INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria), porque William estaba trabajando en lo de las ranas. No lo cogieron alzado ni suministrando armas. Lo citan para esa reunión y allí estaban Ramiro Valdés, Ernesto Guevara, altos oficiales. Yo hablé con Fidel Castro y le digo que voy a averiguar quién está detrás de este asunto de William Morgan, porque esto no va. Me dijo: “Carajo, no te preocupes por eso, que no tiene gran importancia”. Quizás no estaba decidido todavía a fusilarlo y, cuando yo me voy de Cuba, se encabrona porque… Él le había dicho al presidente Osvaldo Dorticós que hablara conmigo y me dijera que ya era hora de que yo me integrara, que había un ministerio a mi disposición. Entonces, cuando Dorticós me plantea eso de parte de Fidel, yo le digo que me diera setenta y dos horas para pensarlo y consultarlo. Imagínate qué positivo: yo de ministro y William Morgan y Jesús Carreras presos. En ese momento decidí irme del país. Cuando por fin me fui, entonces los fusilaron.

CN – Una de las acusaciones que sirvieron para condenarlo a muerte fue que William Morgan era agente de la CIA (que, de hecho, era un “triple agente”). ¿Hasta qué punto piensa usted que podía ser verdadera o falsa esta imputación?

EGM – Eso es típico de Fidel Castro. Y falso ciento por ciento. ¿Por qué estoy tan seguro? En tanto tiempo conmigo yo hubiera detectado que tenía a algún guajiro al que mandaba afuera de su parte, cosas de esas. Siempre lo hubiera detectado. Cuando me entrevisté con Castro se lo dije: “Nadie estuvo nunca libre de poder recibir esa acusación de ser agente de la CIA”. Y le hice un cuento: “Mira, allá en presidio había un guajiro con el que yo hice mucha amistad y nunca le había preguntado por qué estaba preso. Y un día le digo: ‘Guajiro, ¿y a ti de qué te acusaron? ‘ ‘¿A mí? Me acusaron de que yo era agente de mi tía, pero mi tía nunca se metió en nada. Mi tía lo más que hacía era, cuando yo iba a verla, me invitaba a almorzar. Y en el juicio me dijeron que mi tía era la que suministraba armas y dinero. Todo eso es mentira, Menoyo; mi tía nunca me suministró nada’. Le dije: ‘Guajiro, a ti te están acusando de lo que acusan a todo el mundo, que tú eras agente de la Central de Inteligencia Americana. CIA. No tía. Tú entendiste tía y te quedaste con tía, pero, además, si buscamos en los papeles, de verdad tú admitiste y firmaste que tú eres agente de la CIA. Por lo siguiente: a ti te leen de lo que te acusan y tú lo estás oyendo. Todo eso es ciento por ciento real. Te dan a firmar los papeles y tú los firmas. Firmas el original y firmas la copia que te dan, pero la copia no dice lo que te han leído. Eso le pasa a todo el mundo. Unos se dan cuenta cuando van a firmar la copia y no firman, pero la mayor parte firma y así admite lo que le dé la gana a ellos’”.

Con el paso del tiempo se ve cada vez más la inocencia de William Morgan, porque no aparece un solo documento que pruebe o que mencione siquiera que era agente de la CIA. Eso por una parte. Por la otra, yo personalmente lamento que William no fuera agente de la CIA, porque le habrían dado tremenda clase de retiro a su viuda, Olga Morgan, que lamentablemente se ha comido un cable en ese exilio. Si William hubiera sido de la CIA, Olguita habría vivido muy bien. Así que para mí queda descartado: William Morgan jamás fue agente de la CIA. Yo he revisado todos los archivos y documentos y en ninguno aparece la menor mención de que hubiera sido agente. Pero es que ese era el cliché que le ponían a todo el mundo. Y déjame decirte que William Morgan, me consta, llegó a amar mucho a este país, se casó con Olguita, se hizo ciudadano cubano y llegó a hacer suyo este país.

Fidel Castro fue injustísimo fusilando a William. Cuando William detectó un plan de atentado contra Castro en el que le ofrecían un millón de dólares, inmediatamente fue conmigo y se lo informó a él. Y me acuerdo de estas palabras de Fidel: “Menoyo, coge las riendas de este problema a ver qué coño hay detrás”. William fue en todo momento leal a Fidel Castro y él lo acusó de agente de la CIA sin ninguna prueba. Estados Unidos le había quitado la ciudadanía a William por haber vestido el uniforme de un ejército extranjero y no se la reintegró hasta hace poco. Los restos suyos todavía están aquí, aunque han dicho que ya los llevaron para allá. Ese show no lo quieren.

William fue un hombre muy valiente, pero Olguita Morgan también fue muy valiente. Alzada contra Batista tuvo un comportamiento extraordinario y, después, contra Fidel, en presidio, la trataron como si fuera un hombre, a palo limpio; cogió golpes hasta por gusto. Tengo noticias de que ahora allá piensan hacer una película sobre él. Ojalá que ayude a rescatar su memoria.

Acerca del Autor

Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar Puerto Padre, Las Tunas, 1958. Graduado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en Español y Literatura. Ha sido escritor radial en Radio Progreso, Radio Metropolitana y Radio Arte. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Distinciones obtenidas: Menciones en el género de cuento de los concursos David, de 1977, y Trece de Marzo, de 1979; premios en los concursos Pinos Nuevos, de 1995, Sed de Belleza, de 1996 (ambos en el género de cuento), Dador, de 1998, (proyecto de novela) y Alejo Carpentier, de 2002 (novela), Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, de 2010, por su novela El Carnaval y los Muertos

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