Una historia oculta (La negociación, primera parte)

Una historia oculta (La negociación, primera parte)

Cómo la masonería cubana participó en la lucha contra la tiranía de Batista, salvando los obstáculos interpuestos por el Movimiento 26 de Julio

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -Aunque en enero de 2012 se conmemora el 53 Aniversario del ascenso al poder de los Castro, aun queda mucho por conocer sobre aquellos años en los que la nación cubana luchaba por alcanzar un futuro mejor.

Uno de estos aspectos es la participación de la masonería y de su Gran Maestro, el Dr. Carlos Manuel Piñeiro del Cueto, en el proceso insurreccional. La actuación de Piñeiro tuvo dos fases: la negociación y la insurreccional.

El 10 de marzo de 1952, el general Fulgencio Batista encabezó el Golpe Estado que dio al traste con el gobierno democráticamente elegido.

Algunos días después del golpe militar, el Dr. Carlos Saladrigas Zayas se entrevistó con el Gran Maestro Piñeiro del Cueto, ofreciéndole integrar un organismo negociador, para “buscarle una solución al problema, puesto que ya era una cuestión de hecho”.

Saladrigas consideraba que dicho organismo debía contar con la participación de las “distintas instituciones de crédito moral existentes en Cuba”. El Gran Maestro rehusó el ofrecimiento, porque “la Masonería no podía respaldar un Gobierno que hubiera nacido en esa forma”.

Por su parte, Piñeiro propuso a Saladrigas cuatro puntos que podrían servir de base para una negociación: Los implicados en el golpe de estado no asumirían ningún cargo en el Gobierno Provisional. Además, que dicho gobierno se ajustara a lo que establecía la Constitución, manteniendo las elecciones programadas para el 1ro de junio de ese año, y que en el Gobierno Provisional estuvieran representados los partidos políticos y las instituciones cívicas cubanas para garantizar con  ello el proceso electoral.

Posteriormente Saladrigas le comunicó al Gran Maestro que ¨ambiciones personales y pequeñas vanidades habían dado al traste con aquella fórmula¨.

A partir de los hechos ocurridos en julio de 1953, a raíz del ataque al Cuartel Moncada, representantes de las instituciones cívicas de Santiago de Cuba se reunieron con el Gobernador Provincial para buscar posibles soluciones a la situación de violencia existente en la región. La Gran Logia estuvo representada por su Gran Primer Vigilante, Sr. Luis Sabigne Pavón.

Entre los acuerdos adoptados estaban: trabajar para “darle tranquilidad a la población santiaguera”, garantía para la integridad personal “de quienes aún no habían sido detenidos por la fuerza pública”, y “comisionar al Gran Maestro y al Rector de la Universidad de Oriente para que hicieran las gestiones pertinentes con las autoridades”.

Piñeiro dirigió una misiva al presidente Batista, fechado el 30 de julio, en la cual manifestaba su reprobación, concluyendo que “La masonería de Cuba siempre ha estado preocupada por los problemas nacionales”.

Al continuar aumentando la espiral de violencia en el país, Piñeiro brinda la mediación de la masonería para alcanzar la paz, mediante un acuerdo nacional. El tema lo aborda en el mensaje leído por el Gran Maestro en la sesión Anual de la Gran Logia, efectuada el 24 de marzo de 1957.

En esta oportunidad manifestó: “hondamente preocupado por la irrefrenable crisis que ensombrece a nuestra Patria, hemos considerado un deber patriótico ofrecer nuestro público respaldo a toda gestión conciliadora, cualquiera que sea quien la lleve a efecto, así como brindar nuestra mediación desinteresada y exenta de todo partidarismo, para lograr la paz y la armonía entre todos los cubanos¨.

Este llamado, al igual que otros elevados por la masonería cubana, fue desoído por las partes en contienda, interesados, unos en mantener a toda costa el poder, y los otros en preparar las bases de lo que sería la tiranía más longeva de nuestro hemisferio.

Segunda parte de este artículo: https://www.cubanet.org/articulos/una-historia-oculta-la-insurreccion-parte-ii-final/

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