Una biblioteca digital

Una biblioteca digital

El esfuerzo por colgar en Internet, al margen del Estado o de instituciones, una Biblioteca Cubana de Literatura, incrementa su valía por el rescate de tantos valores espirituales diversos y dispersos

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -El joven emigrante Sergio de los Reyes (La Habana, 1978), residente en Toronto, Canadá, donde alterna el trabajo y su pasión por la bibliografía, acaba de lanzar un SOS a los paisanos de la isla y el exilio con acceso a Internet, a quienes solicita ayuda para su proyecto personal sobre una Biblioteca digital especializada en literatura cubana.

Señala al respecto que “El objetivo es que todos colaboremos de una manera u otra y logremos crear una biblioteca medianamente decente donde se pueda acceder a nuestra literatura de un modo gratuito. Todos los libros son de dominio público…”

Con ese propósito nos envía un link (http://bibliotecacubana.net) y 8 folios con los autores y libros disponibles, en espera de propuestas y comentarios, sin los cuales no será posible concluir un empeño personal, abarcador, interesante y hasta necesario, pues indaga en una de las manifestaciones más auténticas y fascinantes del imaginario  nacional.

En las páginas enviadas Sergio de los Reyes clasifica la nueva Biblioteca digital en Poesía (9 autores y 16 obras), Teatro (3 y 6), Epistolario (4 y 7), Biografía y autobiografías (3 y 5), Novela (8 y 19), Filosofía (4 y 15), Ensayo y periodismo (8 y 15), Sociología (3 y 9), Historia (9 y 17), Ciencias naturales (1 y 8), Cuento y costumbrismo (3 y 4), Bibliografía (2 y 6), Diccionarios (1 y 2), Geografía (1 y 3) y Revistas literarias (solo El Almendares, del poeta fusilado Juan Clemente Zenea y Estrada).

En solo unos meses el esfuerzo del joven bibliófilo es considerable, más 60 autores y 113 obras digitalizadas es como una gota en el océano bibliográfico de Cuba, donde después de la música brillan las letras, pero es un buen comienzo. Tal vez con perseverancia y colaboración logre su propósito.

La clasificación demuestra que Sergio sabe lo que hace, más la amplitud temática y atemporal, la complejidad de las búsquedas dentro y fuera de la isla y la dificultad de acceder a los fondos editoriales e institucionales, exigen un trabajo que pasa por coordinaciones en La Habana, México, Miami, Madrid, New York, Londres, París y otras ciudades que acogieron a autores que crearon en el destierro, como José María Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José Martí y los numerosos literatos de la diáspora (segunda mitad del siglo XX al presente), entre ellos Gastón Baquero, Cabrera Infante, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas, José Triana, Lichi Diego, Raúl Rivero y decenas más.

Sugiero paciencia y contactos, buscar por géneros y etapas, fusionar Novela con Cuento y Costumbrismo (Narrativa), separar ensayo y periodismo, excluir Historia, Ciencias naturales y otras disciplinas de soporte impreso –como casi todas-, pero alejadas de las expresiones literarias. La historia lo obligaría al rastreo casi infinito para obtener y digitalizar los libros de Jacobo de la Pezuela, Ramón de la Sagra, Miró y Argenter, Ramiro Guerra, Moreno Fraginals o Levi Marrero, más los diarios y testimonios de nuestras contiendas bélicas (Figueredo, Céspedes, Máximo Goméz, Torriente Brau, Carlos Franqui o Huber Matos).

Supongo que Sergio, lector voraz, disponga de obras referenciales como el Diccionario de la Literatura Cubana (dos tomos) y la reciente Historia de la Literatura Cubana (3 tomos), ambas del Instituto de Literatura y Lingüística, así como los principales catálogos, las biobibliografías de grandes autores y los índices de revistas, editoriales e instituciones de Cuba y de cubanos fuera de la isla, entre estas los libros publicados por la generación del Mariel y por el Centro de Estudios Cubano-Americanos de la Universidad Internacional de La Florida. El contacto es imprescindible pues esas entidades ya digitalizan su patrimonio bibliográfico, especialmente las editoriales.

El esfuerzo por colgar en Internet, al margen del Estado o de instituciones, una Biblioteca Cubana de Literatura, incrementa su valía por la connotación ciudadana y por el rescate de tantos valores espirituales diversos y dispersos. Las propuestas ayudan a sacudir hojarascas, discernir, cotejar y mostrar una de las zonas de mayor creatividad de los hijos de la mayor isla del Caribe.

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