Un congreso poco analítico

Un congreso poco analítico

La vieja y desgastada práctica de buscar factores externos para justificar lo injustificable del desastre nacional, se mantiene vigente

LA HABANA, Cuba, junio (173.203.82.38) – Una de las deficiencias más evidentes del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba fue la ausencia de una amplia valoración del estado de la economía, así como de un profundo examen de los acontecimientos en la vida de la nación en el prolongado lapso desde la celebración del anterior evento en 1997.

En ese período, los problemas del país se agravaron superlativamente, llegándose a un punto cercano al  colapso económico que  pudo evitarse gracias a la aparición de una nueva “hada  madrina”: la Venezuela de Chávez, convertida en  sustituta de la desaparecida Unión Soviética.

Realmente, en el Informe Central al congreso presentado por el actual Primer Secretario se hicieron fuertes críticas a la ejecutoria de la  autoproclamada “fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”, donde quedó demostrado fehacientemente que el Partido Comunista fue incapaz  hasta de cumplir sus acuerdos desde la celebración de su primer congreso, en 1975. Del Informe  se desprende que en vez de ser  vanguardia de la sociedad cubana, con su monopolio absoluto del poder, ha sido una rémora para el desarrollo nacional. Partido que posiblemente tenga como militantes personas decentes, pero increíblemente todavía entrampadas por la nostalgia y obnubiladas por una utopía  fracasada, de la que aún son incapaces de desprenderse; también posee una amplia cantidad de oportunistas y burócratas desalmados, que han utilizado el carné para escalar posiciones y obtener privilegios.

Además, en la Introducción de los Lineamientos, en forma  súper breve y sin explicaciones convincentes, se mencionan candentes problemas de orden interno tales como: “baja eficiencia, descapitalización de la base productiva y la infraestructura, envejecimiento y estancamiento en el crecimiento poblacional”.

Por supuesto, hubiera sido demasiado escandaloso omitir desastres tan evidentes. No obstante, se dejó a un lado una larga lista de perjuicios causados por tantos años de desgobierno, como la destrucción de la industria azucarera, que determinantes sectores económicos todavía se encuentren distantes de los niveles productivos de 1989 (nada relevantes entonces) y que Cuba hoy sea más dependientes del exterior que en 1959, como han reconocido economistas oficiales. Por sólo citar algunos problemas que asfixian la nación y ponen en riesgo su soberanía.

Nuevamente se trata de ignorar este lamentable escenario, y  como  de costumbre  utilizan subterfugios para tratar de justificar lo injustificable.  Así, se cita una desfavorable variación de los precios de las exportaciones y las importaciones, que según se señala produjeron una pérdida neta de 10 900 millones de dólares en el periodo 1997-2009; fenómenos climatológicos que calculan ocasionaron  daños por  20 564 millones de dólares  y  no podía faltar el pretexto estelar: el  bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, al afirmar que “no se ha modificado con la actual Administración de ese país, y  ha significado cuantiosas pérdidas”.

En primer lugar, las pérdidas en el comercio exterior se deben a que Cuba no tiene casi nada para vender. En el período citado, hasta importó significativas cantidades de azúcar y café, incluso actualmente compra en el extranjero el 80,0% de los alimentos consumidos, los cuales mayoritariamente podrían producirse en el país, incluidas cantidades exportables. La industria en volumen está a menos del 50,0% de los niveles productivos de 1989 y ha desaparecido la flota mercante nacional, otrora generadora de ahorros de divisas.

Por consiguiente, los problemas del comercio internacional de Cuba no están dados por la relación de intercambio, sino por la ausencia de excedentes exportables y la creciente dependencia de  las importaciones.  Si se hubieran realizado zafras de al menos 6 millones de toneladas de azúcar, o sea, por debajo de los más de 8 millones que se llegó a alcanzar, la situación hubiera sido diferente. Ello debido a los precios altos del azúcar mantenidos por años hasta hoy  en el mercado internacional, por lo regular superiores al de cualquier otro alimento;  habiéndose podido  lograr considerables beneficios, lo que no sucedió por la absurda destrucción de nuestra primera industria.  Esto sin entrar a analizar la falta de visión en cuanto a la producción de derivados de la caña, como el etanol, que por tozudez e incapacidad dejaron de desarrollarse.

En cuanto a los efectos de los fenómenos atmosféricos, lamentablemente siempre generan  pérdidas, como sucede en todas partes, pero en Cuba son mayores debido al deplorable estado de las viviendas y toda la infraestructura por tantos años de abandono y ausencia de mantenimiento, y la falta de nuevas construcciones, en un país donde conseguir hasta clavos es un problema complicado.

Sobre el supuesto bloqueo se soslaya que Estados Unidos es el quinto socio comercial, con un intercambio de más de 4,6 miles de millones de dólares  en el período 2002-2010, según fuentes cubanas; el primer emisor de remesas –probablemente  más del 90,0% del total-, estimadas en 1,0 mil millones de dólares anuales; y con las medidas de apertura tomadas por el Presidente Obama representa la segunda fuente de turistas, después de Canadá, con 324 000 personas llegadas en vuelos directos en 2010, monto a crecer de forma sustancial en 2011 como consecuencia de nuevas medidas flexibilizadoras tomadas por la administración estadounidense respecto a los viajes a Cuba.

Ciertamente, persisten prohibiciones improcedentes, entre las cuales está la negativa a permitir a los ciudadanos norteamericanos vacacionar e invertir en la Isla, así como  importar productos cubanos.  Esto último no tiene mucha  importancia comercial ahora, pues el país carece de productos que ofertar a Estados Unidos, más allá de pequeñas cantidades de tabaco y ron.

Resulta totalmente falso que Obama no haya tratado de buscar puntos de acercamiento hacia La Habana.  Por el contrario, ha realizado varios gestos; todos rechazados tercamente por el gobierno cubano que ha hecho todo lo posible por bloquear cualquier acercamiento sin tener en cuenta los beneficios que tendría para la economía y el pueblo en general.  Ahora mismo se mantiene en la cárcel de forma absurda y contraproducente a Alan Gross, lo cual impide a la actual Administración, presionada internamente, dar pasos adicionales.

La vieja y desgastada práctica de buscar factores externos para justificar lo injustificable del desastre nacional, se mantiene vigente. Los graves problemas que atenazan Cuba y en la práctica podrían dañar seriamente la soberanía nacional tienen esencialmente origen interno, ocasionados por más de 50 años de desgobierno y la implantación de un  modelo político y social probadamente disfuncional.

Oscar Espinosa Chepe

Oscar Espinosa, Cienfuegos, 1949. Licenciado en Economía, Universidad de La Habana. Prisionero de conciencia, perteneciente al Grupo de los 75, con licencia extrapenal por enfermedad. Trabajó en la década de los años 60 en los equipos de investigación económica de Fidel Castro, de donde fue expulsado y enviado a un campo de trabajos forzados en el que pasó dos años. Fue consejero económico de la embajada de Cuba en Yugoeslavia, y en 1992 fue expulsado del Banco Nacional de Cuba, acusado de contrarrevolucionario. Ha publicado Crónica de un desastre, y Revolución o involución
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