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Lunes, 26 de septiembre 2016

Talibanes en el exterior

No se ha tenido en cuenta al formular las calumnias que si se sumaran los años de cárcel de las condenas de quienes apoyamos esa carta, el resultado sumaría siglos

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LA HABANA, Cuba, junio, 173.203.82.38 – En Cuba se califica de talibanes a quienes desde posiciones gubernamentales encarnizadamente se esfuerzan por obstaculizar los cambios urgentemente requeridos por la sociedad. Son los que organizan hordas de energúmenos para perseguir las personas que pacíficamente se pronuncian por la liberación de los presos de conciencia y políticos pacíficos, así como cambios democráticos en la isla.

El horrible miedo de estos fundamentalistas, por lo regular personas mediocres, a las transformaciones hacia una sociedad abierta y competitiva, radica en que temen perder sus posiciones y los privilegios resultantes que durante decenios han mantenido gracias a la existencia de un sistema disfuncional que ha conducido al desastre actual.

Cuando el gobierno cubano ha aceptado sostener conversaciones con la Iglesia Católica nacional sobre la liberación de los presos de conciencia y políticos pacíficos, que podrían trascender a otros temas medulares y promover los cambios, procuran obstaculizar y hacer fracasar las negociaciones. No por casualidad últimamente florecen las “reflexiones” para tratar de crear un ambiente poco propicio para los contactos Iglesia -Estado.

A los talibanes del patio, además les preocupa tremendamente las reiteradas visitas de artistas cubanos a Estados Unidos y sus declaraciones a favor del entendimiento entre ambos países. Están asustados ante las manifestaciones de destacados intelectuales y políticos, que por muchos años mantuvieron estrechos nexos con el oficialismo, y que hoy se pronuncian sensatamente a favor de los cambios con declaraciones que no tienen por qué ser idénticas a las expresadas por la disidencia.

Los fundamentalistas isleños se aterran por la creciente pérdida de sus coartadas preferidas, como la confrontación con Estados Unidos y su errada política de aislamiento. Saben que al desaparecer esas excusas, será muy difícil justificar el desastre nacional y la tradicional represión contra el pueblo.

Lamentablemente los talibanes tienen sus pares en el exterior, que les han brindado siempre todo tipo de justificaciones para machacar a la sociedad civil. Se trata de grupos cada vez más minoritarios, que guiados por el odio, y posiblemente otros factores menos justificables, durante años le han hecho el juego al totalitarismo. Ciertamente, en esos grupos, en un porciento elevado, se encuentran compatriotas, que habiendo sufrido mucho, y recibido en el pasado considerables daños y humillaciones personales y familiares, están obnubilados por las ofensas y responden con métodos equivocados, sin darse cuenta que contribuyen a la permanencia de esta pesadilla que por más de 51 años ha asolado nuestra sufrida patria.

En estos grupos no incluimos a aquellos compatriotas, que tienen todo el derecho a discrepar de nuestros puntos de vistas, y de hecho lo hacen de forma racional y civilizada, sin caer en difamaciones ni las calumnias habituales de ciertos auto titulados demócratas en el exterior.

Con la carta que hemos firmado 74 activistas sociales a título personal, una lluvia de asquerosos ataques han caído sobre nuestras cabezas, calificándonos hasta de vende patrias, por opinar. Infamias, por demás, idénticas a las que por decenios hemos recibido del régimen. Esta carta, cuyo borrador confeccionó una persona tan pacífica y prestigiosa como el laico Dagoberto Valdés, y luego consensuada entre los participantes, ha sido el pretexto para descargar el odio contra quienes durante años hemos luchado sin descanso por la democracia y la reconciliación nacional dentro del territorio nacional. No se ha tenido en cuenta al formular las calumnias que si se sumaran los años de cárcel de las condenas de quienes apoyamos esa carta, el resultado sumaría siglos -incluidas las penas de los firmantes actualmente en prisión o en peligro de regresar a ella- y no obstante eso, hemos continuado defendiendo desde Cuba los intereses de nuestro pueblo sin doblegarnos.

Los extremistas, cada vez más aislados, como demuestran las encuestas realizadas en los últimos tiempos en Estados Unidos entre norteamericanos y la comunidad cubana, o como indican los resultados de las pasadas elecciones presidenciales en la Florida, se han caracterizado por boicotear todas las iniciativas en favor de la amistad con nuestro vecino y la reconciliación entre los cubanos. Recuérdese el boicot al Proyecto Varela, apoyado por la abrumadora mayoría de la disidencia cubana. En esto se aliaron a quienes después resultaron 12 agentes de la Seguridad del Estado destapados durante los juicios a los 75 en marzo de 2003.

Igual actitud habían asumido en ocasión de la visita del Papa Juan Pablo II en 1998, con obstáculos de todo tipo para impedir la estancia en la Isla de su Santidad.
Ahora injurian a la Iglesia Católica Cubana, obviando los esfuerzos realizados por ella durante años para procurar una solución a la crisis nacional. Con estos ataques, incluido el propósito de dividir a la disidencia, reproducen los perversos esfuerzos para evitar que los presos del grupo de los 75 nos manifestáramos mayoritariamente en apoyo al concierto del cantautor Juanes y sus amigos en septiembre pasado. En esa ocasión familiares de presos recibieron llamadas desde Miami, conminándolos a presionar a los hermanos encarcelados a retractarse; felonía que resultó abrumadoramente rechazada. El mensaje enviado en aquella ocasión por los 75 neutralizó a nivel internacional la terrible imagen que dejaron allí los grupos extremistas, que de una forma reprobable destruyeron discos e insultaron a los artistas que viajaron a La Habana, comportándose al mismo nivel de las hordas que nos insultan y persiguen en las calles de Cuba.

Ahora por la Carta de los 74 lanzan una lluvia de improperios y descalificaciones a persona que hemos perdido nuestros trabajos, ahorros y hasta derecho a retiros -teniendo todas las condiciones para recibirlos- por preferir la miseria antes que doblegarnos al totalitarismo. Se ha llegado hasta a la bajeza de acusar a periodistas independientes de recibir considerables pagos por sus trabajos en el exterior, cuando se sabe que por problemas diversos la mayoría de los órganos de prensa no pagan nuestras colaboraciones, y debemos mantenernos con los 15 pesos convertibles (CUC) que paga CubaNet por artículo, en un país donde una bolsa de leche en polvo vale 5.25 CUC, un litro de aceite comestible 3.25 CUC y una hora de internet, con dificultades incluidas, cuesta en un hotel de turismo de 6,00 a 10,00 CUC la hora (0.80 CUC = 1.00 US$) y todo por el estilo.

Mientras tanto, algunos, dedicados a insultarnos soezmente, viven cómodos bajo la sombra de la Torre Eiffel sin nunca haber hecho nada por su patria, a no ser servir por muchos años obedientemente a altos funcionarios del totalitarismo. Otros tratan de meter cuña entre la disidencia para hacer el juego a intereses hoteleros, a los que en no interesa los sufrimientos del pueblo cubano, sino evitar que Cuba pueda convertirse en un importante competidor en el Caribe. No por gusto, según periodistas norteamericanos –Lesley Clark, Nuevo Herald, noviembre 16 de 2009 – se han repartido más de 11 millones de dólares entre congresistas para evitar que se levanten las prohibiciones a los viajes de los norteamericanos a Cuba, una violación de sus derechos humanos, que también sirve de justificación para hacer lo mismo por parte del totalitarismo insular.

Nosotros, de nuevo, instamos a esas personas a que paren su colaboración con el totalitarismo y se sumen junto a todo el pueblo cubano -residente en la Isla y en el exterior- a la construcción de una nueva Cuba, y para dejar atrás este negro pasado empezado el 10 de marzo de 1952 con la tiranía de Fulgencio Bastita y prolongado con el relevo de Fidel Castro, quien con sus ansias enormes de poder absoluto frustró los sueños surgidos en 1959.

De todas formas, no habrá talibanes ni aquí ni en ninguna parte que puedan parar las ansias de libertad y democracia del pueblo cubano. Hoy paulatinamente los compatriotas de aquí y de allá, por encima de diferencias ideológicas, forjaremos un frente común que nos llevará a todos, sin exclusiones, al triunfo. A una Cuba democrática y reconciliada, donde nos respetemos e impere la justicia social y la solidaridad.

Acerca del Autor

Oscar Espinosa Chepe
Oscar Espinosa Chepe

Oscar Espinosa, Cienfuegos, 1949. Licenciado en Economía, Universidad de La Habana. Prisionero de conciencia, perteneciente al Grupo de los 75, con licencia extrapenal por enfermedad. Trabajó en la década de los años 60 en los equipos de investigación económica de Fidel Castro, de donde fue expulsado y enviado a un campo de trabajos forzados en el que pasó dos años. Fue consejero económico de la embajada de Cuba en Yugoeslavia, y en 1992 fue expulsado del Banco Nacional de Cuba, acusado de contrarrevolucionario. Ha publicado Crónica de un desastre, y Revolución o involución e-mail: leivachepe@gmail.com http://blogs.cope.es/desdecuba/

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