Snowden, Gross y los cinco (cuatro) “héroes”

Si pasara por La Habana, Snowden podría convertirse en un rehén más valioso que Gross

MADRID, España, junio, www.cubanet.org – Resultaba ingenuo el revuelo de los periodistas en el Aeropuerto Sheremetievo, el lunes 23 de junio, bajo la suposición de que Edward Snowden viajaría de Moscú a La Habana en un vuelo de Aeroflot, para ser acogido por las autoridades cubanas y seguir hacia un plácido asilo en Ecuador. Se trataba obviamente de otra maniobra de engaño del ambicioso soplón y sus mentores. El presidente Putin y su canciller han aducido que no se encontraba en territorio nacional, sino en la frontera aduanal, ¡como si el ex coronel de la KGB no fuera experto en esas lides!

La situación en Cuba no está ahora para peripecias peligrosas. El gobierno cubano carece de la posición estratégica de los tiempos de la Guerra Fría, cuando contaba con el arsenal militar de la superpotencia soviética para “guapear” frente a los Estados Unidos, como si la isla hubiera tenido capacidad militar propia.  En esos “tiempos dorados”, tampoco tenían los Castro que preocuparse por las consecuencias económicas de sus bravuconerías, pues Moscú se encargaba de sufragar la gran base flotante, que era la isla, frente a las costas de la Florida.

Justamente, cuando el periódico británico The Guardian destapó el 9 de junio que Edward Snowden era la fuente de las informaciones publicadas en los últimos días sobre el programa PRISM y las actividades de la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana, La Habana y Washington se disponían a reanudar las conversaciones sobre el restablecimiento del correo directo y migración, luego de dos años de suspensión del diálogo.  Desde hacía meses se realizaban contactos de funcionarios en ambas capitales, con la lentitud y los inciertos resultados acostumbrados, pero como un tenue rayo de sol que al intensificarse podría hasta llegar hasta la celda de Alan Gross.

El horno en Cuba no está como para galleticas, y menos aun para Snowden. Cuando el soporte de Venezuela se resquebraja y ya todo el Planeta está convencido de que los Castro anotan sus deudas en el hielo, La Habana necesita una atmósfera tranquila, un ambiente que abra su diálogo con factores importantes en las relaciones internacionales y brinde seguridad al turismo y la inversión extranjera.

Para Fidel Castro –si aún gobernara y las cosas fueran como en sus tiempos- el escándalo de Edward Snowden habría sido una bendición. Los medios cubanos tendrían muchas horas de discursos en vivo sobre el héroe, las páginas de los escuálidos periódicos publicarían abundantes diatribas contra el “enemigo imperialista” y no faltarían las marchas y los sainetes frente a la SINA. Pero Fidel ya no está y las cosas han cambiado.

Las apariciones y desapariciones de Snowden podrían continuar hasta que llegara a Quito, donde lo acogería el presidente Correa, quien –paradójicamente- recién puso en vigor una ley de comunicación, considerada lesiva a la libertad de información y contra las publicaciones privadas.  Precisamente, Julián Assange, mediante videoconferencia el 20 de junio, un día después de cumplir su primer aniversario de asilo en la embajada de Ecuador en Londres, clausuró la Primera Cumbre de Periodismo Responsable (CUPRE 2013), que había inaugurado el mandatario.  Desde allí también ha dirigido los pasos de Edward Snowden hacia el asilo político en Ecuador y la enconada confrontación con Estados Unidos.

Hay que tener en cuenta que, hasta el momento, la ruta del soplón pasa solo por países con gobiernos autoritarios, cercenadores de las libertades individuales y los derechos humanos. El informante, que no informador, ha seguido un curso calculado, que en cualquier época sería definido como traidor a su país, con las consecuencias judiciales correspondientes.  Los gobiernos que asuman su protección saben que se arriesgan a tener un serio incidente con Estados Unidos y tendrán que asumir las graves consecuencias resultantes, no ya por enfrentarse a la primera potencia mundial, sino por dar refugio al ejecutor de la filtración de información altamente clasificada, posiblemente más delicada que la entregada a Julian Assange por el soldado Bradley Manning, quien está siendo juzgado por estas fechas.

Finalmente, no puede excluirse la posibilidad de que, si pasara por La Habana, las autoridades cubanas retuvieran a Snowden para intentar canjearlo por los cuatro – ya no son cinco- espías cubanos presos en Estados Unidos. Algo que no han logrado con el rehén Alan Gross.

Cabe preguntarse qué harían los gobiernos de Cuba, Ecuador, Venezuela, Rusia y China –que hoy protegen a Snowden- si algún ciudadano de su país hiciera lo que el norteamericano fugitivo ha hecho. Todos conocemos la respuesta.

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