Siervos del melón

Siervos del melón

Una de las contribuciones de este régimen a los anales del esperpento es la reformulación del esclavismo como rubro exportable

LA HABANA, Cuba, diciembre (173.203.82.38) – Asusta pero no sorprende escuchar que entre las variantes que manejan los caciques de Cuba para enfrentar la avalancha de desempleo formal que les viene arriba, está la posibilidad de enviar a muchos de los parados a trabajar en el exterior.

Una de las contribuciones de este régimen a los anales del esperpento es la reformulación del esclavismo como rubro exportable, negocio redondo donde los haya, que han sabido promocionar brillantemente bajo el disfraz de labor internacionalista.

Los malos gobiernos de países subdesarrollados, su atraso endémico, agravado por la siniestra mediocridad de las oligarquías locales, ofrecen un mercado de inagotable demanda que nuestro cacique mayor tuvo el acierto de penetrar, gracias precisamente al propio atraso endémico de Cuba, cuyos profesionales de la salud y de otros sectores ven los cielos abiertos en la posibilidad de servir como esclavos, realizando sacrificios impagables a cambio de las limosnas que les deja caer el esclavista, que es, claro, quien recibe sus salarios.

Que todo sea por el melón, suelen sentenciar puertas adentro esos pobres esclavos, habida cuenta que disponer de limosnas en cualquier divisa extranjera (melón, según el argot popular) equivale aquí a ser tuerto en tierra de ciegos.

No sorprende entonces que los caciques estén tirando el chinchorro para pescar en río revuelto mediante la ampliación de esta variante, facilitadora de remedios rápidos para el desempleo. Tampoco es de extrañar que algunos de esos gobiernos extranjeros que son sus compinches declarados les hagan la pala contratando a las nuevas dotaciones de esclavos, con los cuales, por demás, logran cubrir con fuerza de trabajo barata algunas labores especialmente complejas o peligrosas, y en sitios apartados, para las que escasean los brazos en sus países.

Es lo que no sorprende. Y lo que asusta es la resuelta disposición y hasta quizás el embullo con que nuestros paisanos asumirían el papel de siervos del melón.

Y asusta, sobre todo, que dada la redondez del negocio (alternativa para el desempleo y entrada de divisas frescas con una mínima inversión), los caciques decidan potenciar hasta el tope la exportación de fuerza esclava, desvistiendo al santo en casa para vestir el ajeno, justo en circunstancias en las que nadie duda ya, ni siquiera ellos mismos, que sólo a través del rescate de nuestra perdida laboriosidad, y de la reivindicación del trabajo como medio de solución para los problemas propios y los de todo el conjunto de la nación, alcanzaremos, si no la erradicación, al menos un alivio para las miserias de hoy.

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