Segunda remesa de chatarra

Segunda remesa de chatarra

Antes fue la que llegó de los países socialistas de Europa. Lo supimos por boca del propio Fidel Castro, quien señaló que la mayoría de los productos que se fabricaban allí eran de pésima calidad.

LA HABANA, Cuba, febrero (173.203.82.38) – En 2007 se realizaron varias encuestas en Estados Unidos para determinar cuáles habían sido los eventos más importantes ocurridos ese año. El resultado fue la crisis hipotecaria, el precio del petróleo, el colapso del puente sobre el Mississippi, en Minneapolis, y las dificultades con las importaciones de la República Popular China, desde los juguetes con pinturas dañinas y llantas defectuosas, hasta pasta dental y alimentos dañinos.

También para Cuba, aunque no se diga en los medios oficialistas, 2007 fue un año funesto: la población cubana comenzó a recibir de nuevo, bajo la historia del castrismo, la segunda remesa de chatarra.

Antes fue la que llegó de los países socialistas de Europa. Lo supimos por boca del propio Fidel Castro en varias oportunidades, cuando señalaba que la mayoría de los productos que se fabricaban en esos países, además de ser obsoletos, eran de pésima calidad.

Conocedor de aquella historia que terminó con el desplome del campo socialista, ¿por qué entonces el gobierno cubano compra de nuevo productos obsoletos o defectuosos, esta vez a China? Hay dos razones: la venta de esos equipos es pagada a crédito y son, indiscutiblemente, productos de bajo consumo eléctrico.

A los refrigeradores Haier, por ejemplo, que fueron vendidos a la población casi a la fuerza en sustitución de los viejos equipos soviéticos o norteamericanos, les funciona bien el congelador, pero no así el área de refrigeración donde se guardan los alimentos no congelados.

A pesar de eso, el gobierno cubano compró 2,3 millones de refrigeradores. Lo importante era cumplir con el Programa de Ahorro de Energía y combustible del gobierno. La calidad de los productos era lo de menos.

Hoy, son muchos los técnicos particulares cubanos que se esfuerzan para lograr que los Haier enfríen, o aconsejan a sus clientes cambiarlos por los refrigeradores soviéticos que se conservan en buen estado y que en su fabricación, sí tuvieron en cuenta nuestro clima.

Con la ollas arroceras eléctricas marca Liya ha ocurrido algo peor. Apenas funcionan. Son de la peor calidad. La población perdió su dinero al comprarla, y se queja, aunque el régimen haya calificado su venta como “un gesto generoso” del Comandante.

Es cierto que en 2007 las familias cubanas recibieron con beneplácito el cambio de refrigeradores, aunque hubo muchos que se negaron a entregar su viejo Minsk, o su viejo Admiral. Pero también es verdad que casi todas las familias cubanas se han arrepentido de haberlo hecho.

Los refrigeradores Haier no enfrían como los antiguos que teníamos.

Es bueno que lo sepa la señora Li Dandan, representante del grupo empresarial chino Haier en la isla. Ella sabe, como lo sabemos ahora los cubanos, que una cosa es lo que produce Haier para los países desarrollados, y otra lo que se vende fiado a la mísera isla cubana, que le debe a las 11 mil vírgenes.

Cada vez que una familia cubana tiene que echar a la basura un alimento  descompuesto guardado en el Haier, han de sonarle los oídos de mala manera a los chinos.

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