Sangre, fuego y droga

Sangre, fuego y droga

Al afirmar, en CELAC, que “En Cuba no hay drogas”, Raúl provocó estallido de risotadas en La Habana

LA HABANA, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -Sentí vergüenza por el hombre que gobierna a mi país, pero si hubiera sido boliviano, venezolano, nicaragüense, ecuatoriano o de cualquier otra nación latinoamericana, hubiera sentido lo mismo.

Admitir que la dictadura cubana, que acaparó el poder a sangre y fuego hace más de 54 años, presida la CELAC, es un purgante que le debe revolver el estómago a los luchadores por la democracia y los derechos humanos, en especial a los que aquí han sufrido cárcel, golpizas, secuestros, marginación social y juicios amañados.

El general Raúl Castro ni siquiera mencionó en su discurso el 160 aniversario del natalicio del héroe nacional cubano, José Martí. Y, en cambio, dedicó su primer pensamiento a Salvador Allende, el ex presidente chileno que, tras provocar el caos y la anarquía en su patria, pretendía disolver el parlamento y establecer una dictadura a imagen y semejanza de la cubana.

El dictador que ahora ocupa el trono del cónclave latinoamericano y caribeño, institución que supuestamente se ha propuesto acabar con la pobreza y fomentar el igualitarismo entre los ciudadanos del continente, expuso y recomendó las ventajas de su maquinaria represiva en la lucha contra el narcotráfico. Los presentes escucharon de su propia boca la retrógrada teoría sobre cómo la pobreza generalizada que existe en Cuba, inhibe el mercado de las drogas, con lo que tal vez quiso sugerir que la solución para el problema está en imponer la miseria a los pueblos.

Castro aconsejó luchar a “sangre y fuego” contra el flagelo del narcotráfico, e incorporó a su aplanadora represiva y a sus  organizaciones paramilitares, como la Asociación de Agricultores Pequeños, la Federación de Mujeres Cubanas FMC y los Comités de Defensa de la Revolución, para que se encarguen de perseguir, capturar, procesar y probablemente fusilar a cualquier nacional que plante una semilla de marihuana en las serranías, o incluso una matica de esta yerba en el jardín de su casa.

La afirmación del dictador cubano de que “En Cuba no hay drogas”, hizo que estallaran risotadas por toda La Habana, donde los estupefacientes pululan por las calles. Y eso es algo que deben saber bien Raúl Castro y sus ejecutivos más allegados, pues, aunque vivan bien aislados de los machos suburbios pobres y zonas marginales, sí están muy próximos a la acaudalada claque de artistas plásticos, músicos, deportistas, cineastas y actores, tan adictos al régimen como a la cocaína.

Entre los presentes en la cita latinoamericana, Raúl Castro era además el único directamente “embarrado” con el cartel de la droga que fuera encabezado por Pablo Escobar. No es un secreto que uno de sus subordinados más próximos estableció vínculos directos con el célebre narcotraficante. Bajo la égida de Fidel Castro, la Isla sirvió de trampolín al narcotráfico con destino a Estados Unidos y  Europa. Y como si fuera poco, ahora el gobierno de Raúl Castro tiene la desfachatez de legitimar a la narco-guerrilla de las FARC, con su historial de extorsión, muerte, violaciones y secuestros.

No en balde la CELAC tiene tan poca credibilidad en el mundo como la dictadura que hoy la encabeza. Los presidentes que participaron en la conferencia ni siquiera hicieron mención a la desvergüenza de que millones de sus ciudadanos elijan emigrar hacia el norte, que tanto critican, porque saben que solo allí podrán disfrutar de los logros sociales y el nivel vida a que aspiran y no les ofrecen en sus  países.

Los habitantes de América Latina continúan cayendo en la trampa de cambiar sus voluntades por las promesas populistas de beneficios materiales, como lo hicieron los cubanos hace más de 50 años. La sociedad civil, la democracia y la libertad están en peligro en el continente, a causa del auge del populismo.

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