Robo a un cadáver

Robo a un cadáver

¿Dónde están las pertenencias que militares cubanos robaron al cadáver del piloto estadounidense Rudolf Anderson?

BANES, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -Antiguos pobladores de Veguita 3, donde cayó el avión de exploración U-2, derribado por los rusos, causando la única muerte de la Crisis de los Misiles, la del piloto Rudolf Anderson, concuerdan en un suceso misterioso.

Según los vecinos, antes de ellos llegar a los restos del avión, lo hicieron dos militares cubanos, que al verlos acercarse, precipitadamente, abordaron el camión donde se transportaban y se marcharon del lugar.

Concluida la Crisis de los Misiles, en la ceremonia oficial de entrega del sarcófago, con el cadáver y las pertenencias del Mayor Anderson, realizada a las tres de la tarde del 4 de noviembre de 1962, en el aeropuerto de Rancho Boyeros, en La Habana, el doctor Emil Stadelhofer, embajador de Suiza en Cuba, y el doctor Antonio Carrillo, director de Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, firmaron un documento que textualmente dice en una de sus partes:

“Confirma por la presente haber entregado y acopiado, respectivamente, el sarcófago que contiene los restos mortales y así mismo las pertenencias personales según relación adjunta”.

Pero resulta que el diplomático cubano no entregaba todas las pertenencias del piloto norteamericano caído en Cuba.

Visiblemente, el cadáver del Mayor Anderson había sido despojado de dos de sus objetos personales, y así lo entendieron los militares y el personal médico que acondicionaron sus restos. Luego se conocería la sustracción de un tercer objeto.

Según los reglamentos militares, y hasra las leyes no escritas de la humanidad, sea en tiempo de paz o de guerra, en presencia de acontecimientos extraordinarios, se preservará el lugar del suceso hasta la llegada de la autoridad competente.

Para los militares, solo es lícito tomar como trofeo armas y otros objetos en acciones en las que participan directamente, y con la aprobación expresa de sus superiores, constituyendo actos de pillaje cualquier otra apropiación.

Cuarenta años después de cometerse un delito de robo sobre el cadáver del Mayor Anderson, en su edición del sábado 30 de noviembre de 2002, el semanario Ahora, órgano oficial del Partido Comunista en Holguín, publicó una entrevista que en lugar de Secreto Develado, debió titularse Confesión de pillaje.

No me mintieron los antiguos vecinos de Veguita 3. Entrevistado por la periodista María Julia Guerra Ávila, Miguel Ángel Rivero Benítez, apodado Manolito El Gordo, confesó que cumplía misiones de abastecimiento a las tropas cubanas, junto a su chofer, Orlando, cuando vieron caer los restos del avión con el cadáver del piloto: “Entonces yo tomé por un hueco la pistola y el bolígrafo, y el compañero Orlando tomó el reloj, un Rolex grande”.

Según Manolito El Gordo, la pistola era de un acero especial, muy liviana, calibre 45, con número de serie 280828-C.

“Durante años, conservé la pistola, sin decirle a nadie a quién pertenecía. Luego, cuando se dio la orden de que no se podía tener armas de fuego sin licencia, fui al Ministerio del Interior para obtener licencia, y la deposité allí. Después, me arrepentí y no fui a buscar el arma ni la licencia. El bolígrafo del piloto norteamericano Anderson sí lo conservo como trofeo de la Crisis de Octubre”, dijo el entrevistado a la periodista María Julia.

Del destino final de la pistola y del Rolex sustraído de la muñeca del cadáver del Mayor Anderson, nada se dijo.

Cabe preguntarse: ¿En manos de quién están esos objetos que, hace 50 años, un diplomático cubano debió entregar al embajador de Suiza en Cuba? ¿Acaso permanecen en un museo? ¿En cuál, desde cuándo?

Si no fuera así, sería honesto entregar esas pertenencias a los familiares de la única persona que perdió la vida en un conflicto donde todos los cubanos estuvimos a punto de morir por el fuego termonuclear.

Ese sería el único modo de resarcir el robo a un cadáver.

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