¿Quién protege a nuestras mujeres contra la violencia de Estado?

Patético y cobarde se ve un grandulón, con bíceps que no caben en las mangas, mientras grita “mercenaria”

LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -¿Qué pasa con una mujer cubana cuando quien la agrede o humilla no es un marido celoso, o un hijo mal nacido, sino una turba de personas instigadas y organizadas por las mismas autoridades que deberían proteger a la ciudadanía?

Hace más de veinte años, María Elena Cruz Varela, poeta y narradora cubana ganadora del Premio Julián del Casal por su poemario Hija de Eva (1989),  además de otros galardones internacionales por su narrativa, fue golpeada por una turba y obligada a tragarse copias de la “Carta de los Diez” intelectuales que pedían reformas a las autoridades gubernamentales de la isla.

¿Su delito? Liderar el movimiento disidente Criterio Alternativo, labor que le costó ser condenada a 2 años de prisión el 27 de noviembre de 1991. También poetisas Ana María Simo y Lina de Feria fueron encarceladas por un supuesto comportamiento “disoluto” y otros actos ajenos a la moralina revolucionaria.

Es decir, que la violencia contra las mujeres cubanas no se circunscribe sólo al bofetón o los gritos de un marido. En la Cuba de hoy, a los conocidos abusos intrafamiliares, también hay que sumar los abusos político-sociales del Estado, el mayor abusador de nuestra nación.

Cuán patético y cobarde se ve un grandulón, con bíceps que no caben en las mangas del pullover, en medio de una turba , ondeando la bandera cubana mientras grita “mercenaria” a una mujer vestida de blanco que piensa diferente a él. Esa escena forma parte de nuestro paisaje cotidiano.

Es alarmante ver que madres de familia la emprendan a gritos y golpes contra otras mujeres que se atreven a  reclamar pacíficamente su derecho a vender, vestir, hablar lo que le dé la gana, su derecho a tener derechos. Y más alarmante aun cuando sabemos que muchas de las que participan en el linchamiento verbal probablemente mañana abandonen el país que fingen defender.

Por eso es que me indigna el jolgorio mediático que forman las autoridades y las instituciones “no gubernamentales” del país, en torno al día de la no violencia contra la mujer (25 de noviembre), y las consecuentes jornadas que concluirán el próximo día 10. Tanto cacareo y teorizaciones para contemplar con complicidad todo tipo de injurias y humillaciones contra nuestras mujeres.

Según los organizadores de la jornada, “La esencia está en escuchar”. Así se titula un artículo sobre el tema, publicado en el periódico Granma, donde se dice que Cuba cuenta con 173 Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, en las cuales, supuestamente, un equipo interdisciplinario eleva su autoestima, y se debate sobre la violencia de género y los derechos humanos en general.

También en esas casas se imparten cursos de secretaria, artesanía, corte y costura, entre otros oficios, y sobre todo, se provee a los ciudadanos y ciudadanas de herramientas para el crecimiento humano y social. Entonces me pregunto: ¿Qué tipo de herramientas? ¿Pueden asistir todas las mujeres sin excepción? ¿Incluso las que no “revolucionarias”? Pienso que todavía no.

A juzgar por lo que se ve en las calles, las “herramientas” que la revolución les da a nuestras mujeres abusadas son pitos y matracas para defender  el socialismo, lenguaje soez, e inmunidad para enfrentar a sus congéneres que intentan desestabilizar el país con un poemario, un acto lésbico, o paseando por la ciudad con un gladiolo en la mano.

Habrá ayuda para las mujeres abusadas por su propia familia, pero no para las muchísimas abusadas por el mismo Estado que debería protegerlas.

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Acerca del Autor

Víctor Manuel Domínguez

Víctor Manuel Domínguez

Periodista independiente. Reside en Centro Habana. [email protected]

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