Por si volviera a visitarnos Angela Davis

Por si volviera a visitarnos Angela Davis

Angela Davis debe visitar los solares habaneros, repletos de familias negras más pobres que en Haití

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Cuando  pocos se acuerdan de Ángela Davis resurge, no como la mulata norteamericana rebelde y bonita, sino como una anciana que ha dejado de ser fotogénica y que siente nostalgia por un pasado que ya sólo cuenta en las viejas canciones de Los Beatles y de los Rolling Stones.

Durante diez años, sobre todo a partir de 1965, Ángela, convertida en obsesión del aparato propagandístico castrista, representó para los cubanos revolucionarios un verdadero enigma social. Nos preguntábamos cómo era posible que en Estados Unidos pudiera haber personas que tuviesen como ideología el comunismo, cuando en Cuba ya medio país quería escapar de él, y los ciudadanos estaban obligados a abandonar su hogar, su familia y su patria, sólo porque no apoyaban la política presuntamente comunista de Fidel Castro.

Ingenuos que fuimos muchos, también nos preguntábamos por qué una joven privilegiada de la sociedad norteamericana, con becas universitarias en Nueva York, en la Sorbona de París y en Frankfurt, se consideraba a sí misma una enemiga del sistema.

Para sorpresa nuestra, siendo Angela profesora de la Universidad de California, en 1979, pudo viajar a la Unión Soviética y recibir el Premio Lenin de la Paz, sin ningún poblema. Con cuanta libertad vivía aquella joven comunista estadounidense, mientras que bajo la dictadura del proletariado (que es como llamó Fidel Castro a su propia dictadura), los cubanos no gozábamos de la menor libertad.

Me gustaría preguntarle hoy a Angela Davis qué piensa de la oposición cubana, con su lucha no violenta, surgida hace veinticinco años; y qué piensa de las decenas de líderes y periodistas independientes que han sido condenados a largos años de cárcel, sólo por llevar a cabo la idea de Herbert Marcuse, quien le dijo a la propia Angela que es un deber del individuo rebelarse en contra del sistema que le oprime.

Me acordé de ella en 1988, cuando me vi, como rebelde en contra del sistema, entre las rejas de una prisión. Y también en 1990, cuando me hablaron de una condena a muerte, torturada mentalmente durante meses, sólo por continuar en un partido pacífico que exigía el cumplimiento de los Derechos Humanos.

¿Será que Angela Davis ya no tiene compromiso político con los débiles, con los de abajo, con los pobres de este mundo, blancos y negros, que se rebelan contra un sistema opresor como el cubano?

Si su discurso aún quiere basarse en la desproporción que existe en su país, entre la cantidad de estudiantes universitarios blancos y negros, o en el millón de norteamericanos negros que están presos, tendrá que estar de acuerdo con la oposición cubana, que lucha precisamente porque todos, negros y blancos, vivan en iguales condiciones, porque el 80% de nuestra población penal no esté compuesta por negros y mestizos, porque las cárceles no representen para los jóvenes negros una solución a la falta de posibilidades, en una sociedad dirigida, desde hace más de medio siglo, por los mismos recalcitrantes octogenarios blancos.

Resultaría bueno que si Angela nos visita algún día, no se quede en la suite de su elegante hotel, donde la alojarán esos retrógrados dirigentes. Que camine libremente por La Habana, converse con los jóvenes negros de la calle, deje que le cuenten de nuestras leyes contra las libertades ciudadanas. Resultará esclarecedor para ella entrar a los tenebrosos solares habaneros, repletos de familias negras más pobres que las de Haití. Luego, de regreso a su país, si quiere, podrá decir lo que piensa.

[fbcomments]