¡Peligro, derrumbe!

Puerto Padre se hunde. Sus hijos envían divisas que toman otros caminos diferentes al de la preservación

PUERTO PADRE, Cuba, noviembre, www.cubanet.org – El último derrumbe ocurrido en esta ciudad, el de la carpintería El Nivel, y el próximo que presumiblemente ocurrirá, el del hotel Plaza, hace preguntarse a los puertopadrenses: ¿Hasta cuándo se destruirá este pueblo sin que el gobierno haga algo por impedirlo?

De los cinco hoteles que había, solamente dos dan servicios, Villa Azul y Campana. Comodoro y Plaza permanecen cerrados, cayéndose a pedazos, y del Colón, sólo quedan los cimientos.

El Sierra, uno de los mejores restaurantes que había, permanece desguazado, como lo dejó el huracán Ike en la madrugada del 8 de septiembre de 2008. Y, El Vaquerito, cafetería que a precios módicos ofertaba diversos platos a gente de bajos ingresos, también debió cerrar sus puertas dado su calamitoso estado.

En el mismo centro de la ciudad, la zapatería ya se vino abajo, y la reparación capital del Hospital Docente Guillermo Domínguez, hoy en pésimo estado higiénico sanitario, no consigue materializarse.

“Al día de hoy no podemos decir que contamos con recursos para acometer esas obras”, dijo el presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular , Miguel Jorge, entrevistado por la televisión local la pasada semana.

La aseveración del señor Jorge resulta un sofisma: Puerto Padre sí genera recursos financieros capaces de conseguir su restauración, sólo que no van a parar a las arcas del municipio, sino a las de otras encumbradas instancias del Poder.

Sirva nada más este ejemplo: en el mismo centro de la ciudad, donde se han producido los mencionados derrumbes, y donde se producirán otros, de no acometerse reparaciones urgentes, operan siete tiendas  recaudadoras de divisas (TRD). En una de ellas, por cierto de las más pequeñas, se producen ventas diarias superiores a los tres mil quinientos pesos convertibles.

Solamente esta pequeña TRD recauda anualmente más de un millón y cuarto de pesos convertibles, solamente con el empleo de tres dependientes. Y bien conocidas son las utilidades de una TRD: “Con lo que yo vendo en un día, a mi me pagan el salario de un año y sobra dinero”, me dijo un dependiente a condición de no revelar su nombre en la prensa

Miles de puertopadrenses residen en el extranjero, fundamentalmente en Estados Unidos, y salvo gente cicatera y olvidadiza de sus orígenes, todos ellos envían ayuda a sus familiares, en muchos casos, ancianos, que, sin las remesas de sus parientes, a cuenta de los víveres de la cartilla de racionamiento permanecerían subalimentados, cuando no, muertos.

Alimentos, ropas, calzados, efectos electrodomésticos y materiales de construcción, son vendidos a precios muy superiores a las cifras realistas de venta, produciendo ganancias que, de emplearse sólo una parte de ellas en el municipio, hoy Puerto Padre no presentaría, en demasiados lugares ya, esta imagen de ciudad bombardeada.

Además de contar con el central Antonio Guiteras, el mayor productor de azúcar de Cuba, Puerto Padre cuenta con otra “industria” privilegiada: la de las remesas.

Pero mientras sus hijos ausentes envían desde el extranjero cuantiosas sumas en divisas convertibles, de las que la mayor parte van a parar a las cajas registradoras de las TRD, la ciudad se derrumba, sin que las autoridades hagan nada por evitarlo.

Recuerda esto un crimen de lesa humanidad. El patrimonio histórico de los pueblos no sólo se destruye por acción, con bombas, sino también por omisión, por parte de quienes tienen la responsabilidad de preservarlo para las nuevas generaciones y, permanecen de brazos cruzados, mientras las ciudades se derrumban.

Avisos advirtiendo: ¡Peligro, derrumbe!, no son raros en esta ciudad. Ojala esos carteles pronto no tengan cabida en Puerto Padre, y el hotel Plaza no termine en escombros, como terminó nuestro emblemático hotel Colón.

Ojalá. Para eso trabajamos los hijos de este pueblo, los que permanecemos aquí, y los que se fueron, y nadie, por muchos poderes que por sus cañones y tanques de guerra posea, está legitimado para desviar el cauce de nuestros sudores para agregar entorchados a sus uniformes.

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