Para abajo los santos ayudan

Cuando concluyó la faena y contó el dinero recaudado durante la jornada, descubrió que no alcanzaba ni para comprar una bolsa de cemento

LA HABANA, Cuba, agosto (173.203.82.38) – Aunque la  vivienda de Margot la espiritista era muy vieja,  de madera y apuntalada con horcones, se creía que iba a durar un poco más. Margot se  propuso arreglarla en varias ocasiones, pero el precio de los materiales de construcción la espantaba.  Arreglar la casa exigía  una suma enorme. En sus rezos siempre pedía a sus santos que la ayudaran.

A su consulta asisten personas de bajos recursos, buscando remedios para empachos,  mal de ojo,  matrimonios en crisis o  ayuda para resolver visas y marcharse  del país. Margot cobra poco por sus servicios.  Casi siempre  es ella la que  pone la manteca de cacao, de corojo,  las velas, el perfume, las hierbas. Nunca ha dejado desamparados a quienes van a su casa a buscar consuelo.

Durante la pasada semana, Margot estuvo escuchando  ruidos extraños dentro y fuera la casa. Interpretó los hechos como señales del más allá. Se consultó a sí misma y  sus  santos le dijeron que debía  esforzarse más, porque Dios ayuda  al que se deja ayudar.

Extendió el horario de sus consultas. Subió la tarifa. Recetó remedios más caros para lograr un incentivo adicional.  Aquel  último día  fue el más concurrido. Atendió a niños con fiebre que habían comido alimentos en mal estado, a dos hermanos pendientes de juicio por problemas políticos, a una familia que se había ganado  la lotería de visas para irse a Estados Unidos y no contaban  ni   con el dinero del ómnibus para ir a la Oficina de Intereses a recoger los formularios. También consultó a algunos vecinos perturbados porque se quedaron sin trabajo.

Cuando concluyó la faena y  contó el dinero recaudado  durante la jornada, descubrió que  no  alcanzaba ni para comprar  una bolsa de cemento.

Se paró  frente a sus  santos y  los reprendió duramente por la poca  ayuda que le brindaban.   Les dijo que en lo adelante solo tendrían  velas, tabaco y comida cuando le dieran una prueba de que estaban con ella.

-¡Y procuren que sea rápido!

Les dio la espalda y salió al portal a coger aire. Fue entonces  cuando escuchó el  estruendo. Se volteó asustada para ver qué  sucedía y  descubrió que la casa se había derrumbado, y por poco la aplasta.

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