Otro muerto sin nombre

Un maestro, desde sus principios éticos, enfrenta al sistema de educación, y termina muriendo de infarto

CORRALILLO, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -Ha muerto el maestro emérito José Gómez Martínez, que dedicó toda su vida a la enseñanza y a inculcar los buenos ejemplos entre sus niños de la Escuela Primaria José Martí, en el municipio Corralillo, de la provincia Villa Clara, al centro de Cuba.

Pero su fallecimiento no se divulgó, ni se ha exteriorizado la más mínima valoración por parte del gobierno. Mucho silencio ante su velatorio y su entierro. Todo muy solapado, muy oscuro, en lo que respecta a las fuerzas políticas de la región.

Pero en nada sorprende que haya sido así, porque al gobierno no le convenía que este hombre fuera homenajeado con los honores y tributos que merece un educador de su estirpe.

No en balde fue el único que tuvo la valentía y el civismo de denunciar abiertamente, en un matutino de su escuela, que no todos los alumnos reciben igual trato de parte de los maestros. Porque, desgraciadamente, muchos educadores responden más por los regalos que les traen los familiares del alumnado, que por el valor ético de una labor de enseñanza consciente, educativa y moral.

Ante el asombro de todos, José Gómez dijo también en aquel matutino que si era necesario, haría público a cualquier nivel este problema. Aunque no fuera “socio” de ningún dirigente.

Entonces se convirtió en una espina en el zapato para el sistema de educación. Pero al mismo tiempo, mantenía a su escuela entre las primeras de la provincia, ganadora de muchos premios. Incluso, poseedora de la única banda de música infantil, organizada y dirigida precisamente por él, quien no sólo era un maestro respetado en toda la región, por su integridad profesional, sino el más querido por los niños.

Hoy todos estamos convencidos de que el ataque cardíaco que le provocó la muerte a José Gómez Martínez, no fue resultado de las múltiples tareas que desarrollaba, ni de sus muchas horas de trabajo extra para formar a sus alumnos con los conocimientos y los preceptos de su conocida vocación martiana.

Se lo provocaron los jerarcas de la Dirección Municipal del Ministerio de Educación, que, ciegos de envidia y de miedo, lo acosaron, lo despreciaron, lo subestimaron y terminaron declarándolo “no confiable”, después que este prestigioso maestro les dijera en sus caras que tenía quejas de los padres, quienes aseguraban que sus niños no estaban siendo bien tratados en la escuela, y que los alimentos suministrados por el sistema eran cada día más escasos y peores, razón por la cual algunos alumnos se habían desmayado en las aulas.

No pasaron más de dos días de esta reunión cuando ya era destituido como vicedirector de la escuela. También fue sancionado a no dirigir por dos años su banda de música infantil. La explicación oficial fue que el sistema de educación, a nivel municipal y provincial, adoptaba estas medidas disciplinarias porque José Gómez Martínez se había pronunciado y había actuado a partir de falsos testimonios.

Nunca, por mucho que lo reclamó insistentemente, Gómez recibió el documento que se le dijo que le entregarían como constancia legal de esta medida disciplinaria.

La bandera cubana que siempre mantuvo colgada dentro de su aula –bajo la petición de que lo envolvieran en ella a la hora de darle sepultura-, desapareció el día de su muerte. Todavía su familia y sus amistades no la han encontrado. No hubo guardia de honor en su velatorio, ni discursos en su sepelio. El colmo es que no se vio ni a uno solo de sus alumnos rindiendo tributo a tan querido maestro.

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