Ni so√Īar en los portales

Ni so√Īar en los portales

Una medida absurda amenaza el desempe√Īo de los vendedores por cuenta propia

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -La llave de agua de la cocina de Ramona gotea. Ha dicho que no quiere comprar otra plástica, porque además de que se rompen enseguida, cuando la abre esparce agua entodas direcciones, parece una regadera. Le costó 25 pesos en la ferretería de los pobres. Así llama ella a los comercios donde se vende plomería plástica, entre otras mercancías de mala calidad.

Desde hace d√≠as estaba reuniendo dinero para comprar una llave met√°lica a uno de los cuentapropistas de la Calzada de Dolores. Pero una ma√Īana, al llegar al lugar, se encontr√≥ con que los cuentapropistas hab√≠an desaparecido de los portales. Se pregunt√≥ que estar√≠a pasando, y para averiguarlo entr√≥ a uno de ellos y toc√≥ a la puerta.

Entonces supo por el due√Īo de la casa que el d√≠a anterior los inspectores hicieron un gran operativo que result√≥ en la prohibici√≥n de vender en los portales. Solo pod√≠an seguir vendiendo dentro de las casas. Seg√ļn el muchacho, los inspectores alegaron que esta actividad afeaba el ornato p√ļblico y entorpec√≠a el paso de los transe√ļntes por la calzada.

√Čl les mostr√≥ a los inspectores las Regulaciones sobre el Ejercicio del Trabajo por Cuenta Propia, cuyo Decreto 275, a√ļn en vigor, permite vender en los portales. Pero no escuchaban, ni razonaban. ‚ÄúEl Gobierno hace las leyes y despu√©s no las cumple‚ÄĚ, protest√≥ el joven.

Me cuenta un carpintero que vive en un primer piso, y que hasta hace pocos días vendía, en el portal de los bajos, esquineros, ceniceros y otros objetos hechos por él, que no sabe cómo se las arreglará para atraer a los clientes hasta la planta alta.

El Decreto Ley 275, en modificaci√≥n del art√≠culo 74, de las mencionadas Regulaciones, dice: ‚ÄúLos propietarios de viviendas podr√°n arrendar (‚Ķ) espacios que sean parte integrante de la vivienda (‚Ķ) para la realizaci√≥n de actividades por cuenta propia (‚Ķ)‚ÄĚ.

Dicho artículo le dio a los cuentapropistas la oportunidad de ejercer sus actividades en portales arrendados, y con este fin algunos invirtieron en el arreglo y embellecimiento de los mismos.

Muchos aprovecharon esta opción que garantiza cierto nivel de ventas, el cual inevitablemente disminuirá si tienen que permanecer en las salas. Por este motivo, algunos han entregado su licencia, y muchos otros planean hacerlo.

Y es que a pesar de que por el momento la ley los ampara, nadie ha querido dar la batalla y seguir vendiendo en los portales, pues todos saben ‚Äďy algunos comentan- que hoy te atacan por d√≥nde vendes, pero ma√Īana puede ser por de d√≥nde sacas la materia prima, puesto que quienes trabajan por cuenta propia no cuentan con un mercado mayorista para abastecerse. En definitiva, el verdadero objetivo es reprimir, controlar y frustrar la iniciativa privada.

Mientras, ‚ÄúEl Lince‚ÄĚ, un vendedor clandestino de la calle Dolores, prefiere seguir jugando al rat√≥n y el gato con la polic√≠a y los inspectores, porque ya por los a√Īos 90 sac√≥ licencia para trabajar el pl√°stico y casi va preso, seg√ļn las autoridades, por enriquecimiento il√≠cito.

Acerca del Autor

Gladys Linares

Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabaj√≥ como profesora de Geograf√≠a en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 a√Īos. Ingres√≥ en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del a√Īo 1990 a trav√©s de la organizaci√≥n Frente Femenino Humanitario. Particip√≥ activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus cr√≥nicas reflejan la vida cotidiana de la poblaci√≥n.

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